Aunque de forma involuntaria, Gloria Gomila, de 65 años, se convirtió ayer en protagonista del día grande de Puig d’en Valls, un núcleo urbano que no para de crecer y que sus vecinos están empeñados en convertir en «un pueblo de verdad», de esos en los que la gente se conoce, se saluda y comparte los momentos de ocio.

El tiempo, traicionero, jugó una mala pasada a la celebración y fue necesario suspender algunas de las actividades anunciadas como el pasacalles o el desfile de carros, que la lluvia se encargó de descartar. Sin embargo, ni el obispo, Vicente Juan Segura, ni los fieles ni los integrantes de las agrupaciones tradicionales faltaron a la homilía. La parroquia de Nuestra Señora Madre de la Iglesia estaba a rebosar cuando el obispo animó a una de las integrantes del coro, Gloria, a acercarse hasta el altar. Quería tenerla al lado para bendecir una imagen de la Virgen que esta aficionada al arte ha pintado y donado a la parroquia. Sus compañeros y vecinos acompañaron con un sonoro aplauso el recorrido de Gloria por el pasillo central del templo. «Yo solo quería que bendijeran la imagen para que cuando la cuelguen, en un lugar discreto, la gente pueda rezar ante ella», explicaba poco después entre avergonzada y emocionada.

Un coro de 40 personas

Se confiesa devota de la Virgen y amante de la pintura desde que era una niña. «Ahora que estoy jubilada he ido a una academia a practicar, porque para pintar hay muchas técnicas», indica con humildad e insistiendo en que no es «una gran pintora» y siempre pensó que no aceptarían colgar su cuadro en la iglesia, porque su Santa María desborda alegría y colores vivos.

Gloria, que también ha dado clases de dibujo para la Asociación de Fibromialgia, impartirá este verano un cursillo para niños y adultos en el centro cultural de Puig d’en Valls. Además, le queda tiempo para cantar, actividad en la que se inició hace tres años al ser aceptada en el coro de su pueblo. Lo de los coros, al parecer, es una auténtica fiebre, al menos en Santa Eulària, y apenas queda una parroquia que no cuente con uno. El de Puig d’en Valls está dirigido por la soprano Lina Veny, que lo puso en marcha hace apenas cuatro años con una veintena de voces inexpertas. Hoy se ha convertido en uno de los coros más numerosos de la isla y ayer cantaron la misa solemne casi 40 personas. Veny ensalza el mérito de sus pupilos, que aprenden las canciones sin tener siquiera nociones de solfeo y acuden a los ensayos después de trabajar, casi en horario nocturno. La de ayer no fue la única intervención en el programa de fiestas de este coro, que ofrecerá un concierto con «canciones de la tierra» el próximo sábado, a las 19 horas, en el centro cultural.

Tras la misa, en la que colaboraron también los Xacoters de sa Torre, se mantuvo la procesión. Sant Pere y Santa Maria se mojaron, como todos los que los acompañaban, que se vieron obligados a desplegar sus paraguas durante el recorrido.

Los obreros de la parroquia invitaron a orelletes y vino a los presentes, como es costumbre, pero tuvieron que hacerlo dentro del templo, donde se retiraron las primeras filas de bancos para que la Colla de Puig d’en Valls, aunque de paisano, pudiera bailar a resguardo, ante el altar. Tras ellos, apoyado en el atril, el cuadro de Gloria esperaba a encontrar su «discreto lugar».

Por otra parte, las actividades programadas ayer en Sant Josep para festejar Sant Isidre fueron suspendidas por culpa de la lluvia.