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Marcelo Sastre
Ver galería >Subir por Dalt Vila en pleno agosto puede convertirse en un auténtico suplicio. A las seis y media de la tarde, las calles empinadas no invitan a pasear a pleno sol y sin apenas brisa. Los turistas escasean a esas horas, pero destacan sobremanera los pocos que deambulan por la plaza de la catedral. Sus pantalones cortos y camisetas de playa contrastan frente a un numeroso grupo de autoridades, resguardadas a la sombra del palacio episcopal.
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Subir por Dalt Vila en pleno agosto puede convertirse en un auténtico suplicio. A las seis y media de la tarde, las calles empinadas no invitan a pasear a pleno sol y sin apenas brisa. Los turistas escasean a esas horas, pero destacan sobremanera los pocos que deambulan por la plaza de la catedral. Sus pantalones cortos y camisetas de playa contrastan frente a un numeroso grupo de autoridades, resguardadas a la sombra del palacio episcopal.
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