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Pedro María Asensio, pintor: «Pinto como el que oye llover»

Pedro María Asensio inaugura mañana exposición en el Club Diario / J. A. Riera

Pedro María Asensio inaugura mañana exposición en el Club Diario / J. A. Riera

EIVISSA | Vicente Valero

Una docena de cuadros donde el color y la línea son los protagonistas. La nueva exposición de Pedro María Asensio (Cuenca, 1950) transmite pasión por la pintura, rigor y una alta conciencia de los recursos básicos con los que trabaja un artista. Como amplias ventanas que dan a un paisaje lleno de luz, estas nuevas obras suponen un paso más allá en la trayectoria intimista y exigente de un artista que pinta mucho y expone poco, que sabe seleccionarse a sí mismo, que comprende como muy pocos las exigencias que supone una vida dedicada a la investigación del color, su particular `utopía espiritual´.

-¿Cómo ha llegado a este título, `Eneagramas´, o qué trata de expresar con él?

-Es una palabra que expresa una cantidad casi ilimitada de líneas, en vez de un pentagrama que sólo tiene cinco. Quiero referirme con él a la música, pero quizás a la música antes de la música. Es un acercamiento a la música desde los espacios donde se puede dar el silencio. Esta exposición forma parte de una serie, es la primera muestra de una serie titulada `Partituras del silencio´

-Pintura y silencio. ¿Cómo enlaza estos conceptos?

-Como dicen los músicos, lo importante no es dar una nota, sino conseguir el silencio adecuado entre una nota y otra. En pintura pasa lo mismo, no se trata de dar un color, sino de ponerlo en relación con los otros colores. Desde este punto de vista hay que cambiar un poco la forma de pensar sobre el color y las líneas para adentrarte en un mundo donde sólo en los espacios desconocidos puede darse la creación de verdad.

-¿Qué supone este nuevo proyecto respecto a los anteriores?

-Después de `Futuros perdidos´, una instalación donde la partitura estaba realizada en clave escultórica, ahora he prescindido de apoyos y volúmenes para centrarme sólo en la línea y el color.

-Tanto en sus obras como en la configuración del proyecto artístico se observa un destacado papel de lo racional. ¿La razón pinta?

-Sí. La razón ha perdido la batalla, pero lo que yo hago es trazar unas líneas racionales, muy estrictas, para poder expresar de algún modo el ámbito espiritual. No sé si lo consigo porque resulta muy difícil combinar el mundo de la razón y el mundo de las emociones, la formalidad estricta y el ámbito de lo espiritual. Mondrian, Rothko y Scully son en este sentido extraordinarios referentes para explicar este problema.

-Siempre ha sido un gran admirador de Mondrian, ¿cuál es la lección de su pintura?

-El espacio, la conquista del espacio. Y Rothko aporta a esa misma espacialidad el dolor y la ausencia, que tiene mucho que ver con mi obra.

-El crítico de arte José Corredor Matheos sugirió en 1978 la posibilidad de una «escuela de Ibiza»: pintores de muy diversas procedencias que caminaban en la abstracción, desde el esencialismo y la geometría básica. ¿Qué piensa sobre esto?

-Nunca me lo he planteado, pero estoy de acuerdo en general con este planteamiento. No que haya una escuela formal, constituida, pero sí que hay una generación de pintores muy próximos en postulados e intenciones, desde la abstracción pura. Y me gusta la idea de que sea así.

-Su formación en Cuenca, junto a artistas tan notables como los del Grupo El Paso, Zóbel o Gustavo Torner, dejó una huella definitiva en su pintura...

-Había una comunicación permanente, una ayuda, un interés. Los jóvenes sabíamos lo que estaban haciendo aquellos pintores, que representaban el espíritu de la modernidad, y ellos nos conocían y sabían lo que hacíamos nosotros.

-Y llega a Ibiza en 1977. ¿Encuentra algo parecido?

-No, aquí los artistas no formaban un grupo. Yo, además, no tenía intención de pintar entonces. Seguía pintando pero sin interés por mostrarlo. No tenía claro hasta dónde quería llegar con la pintura. Ahora, sin embargo, creo que mi pìntura posiblemente se explica más desde Ibiza que desde mis influencias de Cuenca.

-¿Qué pretende comunicar con su pintura?

-Pretendo comunicar lo que todo ser humano quiere comunicar, aquello que todos compartimos. E intento hacerlo desde la única forma que me es posible. Me gustaría pensar que mi pintura no está exenta de lírica, de elementos musicales. Pinto como quien oye llover. Hay en ella una utopía espiritual.

-Investigar una y otra vez las posibilidades del color. ¿Esa es la principal tarea del pintor?

-Si no investigas el color y la línea, no hay nada. Y la línea sólo tiene sentido para acotar o descubrir el color. En el color es donde está la pintura. La línea es un apoyo intelectual para expresar los límites del color.

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