Cultivo
El cáñamo de Ibiza tiene tela
Proponen recuperar el cultivo del cannabis para producción textil, tal como se hizo en la isla hasta hace medio siglo
Habrá quien se pregunte qué habrán fumado en Podemos para decidir organizar el próximo viernes una charla sobre la legalización del cultivo del cáñamo (cannabis), que consideran 'Una oportunidad para Ibiza', según han subtitulado ese encuentro, en el que, entre otros, participa el profesor y economista Iván Ayala. La formación recuerda que fue un cultivo «antaño muy común» en la isla al estar «muy adaptado al terreno de secano» y necesitar «muy poca agua». «Ideal», afirman, especialmente para «devolver la rentabilidad al campo y, por ende, mantener el paisaje tradicional», así como «para crear puestos de trabajo estables y diversificar el modelo económico».
Toni Tur, Sendic, técnico de Cultura del Consistorio de Santa Eulària, recuerda que, en efecto, hasta hace medio siglo «se usaba para hilar, para hacer tela de saco y para el drap, para cabos... Es lo que, para calafatear los barcos, se denomina estopa». En su casa tiene «un montón de madejas y cabos de cáñamo», que ha usado para restaurar la 'Reina del mar', la histórica embarcación que intenta reflotar junto a Javier Gómez y Raül Luna. El cànem (como se le conoce en la isla) «se utilizaba sobre todo para suelas de espardenyes, pero también para tejer la trama de la tela de gonella de burell y para el tejido denominado drap, con el que se hacían las antiguas camisas de hombre, las camisas interiores de mujer, y también el caramàs, o delantal del matancer», explica Lina Sansano, directora del Museu Etnogràfic de Eivissa y del Arxiu d'Imatge i So insular.
En la Enciclopèdia d'Eivissa i Formentera se indica que el Cannabis sativa variedad sativa fue cultivado en la isla hasta los años 60: «Siempre en cantidades limitadas, en huertos familiares, para aprovechar la fuerza de la fibra de su tallo en la elaboración de suelas de espardenyes». Sustituía así a la fibra de esparto, lo que«proporcionaba una solución económica y al alcance de todos cuando este era escaso».
Pero su cultivo desapareció de Ibiza hace tiempo: «En los 60 aún se producía en la isla, más que para hilar, para hacer cuerdas, algo que, luego la gente dejó de hacer en su casa. Era más fácil y barato comprar rollos de hilo, o bien las telas ya hechas», explica Sendic. Los ibicencos sabían cómo tratarlo, e incluso poseían un artilugio exprofeso, el trencador de cànem, para extraer de él la fibra que necesitaban.
Daños colaterales
Pero había un proceso previo: «Para obtener la fibra -indica Toni Tur- metían el cáñamo en agua para que se descompusiera; luego picaban el tallo, porque el hilo se saca de ahí, no de las hojas». Se dejaba pudrir dentro de safareigs o en charcas, un método que ocasionaba daños colaterales: «Contaminaba bastante el agua. Si en ese safareig había peces, insectos o ranas, morían enseguida. Pero esa agua sí era buena para regar, pues contenía muchos nutrientes y fertilizantes».
El cáñamo «es parecido al lino», cuenta Tur: «Pero ésta es una planta de unos 60 centímetros, mientras que el cáñamo puede llegar a los tres metros de altura. Sus fibras son mucho más largas». Se parecen tanto que «muchas veces te dan lino por cáñamo cuando lo pides en madejas».
Como cultivo, ni en Agroeivissa ni en la Cooperativa de Sant Antoni parecen muy interesados. Demasiado exótico actualmente, o quizás tenga aún unas connotaciones que asustan a los payeses. «No es un cultivo que nos hayamos planteado», admite Alicia Morales, técnica de la Cooperativa de Santa Eulària. No lo han estudiado siquiera técnicamente porque «nadie ha mostrado el más mínimo interés». Coincide con ella Joan Marí Guasch, presidente de Agroeivissa: «Nunca se ha hablado de reintroducir su cultivo». Sí se lo mencionaron «de pasada» en una charla a la que asistió hace un año en la Península, pero sobre todo recuerda que en su casa se empleaba como materia prima: «De muy pequeño vi cómo mi familia obtenía hilo de cànem para hacer cuerdas y para diferentes usos. Para consumo propio había pequeñas plantaciones».
En la Asociación de Productores de Agricultura Ecológica Pitiusa se han interesado, pero poco: la mayoría de sus componentes prefieren producir «alimentos del día a día», indica Maribel Juan, su presidenta.
En realidad, sí hay interesados en fomentar este cultivo, pero se enfrentan al problema de que nadie quiere sembrar esa planta en Eivissa. Luca Criscuolo dirige Etikology, una pequeña empresa de moda ligada a Adlib que fundamenta su producción en el respeto al medio ambiente: «Hasta el año pasado estábamos interesados en encontrar una manera de cultivarlo en Ibiza». Ya han perdido ese interés.
Cree en el «potencial» del cultivo del cáñamo, pues «es más sostenible que el del lino, ya que necesita una tercera parte de agua». Otra cosa es que los demás crean como él. O se fíen. Hay muchos prejuicios: «Estábamos interesados, pero nos hemos encontrado con muchísimas trabas y con la falta de tierra para cultivarlo. Hemos buscado terrenos, pero no hubo manera de encontrar interesados en cultivarlos. En cuanto dices qué quieres sembrar, piensan que es marihuana y, enseguida, el agricultor se niega. No es un cultivo políticamente correcto», reconoce.
Ni dos hectáreas
Para que la producción de cáñamo destinada a la fabricación de fibras textiles sea rentable, sólo necesita «de dos hectáreas en adelante». Pero ni eso. Bastaba con casi el triple del espacio que ocupa el estadio de fútbol de Can Misses: «Pero los ofrecimientos nunca se acercaron a esa cantidad de tierra. Lo hemos intentado de todas la maneras».
«Lo bueno que tiene el cáñamo -especifica Criscuolo- es que es como el cerdo. No se tira nada. Hasta hemos presentado sus semillas (el cañamón) como producto estrella para venderlas a granel, bien para producir aceites de cosmética, para comerlas, para extraer de ellas harina, como biomasa o para la bioconstrucción... Pero no ha tenido repercusión».
A juicio de Criscuolo, el problema es que «el panorama está todavía demasiado verde. Lo hemos dejado de lado como proyecto». En octubre presentó en Córdoba, durante un encuentro agrícola, un proyecto llamado 'Esta Isla Tiene Tela', directamente relacionado con el cultivo del cáñamo. Su empresa tiene «necesidad de material que sea kilómetro cero». Producen moda con tintes hechos en Eivissa, a partir de plantas autóctonas. Pero les faltan los tejidos: «No podemos usar algodón de aquí, pues necesita mucha agua, como el lino. La pitra sí es autóctona, pero es muy basta y precisa mucha elaboración. Además, el resultado no es una fibra tan blandita y suave como la del cáñamo». Lo ha de buscar fuera.
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