Historia
Un libro para recuperar la historia olvidada de Marià Serra, el político ilustrado de Formentera en la Segunda República
El doctor en Historia Santiago Colomar publica por «memoria democrática» un libro sobre quien fuera diputado provincial y teniente de alcalde

El historiador Santiago Colomar Ferrer con un ejemplar de su libro. / Cedida a DI.

Recuperar y divulgar la figura del político formenterense Marià Serra es una manera de llevarle la contraria a «la desmemoria que ha sufrido la República», señala el doctor en Historia Santiago Colomar Ferrer. Acaba de publicar un libro sobre la historia de este personaje «olvidado por los historiadores y las instituciones», bajo el título ‘El diputat provincial Marià Serra (1889-1942). De l’emigració a Amèrica a la França ocupada pels nazis’ (con Publicacions de l’Abadia de Montserrat en colaboración con el Consell de Formentera).

Marià Serra en el Scordill Studio de Nueva Orleans, entre 1928 y 1930. / ARCHIVO DE LA FAMILIA DE JOSEP SERRA CASTELLÓ
«Es una cuestión de justicia honrar a nuestros representantes, sobre todo aquellos que lucharon por la República, por las libertades, y que acabaron pagando una factura». Serra, padre de tres hijos y casado con Catalina Castelló Marí, se exilió y falleció en Francia, donde estuvo en los campos de concentración de Argelès-sur-Mer y Bram, trabajando posteriormente en el departamento de Loiret. Murió en Pithiviers, en el norte del país galo. Ingresó en el hospital con fiebre y Colomar piensa que fue víctima de viruela. Al final de su vida, tras salir del campo de concentración de Bram, estuvo trabajando en el campo en Francia y los alemanes invadieron el país.
Además de diputado, fue concejal y teniente de alcalde de Formentera. Era masón y miembro del partido de Manuel Azaña, por lo que «fue alguien con relevancia pública durante muchos años». A través de él, el libro habla de muchos otros personajes y de los acontecimientos históricos que atravesaron su vida. De su labor como representante político, destaca la creación de las cátedras de Estudis Baleàrics así como su responsabilidad en el ámbito sanitario: «Estaba dentro de la ponencia de sanidad y beneficencia. Serra era el director del hospital provincial de Ibiza y de la inclusa. Era, por tanto, el responsable político de estas dos entidades, que dependían de la diputación provincial. Serra se ponía al servicio del ciudadano». Era marinero y, en lo personal, tal y como ha explicado la familia al historiador, era un hombre muy hablador y alegre, aunque también especialmente sensible. «Creo que era un personaje afable, porque le encargaron hacer de intermediario en una huelga en ses Salines de Formentera. Así se lo mandó el gobernador civil, por lo que seguramente debía tener un perfil que podía ayudar en el entendimiento entre la salinera y los trabajadores», añade el autor del libro.
Una «ruptura con el pasado»
En el libro, Colomar también destaca que «su nombramiento como diputado provincial», responsabilidad que ejerció entre los años 1931 y 1934, «representó una ruptura con el pasado, ya que ese cargo había sido controlado por las familias más prestigiosas de Ibiza durante la Restauración borbónica, y permitió a Formentera, por primera vez, tener un interlocutor directo ante las principales autoridades e instituciones políticas de Balears». En este sentido, Colomar echa en falta un reconocimiento de esta figura en Ibiza: «Recordemos que fue diputado por Ibiza. También lo era de Formentera, pero el distrito como tal, que incluía a las dos islas, tenía solo el nombre de Ibiza». En la pitiusa del sur, en Sant Francesc, Serra cuenta con una calle a su nombre, «cerca de la casa donde nació, gracias al nomenclátor elaborado por la Obra Cultural Balear de la isla en la década de 1980».
El diputado también era masón. «Los ideales masónicos son los de la Revolución Francesa. En la masonería se construían redes que permitían ayudarse los unos a los otros. Era como una entidad filantrópica. Eso sí, la masonería tiene muchas connotaciones», apunta el investigador. Se refiere a que había quienes «entraban por interés, para tener contactos, para poder sacar un beneficio personal»; y otros que lo hacían por pura convicción. «La masonería manejaba información de primera mano. Los masones están detrás de muchos acontecimientos importantes de la historia, como la independencia de los países americanos o la lucha contra el absolutismo. Es la lucha a favor de las luces, de la racionalidad». A partir de aquí, Colomar aprovecha para hablar en este libro de la masonería en las Pitiusas, donde no llegó a contar con una estructura fuerte, pero sí con «algunos masones importantes»; y sobre cómo Marià Serra entró a formar parte (y a través de qué personas).
Por otro lado, el investigador recuerda que la construcción de la carretera de sa Cala comenzó en la última fase de la República, poco antes del golpe de Estado y la Guerra Civil, por lo que pronto aquel proyecto quedó en un limbo. «Durante la República, la diputación y los ayuntamientos querían hacer muchas cosas en materia de inversión, pero casi ninguna pudo funcionar debido a la crisis económica. En Formentera se intentó realizar un puerto moderno en la Savina, y urbanizar esta zona, convertirla en un núcleo de población, pero tampoco pudieron», relata Colomar, quien concluye que durante la República hubo una serie de factores, externos e internos, que «acabaron de envenenarlo todo»: «A partir del crack del 29, los países americanos comenzaron a cerrar fronteras. Ya no podían emigrar allí los formenterenses e ibicencos. Los ingresos dejan de llegar y la gente comienza a tener problemas porque no encuentra trabajo en las Pitiusas. Todos los sueños que había en la República en Ibiza y Formentera se fueron a pique. Coincidió con una época de recesión económica, y cuando no hay dinero, hay tensión, huelgas, enfrentamientos».
Además de una larga lista de documentos consultados para elaborar este libro, Colomar se ha valido de dos fuentes orales de gran importancia: Maria Serra Castelló, hija de Marià Serra que actualmente tiene 93 años; Josep Verdera Serra, nieto del político, y Joan Colomar Torres, «patrón de la embarcación en la que el político republicano huyó de Formentera en septiembre de 1936».
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