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Reportaje

Sexo, drogas e infidelidades en la época ´beatnik´ pitiusa

Antes que los ´hippies´, en las Pitiusas desembarcaron los ´beatniks´. Fueron los primeros que experimentaron con las drogas, que viajaron a lomos del LSD. Un libro cuenta esta época

El bar Domino, situado en la Marina, con Clive Crocker en primer término

El bar Domino, situado en la Marina, con Clive Crocker en primer término / Archivo C.C.

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Ibiza

Fue tutor de presidentes de gobierno extranjeros, de aristócratas, de un primer ministro británico, incluso de los hijos de Paul McCartney y de Elizabeth Taylor; ha ejercido de periodista, poeta y escritor, y cada semana publica una columna semanal en el Irish Examiner sobre temas medioambientales. Pero no toda la vida de Damien Enright, que reside en la idílica y verde campiña de West Cork, al suroeste de Irlanda, es tan ejemplar ni tan aburridamente burguesa. Ni nadie la incluiría en su currículo laboral.

Este irlandés vivió al límite al comienzo de los años 60, cuando flirteó, como muchos otros beatniks, con las drogas y traspasó en muchas ocasiones las fronteras de la ley. Lo cuenta en ´Dope in the age of innocence´, un libro que se centra en su experiencia vital en Formentera y Eivissa entre los años 1960 y 1965 y que contiene una descripción descarnada de los residentes extranjeros y de cómo eran estas islas.

En el libro habla de su vida a principios de los años 60 en las Pitiusas. Pero se publicó en el año 2010. ¿Por qué esperó medio siglo para publicar esta historia?

Lo escribí -cuenta el escritor desde su residencia irlandesa- como un guión en 1968 y mi agente vendió una opción de un año a un joven director anglofrancés, pero no pudo conseguir el dinero para hacer un largometraje. Luego se interesó un productor de Hollywood, pero Richard Nixon [presidente de Estados Unidos] pronunció un discurso en el que advertía de que no se debían hacer películas sobre las drogas, porque excitaba las mentes de los jóvenes estadounidenses, muchos de los cuales ya estaban abandonando la universidad. En ese momento era imposible hacer mención en el cine a las experiencias con drogas. Contra los buenos consejos de mi agente, me negué a escribir la novela. Fui estúpido, porque habría sido publicada. Sin embargo, creo que ahora es un libro mejor de lo que hubiera sido a fines de los años 60.

Sexo, drogas e infidelidades en la época ´beatnik´ pitiusa

Sexo, drogas e infidelidades en la época ´beatnik´ pitiusa

El autor junto a sus gemelos otro de sus hijos y Nancy durante su estancia en Ibiza.

¿Echa de menos aquellos tiempos?

No. He disfrutado mucho de mi vida. He tenido siete hijos, he escrito muchos libros y artículos, he hecho series de televisión. Vivo junto al mar en el hermoso suroeste de Irlanda. Veo a mis hijos y nietos con mucha regularidad y estoy muy contento. Me siento bendecido.

Enright llegó a las Pitiusas en 1960, cuando tenía 20 años (nació en 1940). A los 18 había decidido abandonar los estudios de Medicina; a los 19 sufrió un aparatoso accidente en la India cuando hacía autostop; meses más tarde tenía a sus gemelos con su entonces pareja, Nancy. Una vida a velocidad de vértigo, casi siempre en la cuerda floja. En la Formentera de principios de los 60 «solo circulaban por la carretera principal un viejo autobús que hacía la ruta hasta el ferry [en la Savina] por la mañana y por la tarde, y el abollado Jeep de Longini, un exabogado de Louisiana que durante años había sido el único extranjero de la isla». Un tipo que tenía cierta fijación con los insectos voladores.

Le atraía aquella «remota isla», en la que era muy barato vivir, especialmente por el precio del alquiler de sus casas. Eso sí, ninguna tenía «retrete o baño». «Vivíamos en la absoluta simplicidad». Por ejemplo, sin cocina. Ni electricidad. De todos aquellos «buscadores de experiencias», de los que «no solía haber más de una docena en toda la isla», «ninguno tenía más de 30 años». «Éramos una banda de desertores de varias nacionalidades, unidos por nuestra afición a la marihuana y al LSD», cuenta en el libro. Él era el único irlandés.

¿Era fácil encontrar drogas en Ibiza y Formentera en aquellos tiempos?

No. A veces alguien traía kif de Marruecos. No podíamos obtener marihuana fácilmente, así que mi amigo y yo decidimos ir a Turquía para comprar hachís para nosotros y para nuestros amigos de Formentera. Sí era fácil obtener anfetamina (Centramina) y drogas psicoactivas (Romilar) en las farmacias de Ibiza.

¿Qué tenía de especial Formentera? ¿No era una isla excesivamente solitaria?

En Formentera no estaba solo porque allí tenía diez o doce amigos. Me encantaba porque se mantenía prístina, intacta por el consumismo, estábamos muy cerca de la naturaleza.

Viajó a las Pitiusas con la intención de escribir poesía: «Pero a la luz de aquella nueva realidad, parecía incorrecto detener la vida y reflexionar, dejar el aquí y el ahora y enredarse en palabras que, de todos modos, eran insatisfactorias para la comunicación». La nueva realidad a través del ácido lisérgico: «El LSD cambió mi opinión sobre muchas cosas». Le abrió «la mente».

¿Vivir aquí era productivo a la hora de escribir?

Escribí mucha poesía, vista ahora, no muy buena, creo. Otras personas publicaron libros exitosos. Pero creo que muchos de ellos habían bebido demasiado.

Sexo, drogas e infidelidades en la época ´beatnik´ pitiusa

Sexo, drogas e infidelidades en la época ´beatnik´ pitiusa

Tres de los libros publicados por Damien Enright.

¿Cómo financió su estancia?

La primera vez que estuve en Ibiza, los años 1961 y 1962, había recibido dinero para estudiar español, que había aportado mi familia. La segunda y tercera vez, en los años 1963-64 y 64-65, gané y ahorré dinero dando clases privadas en Londres.

Pero a pesar de lo barato que era residir en las Pitiusas, llegaba un momento en que aquel dinero se acababa. Muchos, cuenta Enright, se dedicaban a falsificar cheques para sobrevivir, otros traficaban con drogas. De vez en cuando regresaba al Reino Unido, al «mundo gris de Londres», para ejercer de maestro. Tras una temporada allí, volvía a las Pitiüses. También intentó introducir droga.

¿Llegó a ser arrestado?

No llegué a ser arrestado, nunca estuve en la cárcel. En la aduana de la Jonquera nos detuvieron a mi amigo y a mí en diciembre de 1965. Nos encontraron cinco kilos de hachís que traíamos desde Turquía en mi camioneta Volkswagen. Los dos intentamos escapar, pero mi amigo no tuvo éxito. Yo sí y llegué a Eivissa, donde me escondí durante dos meses. Luego llegué a Barcelona y, posteriormente, atravesé los Pirineos por la noche con una brújula, desde la Vajol [cerca de la Junquera] hasta Aimilee-les-Bains, en Francia. Entonces pagué la fianza para que mi amigo saliera de la cárcel de Girona, en agosto de 1966.

¿Ha vuelto a las Pitiusas?

Volví en 1999. No me atreví antes porque cuando consulté a un abogado, en 1968, me advirtió de que si volvía a España podría ser arrestado y acusado de la pena original [por tráfico de drogas] y de evadir aquel arresto.

Antes de viajar a Turquía para adquirir aquella partida de hachís con la que quería sufragar, mediante su venta en las islas, su estancia y la pensión que debía pagar a Nancy y a sus hijos, intentó ganarse la vida recogiendo caracoles. Pero había que hacerlo de noche: «Y no teníamos linternas». Llevaban cada cargamento de caracoles a la Savina en bicicleta. Se lo entregaban al capitán del ferry y este les pagaba al día siguiente las 50 pesetas que un restaurante de Ibiza abonaba por los bichos. «El problema es que la época de caracoles duraba sólo unos meses», relata.

En su libro da la impresión de que el bar Domino, a cuyo frente estaban el británico Clive Crocker, el canadiense Al Bleu y el alemán Dieter Loerzer, era el centro de la vida de los extranjeros en Ibiza.

Sí, el Domino era el centro de cierto tipo de vida en Ibiza.

Era «el único bar de Ibiza dirigido por extranjeros». Sólo para iniciados. Allí disponían de la «mejor colección de discos de jazz modernos de Europa gracias a Dieter Loerzer», excombatiente de la II Guerra Mundial (se libró por los pelos de quedar atrapado en el cerco soviético a Berlín y, posteriormente, de ser apresado por los americanos) y sobrino de Bruno Loerzer, la mano derecha de Hermann Goering en la Luftwaffe y as de la I Guerra Mundial, en la que derribó 44 aparatos. Tanto Dieter como Clive «tenían mucha paciencia» con sus clientes, muchos de los cuales acumulaban importantes deudas. Bebían, pero no todos pagaban: «Todo el mundo estaba siempre esperando cobrar un cheque o la llegada de talones [mandados por sus familias, por motivo de sus cumpleaños...] a la estafeta de correo: Clive y Dieter entendían esos retrasos y ni siquiera nos cobraban intereses». Clive aún conserva listas de deudas pendientes desde hace medio siglo.

¿Cuáles fueron los mejores y los peores momentos de esa época?

Los mejores momentos fueron los vividos con mis hijos en Talamanca, también pasando el rato con amigos escuchando jazz en el Domino, así como el primer viaje de LSD que hice, que convirtió mi mundo en un paraíso. Lo peor fue cuando mi esposa, madre de mis hijos gemelos, comenzó una aventura con mi mejor amigo y me rompió el corazón.

Porque «en Ibiza las mujeres eran libres», afirma en el libro. «Ninguna pareja duraba mucho». Intentó regresar con Nancy, pero cejó cuando, tras muchas cartas, ella le escribió una en la que no dejaba lugar a dudas de que no tenía nada que hacer al respecto: «Me dijo que nunca podría volver conmigo porque estaba enamorada de Ignacio y que él la satisfacía en la cama como yo nunca lo había conseguido».

¿Se arrepiente de algo de esa época?

De muy poco. Soy un hombre afortunado. Lamento la ruptura con mi segunda esposa [Hanna], por el dolor que le provocó y la pérdida que causó a mis hijos. Los he visto con regularidad, durante toda su vida, y nos amamos unos a otros, pero fue triste que su madre y yo no pudiéramos vivir juntos en paz.

¿Qué personas, entre las que conoció aquellos días en Ibiza, le causaron más impresión?

Creo que estaba demasiado impresionado por los escritores y residentes más antiguos y por los californianos geniales que parecían tan modernos. Yo era entonces el miembro más joven, junto a Chris Smith, que todavía reside en Eivissa, en Sant Miquel.

¿Qué hizo después de no poder regresar a las Pitiusas?

Encontré trabajo como docente privado en Londres y, con el paso de los años, me convertí en tutor ´superior´ en Londres. Enseñé a niños de la aristocracia británica, a un primer ministro británico, a presidentes y a la realeza extranjeros, a diplomáticos, a estrellas de cine, a los niños de Paul McCartney y de Elizabeth Taylor...Esos «bohemios desaseados»

Esos «bohemios desaseados»Aquellos jóvenes beatniks llevaban un modo de vida que chocaba con el de los isleños: «Mientras las mujeres de Formentera, incluidas chicas de más de 16 años, llevaban vestidos hasta el suelo y nunca iban a bañarse a la playa o se las veía en traje de baño, las extranjeras vestían faldas minúsculas y a veces se bañaban desnudas en las playas. Tenían que ser cautelosas en este sentido, porque aunque en Formentera no había guardias civiles, si algún local se sentía escandalizado las denunciaba a las autoridades de Ibiza y podían ser deportadas».

De hecho, el alcalde de Formentera, Toni Serra, dictó a mediados de julio de 1965 una serie de ordenanzas para acabar con la actitud de aquellos que «por su aspecto voluntaria y decididamente descuidado» se apartaban de «las elementales normas de convivencia», y les daba un plazo de 24 horas para que adecuasen a la ortodoxia pitiusa. Dos años antes, en 1963, Cosme Vidal, en su sección ´Ibiza tiene eco´ de Es Diari, cargaba contra aquellos «bohemios desaseados, [...] grey estrafalaria de tipos sucios, melenudos, sin calzado y, la mayoría de las veces, sin vergüenza alguna». Otro redactor trinaba en septiembre de ese año contra la «grey desgalichada y amoral, puro desecho moral social, pura escoria de inadaptados, que la más indispensable higiene de la isla no tiene por qué tolerar». Estaba muy afectado por lo sucedido dos días antes entre «una greñuda muchacha, dos alemanes y dos ingleses» en el puerto, donde «a pleno sol [...], remedaron, emparejada la impudicia de la hembra alemana con la desvergüenza de uno de sus compañeros, la callejera y fecunda animalidad del perro». Fueron detenidos por escándalo público.

Y estaban a punto de llegar los hippies.

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