Geología
200 millones de años nos contemplan
Tres geólogos y un biólogo explican el origen del Pla de ses Salines y sa Caleta en el Geolodía

Sunna Farriol muestra los restos del torrente que en el Cuaternario originó la forma actual de la playa de sa Caleta. / J.M.L.R.
José Miguel L. Romero | sa caleta (Sant Josep)
A medio camino de sa Punta des Jondal, Xavier Guasch señala hacia el sudeste, hacia el afilado extremo del Cap des Falcó. Apunta a la parte superior de ese colosal acantilado, donde a 136 metros de altura se encuentran las rocas (dolomías) más antiguas de la zona. Desde allí, 200 millones de años, los transcurridos desde un periodo denominado Lías (del Jurásico inferior), contemplan al centenar de participantes en el Geolodía, una jornada divulgativa organizada por la Sociedad Geológica de España en todo el país que ayer tuvo sa Caleta como escenario pitiuso. Guasch, profesor de Ciencias Naturales en el instituto Isidor Macabich, fue el encargado de explicar los cataclismos que dieron origen a la isla, pero no estuvo solo, ya que otros tres geólogos detallaron las huellas que ha dejado el paso de millones de años.
Lo que mosquea a Guasch de ese periodo del Jurásico inferior es que los procesos geológicos (dolomitización) producidos entonces se cargaran prácticamente todos los vestigios de fósiles. Prefiere la capa que hay un poco más abajo, a unos 20 metros de la punta superior de es Cap des Falcó, a unos 40 millones de años de distancia, allá por el Jurásico superior (en el denominado Oxfordiense): «Allí hay fósiles en cantidades», comenta, y resopla mientras describe los ammonites de «palmo y medio» y los belemnites como balas. De nuevo, rictus (fingido) de desagrado al describir la capa que hay por debajo, del Kimmeridgiense (hace unos 155 millones de años), ya que apenas contiene restos fósiles. La razón, «que la elevada salinidad y la turbidez del agua impedían el desarrollo de la fauna».
¿Y cómo puede ser que la parte más antigua (Lías) esté en lo más alto de es Cap del Falcó, mientras la más moderna (Kimmeridgiense) esté en la inferior? ¿No debería ser al revés? «Es que allí hubo un pliegue sinclinal tumbado, un plegamiento del terreno bestial que colocó la parte inferior arriba», detalló de manera didáctica este docente.
En dos millones de años
¿Y qué ha pasado geológicamente en los dos últimos millones de años en Ibiza? Es la pregunta que respondió Luis Alberto Tostón, geólogo y profesor de Ciencias Naturales en el Instituto Sa Blanca Dona: durante los cuatro periodos glaciales del Cuaternario, las fuertes lluvias erosionaron las montañas cercanas hasta el Pla de ses Salines, que se rellenó con las arcillas desplazadas. La impermeabilidad de este material permitió posteriormente su utilización para la producción de sal. Testigos de esos dos últimos millones de años son los còdols que forman la barrera de es Codolar: su origen está en las piedras caídas en los acantilados de es Cap des Falcó. Las corrientes los fueron arrastrando poco a poco por la línea del litoral, de manera que los cantos más gruesos están al comienzo y pierden tamaño conforme se acercan a la pista de aterrizaje del aeropuerto. Otro vestigio del paso inexorable del tiempo es el sistema dunar (fósil) que quedó atrapado en el interior por esa barrera de còdols conforme esta se fue desplazando.
Rojo continental
La geóloga Sunna Farriol desveló el secreto de sa Caleta, de esas paredes rojizas y repletas de cantos que rodean como una muralla su playa. Lo que a simple vista podría parecer una acumulación artificial de tierra y pedruscos es la huella dejada en el Cuaternario, a lo largo de miles de años, por los torrentes. Como el resto de sus compañeros del Geolodía, Farriol fue didáctica para explicar el complicado proceso geológico que dio lugar a ese singular paraje. Su color rojizo, afirmó, se debe a que el material que lo compone es continental: «Si fuera marino sería gris», indicó. Los clastos (rocas que aparecen en los sedimentos) que sobresalen del conglomerado son redondeados, de diferentes tamaños y parecen seguir una dirección, luego, según Farriol, fueron arrastrados por un torrente que partía del aparcamiento de sa Caleta en dirección al mar. A lo largo de la pared que rodea la playa de lado a lado se pueden apreciar los canales y depósitos empujados intermitentemente por las corrientes, incluso una franja de costra carbonatada, la señal de que ese torrente se mantuvo seco durante un largo espacio de tiempo, posiblemente en un periodo interglacial: «Marca una pausa en el tiempo», según comentó la geóloga. Luego volvió a llover y el torrente depositó encima nuevos clastos y margas.
El geólogo Enrique Torres explicó asimismo cómo se forman en los estanques salineros las evaporitas (rocas sedimentarias). Por ejemplo, los yesos y halitas traslúcidos, aunque no lo son tanto como el espato de Islandia, «cuya birrefringencia utilizaban los vikingos para ubicarse» en los cubiertos y gélidos mares del norte.
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