Fenómeno astronómico | Formentera
Sombrillas, nubes y un faro confundido en es Cap de Barbaria
Casi 600 personas aguantaron bajo el sol en es cap de Barbaria para asistir a una de esas citas que se anuncian como irrepetibles. Y justo cuando llegó la totalidad, apareció la invitada que nadie esperaba: una nube enorme que tapó el espectáculo y volvió las miradas hacia una pantalla gigante.

El faro se encendió al detectar que había oscurecido. / Pilar Martínez

Las predicciones más pesimistas se hicieron realidad este miércoles en Formentera y las temidas nubes previstas para el final de la tarde hicieron su aparición en el punto álgido del eclipse, cuando la proyección de la sombra de la Luna sobre la Tierra cubría al Sol en su totalidad. De nada sirvieron las súplicas ni las maldiciones en varios idiomas que se escucharon desde todos los rincones de es cap de Barbaria, el lugar elegido por el Consell de Formentera para acoger el evento que congregó a cerca de 600 personas entre asistentes, personal de los servicios de emergencia y seguridad, y personal de la organización.
Menos mal que quedaba el plan B: volver la mirada hacia una pantalla gigante que dejó de emitir las imágenes que recibía de un telescopio de la Associació Astronòmica de Formentera situado a un par de metros para engancharse a una retransmisión en directo del eclipse desde las Illes Malgrats y desde Formentor, ambos puntos en Mallorca.

La gente se dispersó por toda la zona. / P.M.V
Ahí sí pudo verse el famoso anillo de diamante y las perlas de Baily, unos fenómenos astronómicos de los que poca gente conocía su existencia hace un par de meses pero que en los últimos días formaban parte de las conversaciones cotidianas de gran parte de la población.

Susana y Alec listos para el evento. / P.M.V.
Lo que sí pudieron sentir en su propia piel los centenares de asistentes fue el extraño frescor y la rara oscuridad que cayó sobre es Cap durante la totalidad del eclipse. Hasta el faro se confundió y, creyendo llegada la noche, se encendió para guiar a los barcos en su camino. Minutos después, cuando el sol fue recuperando su reino de luz, el faro volvió a apagarse.

Nuria y Marta pusieron el toque de glamour a la tarde. / P.M.V.
Sombrillas y sudor
Antes de que la inmensa nube casi piramidal cubriera la fase más esperada del eclipse, el cielo estuvo despejado. Demasiado despejado, teniendo en cuenta que el autobús lanzadera del Consell transportaba a los participantes en el evento desde Sant Francesc hasta la barrera situada al principio de sa Tanca d’Allà Dins. Desde allí, todavía quedaban más de dos kilómetros que había que recorrer a pie, en plena canícula y por un sendero sin ninguna sombra bajo la que cobijarse.

La Associació Astronòmica de Formentera llevó sus telescopios. / P.M.V.
Prevenidos, muchos de los asistentes, que empezaron a llegar a la zona pasadas las seis de la tarde, cargaban con sombrillas de playa a modo de paraguas y llevaban el mínimo de ropa considerado decente. La pequeña botella de agua incluida en la entrada para asistir al evento no llegaba muy lejos y el sencillo triángulo de cartón anunciado como abanico por la organización tampoco era de gran utilidad.
Según iban llegando, los sudorosos espectadores buscaban la alargada sombra del faro o de las carpas instaladas para resguardarse de la fuerza del sol. Muchos se dirigieron a los acantilados que bordean el área, sobrepasando el área controlada del evento marcada con unas vallas.
Dada la amplitud de la zona, no se produjo ningún tipo de aglomeración y la sensación durante toda la tarde era de que no había tanta gente como se esperaba.

El plan B por la nube. / P.M.V.
Familias y amigos
La mayoría de los asistentes eran grupos familiares o de amigos y, a juzgar por los diferentes idiomas en los que se escuchó la frase «maldita nube», muchos extranjeros eligieron Formentera y es cap de Barbaria para este acontecimiento histórico.
Es el caso de tres amigas brasileñas que, sentadas sobre un par de pareos y copa de vino blanco en mano, charlaban mientras llegaba el momento de ponerse las gafas y mirar al Sol. Dos de ellas trabajan en Formentera durante la temporada y la tercera, residente en Londres, había venido expresamente para ver el eclipse en la pitiusa del sur.
Luego estaban Susana y Alec, madre e hijo medio de Logroño medio de Madrid, que desde hace seis años vienen a la isla de vacaciones por estas fechas y ha coincidido que este año tocaba eclipse. También vienen a menudo a es Cap, un lugar que descubrió Susana por la película ‘Lucía y el sexo’ y que visitan con cierta asiduidad «sobre todo de madrugada, que es cuando se disfruta». Por su parte Alec, que se dedica al mundo de la producción audiovisual, aprovecha las vacaciones anuales para realizar alguna grabación también en el faro, aunque ayer solo vino a disfrutar del espectáculo.
Susana contaba entre risas que «las expectativas están tan altas que va a ser difícil que se cumplan». Tampoco parecía muy impresionada por asistir a un evento histórico y poco común. «Llevamos tantos momentos irrepetibles desde la pandemia que ya no nos sorprende nada, todo lo convertimos en extraordinario, vivimos saturados de información», consideraba.
Un poco más lejos, ya sobre los acantilados, montó su cámara Paco Natera, fotógrafo profesional que había conseguido aunar trabajo y placer y se había desplazado desde Ibiza con la familia para tomar unas fotos por encargo mientras disfrutaba de su pasión por la fotografía de paisajes. «Es el evento del siglo», comentaba emocionado mientras avisaba a su mujer y a sus hijos de que había comenzado el eclipse y ya se podía ver «un mordisquito» de sombra sobre la superficie solar.
A unos metros Nuria y Marta, de Barcelona, parecían estar posando para una revista de moda o, como mínimo, para alimentar con fotos nuevas sus respectivas redes sociales. Cerveza en mano y sombreros a juego, hasta las ortopédicas gafas especiales para observar el eclipse parecían encajar en sus estudiados outfits. Encantadas de la vida y enamoradas de Formentera, prometían volver a la isla de vacaciones «más pronto que tarde».
Pasadas las ocho y media de la tarde regresó la luz coherente con la hora cronológica y muchos de los presentes tomaron el camino de vuelta hacia los autobuses, aunque la Associació Astronòmica de Formentera seguía ofreciendo sus cuatro telescopios para observar la lluvia de estrellas prevista para la noche de ayer y todos los cuerpos celestes que se pusieran a tiro.
Los autobuses programados por el Consell devolvían a sus puntos de origen a niños, jóvenes y adultos entre comentarios agridulces tras una emocionante jornada que no terminó como esperaban pero que seguro se convierte en una de esas anécdotas que se cuentan mejoradas dentro de muchos años, cuando se olvide la desilusión por haberse perdido el momento cumbre del eclipse y gane peso en la memoria el haber participado en una cita marcada para la historia.
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