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Guy Selz y el arte popular

La colección de objetos populares de Guy Selz podrá verse a partir del 26 de enero en Barcelona, en el espacio cultural Arts Santa Mònica

Guy Selz y el arte popular

Guy Selz y el arte popular

Vicente Valero

Se dice que conocía París –y todo lo que allí ocurría– mejor que nadie, y que la vida cultural de la ciudad apenas contenía secretos para él. Hizo amistad con muchos de sus protagonistas, desde André Breton a Jacques Prévert, desde Jean-Paul Sartre a Juliette Greco, desde Max Ernst a Youki (Kiki de Montparnasse). Pintores, escritores, cantantes, actores de teatro y cine...

Como secretario general, entre 1946 y 1968, de la revista Elle, cuyas páginas de cultura él mismo coordinaba, logró extender con sensibilidad y acierto sus relaciones e intereses personales, acercándose a la mayoría de artistas e intelectuales de uno de los periodos sin duda más fértiles de la cultura francesa.

Hablamos de Guy Selz, nacido en París en 1901, en el seno de una familia un tanto especial y bohemia. Su madre decidió educarlo en casa, en vez de enviarlo al colegio, así que conoció durante su infancia a muy diversos preceptores. Y ya en su juventud recibiría estímulos intelectuales muy diversos del propio ambiente cultural de la capital francesa. Así, durante los años veinte, frecuenta, por ejemplo, el artístico barrio de Montparnasse, entablando amistad, que sería duradera, con el pintor japonés Foujita. Sin embargo, Guy ni escribe ni pinta, aunque muy pronto, en 1925, iniciaría una de sus vocaciones máximas: la de coleccionista.

La vocación coleccionista de Guy Selz contiene también rasgos muy particulares. Se concentra únicamente en el objeto popular. Es esta una actitud que no está alejada del ambiente artístico de vanguardia, ambiente en el que se movía por aquellos años como pez en el agua. La familiaridad de los artistas vanguardistas con el arte popular se deja ver sin apenas dificultad en sus pinturas o esculturas. Es también, por consiguiente, la época en que se valora el arte africano y la escultura primitiva en general.

Inmerso en esta atmósfera, Guy Selz comienza a viajar, primero por Europa, más tarde por América, primero solo y después con su mujer, Françoise, y empieza también a comprar objetos artesanales y juguetes de madera, barro, vidrio, papel o metal. Es así como su colección de más de 30.000 piezas, que guardaba en su propia vivienda, hasta el punto de abarrotarla, inicia su recorrido.

La colección Guy Selz de objetos populares abarca una variedad casi increíble de formas y materiales, procedentes de muy diversos ámbitos de las culturas y religiones locales. Son objetos anónimos y económicos, destinados al juego o al fetichismo, a la superstición o a la decoración kitsch. Desde muñecas a ex-votos, desde máscaras a figuras de plomo, desde relicarios a cromolitografía infantil... La colección abarca todos los temas y todas técnicas posibles.

Ahora, los herederos de esta colección, Dorothée y Philippe Selz, han decidido donar al Museu del Joguet de Catalunya una importante selección de la colección de su padre. Al mismo tiempo, l'Arxiu de l'Arts Santa Mònica, de Barcelona, ha organizado con las piezas de esta donación una muestra que se inaugurará el próximo 26 de enero.

Guy Selz en Eivissa

Entre los objetos populares de su colección, así como también de la exposición que se podrá ver en Barcelona, se encuentran algunas piezas adquiridas en Eivissa durante los años 30.

Guy Selz llegó a la isla en 1932 y muy pronto iba a convertirse en uno de los extranjeros más conocidos durante los siguientes cuatro años. Esto se explica sobre todo porque en la primavera de 1933 abrió un bar en el puerto, el Migjorn, que no tardaría en revelarse como un interesante lugar de encuentro tanto para los extranjeros como para muchos jóvenes ibicencos.

La apertura del bar, que se autopublicitaba como «salón de té y café americano», fue recibida calurosamente por la sociedad local. Así, Diario de Ibiza describía el lugar del siguiente modo: «el establecimiento está montado a todo lujo, existiendo una sala destinada a salón y en otra hay el bar, no habiéndose omitido ningún detalle, respondiendo a las exigencias de la vida moderna».

A su inauguración, el día 6 de junio, asistió el alcalde de Eivissa, que pronunció un discurso. (El día anterior había tenido que pronunciar otro durante la inauguración del Grand Hotel). Y entre los asistentes al evento, se encontraba el filósofo Walter Benjamin, quien en una carta a su amiga Gretel Karplus, fechada el 15 de abril, ya había anunciado que el bar prometía «convertirse en un rincón muy agradable» y «en un punto de encuentro donde tramar todo tipo de intrigas». (Precisamente en una de las pocas fotos que se conservan de Benjamin en Eivissa lo vemos en la terraza de este bar, en compañía de Guy Selz y de dos mujeres).

El filósofo alemán se relacionaba por entonces en la isla con el hermano de Guy, Jean Selz, que había llegado también en 1932, con su mujer, y que un año después se convertiría en el improvisado traductor al francés de los primeros capítulos, escritos en la isla, de 'Infancia en Berlín hacia 1900', uno de los más celebrados libros de Benjamin.

El Migjorn resultó muy pronto un éxito. Por él pasaron casi todos los artistas e intelectuales que visitaron Eivissa entre 1933 y 1936, desde Gisèle Freund a Pierre Drieu La Rochelle, desde Raymond Queneau a Wols. Seguramente también Albert Camus, en 1935. Y Jacques Prèvert con su jovencísima novia Jacqueline. Es difícil precisar hasta qué punto muchos de aquellos visitantes, casi todos franceses o venidos de Francia, escogieron la isla como destino impulsados por los hermanos Selz, ya fuera por los artículos que escribieron en la prensa parisina, ya por la correspondencia que mantenían con amigos del mundo cultural.

Pero no sólo franceses frecuentaban aquel bar en el puerto. Rafael Alberti y María Teresa León también tomaron alguna copa allí durante los primeros días de su estancia. El poeta español nos lo confirmó durante una cena, en mayo de 1987, precisamente en aquel mismo lugar, reconvertido en el restaurante Formentera. Los pintores Esteban Vicente, Soledad Martínez, Olga Sacharov y Otto Lloyd con el amigo de todos ellos, el inquieto y jovencísimo Paul-René Gauguin, también pintor, como su célebre abuelo. Y el crítico de arte Georges Duthuit, yerno de Matisse. Y Raoul Hausmann. Y tantos otros...

También muchos ibicencos disfrutaron de aquel bar pintoresco y cosmopolita. Tanto Marià Villangómez como su hermano Alejandro recordaban haber frecuentado aquel lugar que, sin duda, respondía «a las exigencias de la vida moderna». (Hoy el Migjorn, después de haber sido el no menos célebre restaurante Formentera, es un Pizza Hut).

Guy Selz residió primero en Dalt Vila, en la misma casa que su hermano Jean, y por la que también pasaron no pocos escritores y artistas franceses. (Allí hizo buena amistad con algunos de sus vecinos: los pintores Tur de Montis y Marí Ribas ´Portmany´, el artista Ros Escandell...). Después alquiló una casa en el campo, en Jesús, desde donde podía contemplar cada día al levantarse una bella y distante estampa de la ciudad de Eivissa.

El día 1 de agosto de 1936, en aquel turbio clima de guerra civil, puede leerse en Diario de Ibiza el siguiente aviso: «Por razones económicas el Sr. y la Sra. Selz, dueños del bar Migjorn, cerrarán provisionalmente el establecimiento el próximo día 2 de agosto». Una manera digna de despedirse. El matrimonio abandonó la isla veinte días después, a bordo del motovelero 'Isabel', junto con su amigo Miguel de Beistegui y la mujer de éste, la bellísima modelo francesa Hèléne Derhoir. Aunque no para siempre.

En los años 50 y 60, Guy Selz siguió siendo también un asiduo visitante de la isla. En esa época solía residir, ahora con Françoise, su segunda mujer, y con sus hijos, en Sant Antoni. Continuaba visitando, sin embargo, a los antiguos amigos ibicencos de Dalt Vila, entre ellos al pintor Antoni Marí ´Portmany´, sobre el que, por cierto, publicó un elogioso artículo en Diario de Ibiza en septiembre de 1954.

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