La otra Ibiza
Arte ibicenco con las piedras que nadie quería
Cerca de Santa Eulària, Adolf Aymat atesora varias piedras, que ha ido recopilando por toda la isla y que convertirá en esculturas

Un cobertizo atesora varias piedras de perforada en espera de una segunda vida / S. Asenjo
Susana Asenjo | Ibiza
Una mañana soleada, Adolf Aymat salió, como muchos otros días, a dar un paseo en bicicleta por los alrededores de Sant Mateu. De eso hace ya unos cuantos años, tantos que no se acuerda exactamente, «más o menos por la época de los noventa», dice intentando rebuscar en su memoria. «De repente vi unas piedras, amontonadas en una finca. Me acerqué. Y me puse a buscar al dueño del terreno, que por suerte estaba trabajando allí mismo». Sin saber todavía qué era aquello, Aymat había encontrado la materia prima para las más de cuarenta esculturas que lleva hechas desde entonces.
«Sí que había visto estas piedras señalando algunos caminos, e incluso, como elementos de construcción en casas antiguas, pero no fue hasta aquel día cuando pensó que podían convertirse en algo muy distinto a lo que había sido su función», relata con cierta nostalgia.
Se trataba de piedras de perforada. Resulta que en aquella finca habían hecho varios pozos para extraer agua, y estas piedras son el desecho que las perforaciones extraen al chocar con las rocas profundas», explica. Entre aquellos montones había cilindros casi perfectos, trozos descascarillados, piezas rotas de distintos tamaños y formas que apenas recordaban su origen. Pero lo que Adolf vio fue el reto de convertir esas rocas que nadie quería en obras de arte.
Como estas piedras vivas son muy duras, al principio «empecé a trabajar con las más pequeñas, lo que hacía era adaptarme a la forma, según lo que veía, diseñaba una pieza». De ahí nacieron una lámpara, gracias las oquedades de un estrecho cilindro, un rostro de un hombre con los ojos huecos, o una peana para otra escultura. Y luego se fue animando…
Cincel y martillo
Cincel y martilloA base de mucha paciencia, millones de golpes, un cincel, un martillo y unas puntas de diamante para rebajar el relieve y dar el último remate han nacido de sus manos algún que otro rey godo, una recreación de Nefertiti, varias cabezas de personajes que recuerdan a siglos pasados, una serpiente enroscada, un fondo marino en relieve, hojas de árboles… Al final, apunta Aymat mientras repasa un álbum de fotos llenos de las obras vendidas: «La piedra es la que me guía y me dice qué tengo que hacer».

Arte ibicenco con las piedras que nadie quería
En su estudio todavía tiene alguna escultura, como esta de un personaje de la antiguedad. Foto: S. Asenjo
Sus esculturas de perforada, esas piedras que nadie quería, están hoy en las oficinas de Carburos Metálicos en Barcelona, en algún ayuntamiento, en colecciones particulares de muchos sitios y hasta en un paraiso fiscal. «Me compró la obra un señor y no dudo en llevarse en brazos los 35 kilos que pesaba la escultura, hasta su casa en Jersey. No quería embarcarla por miedo a que se rompiera», narra.
Las obras han formado parte de varias exposiciones donde han llamado la atención, tanto que casi siempre eran las primeras en llevarse el punto rojo.
En su estudio, cerca de Santa Eulària, Adolf Aymat atesora bajo un cobertizo varias piedras, que ha ido recopilando a lo largo de la isla. Gente le conoce le ha ido regalando esas piezas que expulsaba la tierra antes de encontrar agua. Quizá para que así tuvieran una digna segunda vida.
«Ya no tengo tanta fuerza para trabajar con estas piedras tan duras», concluye mientras mira el nuevo mural en el que está trabajando.
Así que, de momento, el futuro de estos productos de las perforaciones es el descanso eterno.
Antes de escultor fue empresario
Antes de escultor fue empresarioAdolf Aymat es un escultor que lleva en Ibiza desde 1976, antes su trayectoria nada tenía que ver con el arte. Estudió peritaje mercantil, y se hizo cargo, junto a sus hermanos, de la fábrica de tapices y alfombras que les habían dejado sus padres, fallecidos muy jóvenes. Tejían alfombras para sitios como el Liceu de Barcelona o el Parlament de Catalunya, donde todavía se pueden pisar.
Con la llegada de las alfombras importadas se vio obligado a vender la fábrica. Con el tiempo, fundó otra fábrica, en este caso, de pijamas y ropa interior. Fue todo un éxito porque hizo una alianza con los propietarios de los dibujos animados de moda, ‘La familia telerín’ y vendieron muchísimos pijamas con sus dibujos.
Años después cerró la fábrica, vino a Eivissa de vacaciones, y desde entonces aquí vive. Al principio trabajaba pintando las figuras payesas que hacía Luis Amor, hasta que tras varios cursos de formación se fue adentrando en el mundo de la escultura. Pasión que combina con el grabado y la pintura.
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