Sector primario
Más uvas y más vino a pesar de las torcaces en Formentera
Las lluvias del otoño y del invierno pasados aumentan la producción en los viñedos, con un incremento de hasta un 100% en algunas parcelas de Terramoll en la Mola
Tras varios años de malas cosechas, parece que el volumen de uva recogida en la campaña que acaba de comenzar superará con creces el de 2025, según los datos de las dos bodegas comerciales de Formentera, Terramoll y Cap de Barbaria.
En Terramoll, la bodega situada en la Mola, empezaron la vendimia el pasado 3 de agosto, algo más tarde que en temporadas anteriores, y ya tienen recogidas tres variedades de uva blanca: viognier, garnacha y malvasía. Solo queda el moscatel de grano menudo que se vendimia más tarde y se guarda para hacer vino dulce o como vino base para hacer vermut, según explica José Abalde, enólogo de la marca, mientras recoge racimos de la uva tinta que se destinará a la elaboración de vino rosado Merlot.
"La producción de este año, en algunas parcelas, superará en más de un 100% a la del año pasado", asegura. La razón de esta variabilidad entre un año y otro se debería a que los terrenos donde elabora sus vinos Terramoll son todos de secano, por lo que la presencia de lluvias o su ausencia es un factor importante que marca la diferencia.

La producción ha aumentado este año gracias a las lluvias del invierno. / P.M.V.
Las intensas lluvias del otoño y del invierno pasados han permitido recuperar la humedad del suelo en profundidad y las viñas han producido más uva.
En 2025 recogieron, entre blanca y tinta, unos 19.000 kilos de uva y este año, recién empezada la recolecta, ya contabilizan unos 22.000 kilos, a falta de seumar toda la producción de tinta.
El tener la viña en secano también influye en la alta calidad de los vinos de Terramoll, explica Abalde, ya que la producción nunca supera los 2.500 kilogramos por hectárea, un rendimiento muy bajo, pero que garantiza obtener uva de mejor calidad.

Instalaciones de la bodega Terramoll donde se elabora el vino / P.M.V.
La amenaza de las torcaces
La única amenaza que podría poner en jaque una cosecha de récord son las palomas torcaces. "Llevamos más de 12 años con este problema", se lamenta Abalde. Terramoll utiliza todos los métodos a su alcance para limitar los efectos de estas insaciables aves: mallas sobre las viñas y cañones espantapájaros que emiten detonaciones periódicamente. Pero aun así, las torcaces, que cada año muestran menos temor a la presencia humana y a los métodos utilizados para ahuyentarlas, siguen atacando los racimos de uva.
"Este año hemos sufrido menos pérdidas, ya que las lluvias también han favorecido la producción de cereales en la isla y las torcaces se han alimentado con el grano hasta que lo han recogido y ya han empezado con las uvas", razona este especialista en vinos.

Las mallas sobre las viñas no evitan en su totalidad los ataques de las torcaces / P.M.V.
Cap de Barbaria
La otra bodega comercial de la isla, Cap de Barbaria, también verá aumentada su producción de vino gracias a las lluvias, que han "resucitado" sus cepas de uva monastrell.
Roberto Ribas Ferrer, encargado de la bodega, explica que la vendimia ha comenzado prácticamente en las mismas fechas que en años anteriores y ya tienen recogida toda la uva blanca, de la variedad premsal blanca en este caso. Muchas de estas cepas se plantaron recientemente, coincidiendo con los sucesivos periodos de sequía que ha sufrido Formentera, lo que no había permitido que se desarrollaran correctamente. De manera que prácticamente han comenzado a producir esta temporada, así que no pueden comparar con años anteriores.
A partir de la semana que viene comenzará la cosecha y elaboración de vino rosado con uva Monastrell y para finales de agosto dejarán la producción de los tintos.
Precisamente será en la variedad Monastrell donde se notará el aumento de la producción de esta sencilla bodega, que cuenta con unas seis hectáreas de viña y también trabaja con cabernet y merlot.
El calor como enemigo
Estas viñas antiguas de pie franco monastrell han sido las que más han agradecido las pasadas lluvias. "El año pasado estaban muy mal, teníamos que regarlas no para producir uva sino para que no se muriesen las cepas", explica Ribas Ferrer.
Esta bodega, que inició su andadura comercial en el año 2000, también ha optado por cubrir con mallas sus vides para mitigar el ataque de las palomas torcaces. "Siguen siendo un problema, como cada año, porque cuando terminan con el cereal pasan a comer en las viñas y de ahí a los olivos, las higueras... todo lo que encuentran", comenta el encargado, que considera que la sequía y el calor extremo son los enemigos principales de la producción de vino, ya que el sol en exceso "descompensa el ciclo natural de maduración de la uva, intensificando la producción de azúcar, lo que puede dar lugar a vinos más alcohólicos".
Las lluvias han dado este año un respiro a unas viñas muy castigadas por la sequía. Si el calor y las palomas torcaces no lo impiden, 2026 puede acabar siendo una de las mejores cosechas de los últimos años.
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