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El Consell de Formentera culpa al operario de las irregularidades en el control de es Cap

La máxima institución de Formentera asegura que su empleado actuó motu proprio cuando decidió permitir el paso de los vehículos hasta el faro

La furgoneta y dos de las motocicletas que accedieron hasta el faro de es Cap incumpliendo la normativa. | D.I.

La furgoneta y dos de las motocicletas que accedieron hasta el faro de es Cap incumpliendo la normativa. | D.I.

Pilar Martínez

Pilar Martínez

Formentera

La noticia publicada en Diario de Ibiza ayer martes en la que unos particulares denunciaban irregularidades en el control de acceso al faro de es Cap de Barbaria ha hecho reaccionar a las dos partes implicadas en el suceso: por un lado el Consell insular de Formentera como responsable de hacer cumplir las limitaciones al tráfico rodado impuestas por él mismo en la zona y, por otro, del restaurante de es Pujols cuya furgoneta infringió la norma de no circular por la zona en esta época del año.

Como explicaron los denunciantes a este diario y atestiguan sus fotografías, el miércoles de la semana pasada se permitió traspasar la valla que impide el acceso al faro de es Cap a una furgoneta de un conocido restaurante (porque los pasajeros habían celebrado una boda), a un coche de alquiler sin ningún distintivo que apuntara a que en él viajaban personas con problemas de movilidad y a varios ciclomotores.

Todo esto, en horario de máxima afluencia en la zona y sin ningún tipo de justificación por parte de la persona encargada de manipular la barrera, a pesar de ser interpelado al respecto por las personas que fueron testigos de ese comportamiento irregular.

Ante estos hechos, la máxima institución insular aseguró ayer en un comunicado que «el operario de la barrera actuó en todo momento motu proprio y sin ningún tipo de autorización ni conocimiento del Consell insular». Una afirmación que hace referencia a las dudas que los denunciantes expresaron sobre la posibilidad de que el encargado de impedir el paso a vehículos a motor tuviese algún tipo de autorización de la institución insular.

«El operario ya se ha puesto en contacto con el Consell para pedir disculpas por su negligencia a la hora de tomar esta decisión de permitir el acceso a esos vehículos», continúa el texto. «Se trata de un hecho totalmente aislado, es la primera vez que se produce y no se volverá a dar mientras que dure la restricción de acceso a la zona», concluye la comunicación del Consell, descargando así toda la responsabilidad en su propio trabajador.

Por su parte, desde el restaurante cuyo nombre aparece en la emblemática furgoneta que transportaba a varios pasajeros que se dedicaron a hacerse fotos en el faro durante la puesta de sol, enviaron una carta a la directora de Diario de Ibiza (ver texto completo en la página 19) en la que ofrecen sus «más sinceras disculpas» y manifiestan: «Se han tomado medidas internas para corregir esta irregularidad y asegurarnos de que no vuelva a suceder». En su carta, el responsable del local de restauración situado a pie de playa en es Pujols, asegura comprender y compartir «la preocupación por el respeto a las normas de acceso a una zona tan emblemática y protegida como es el faro de es Cap de Barbaria» y se compromete a «respetar las normativas locales y a contribuir al bienestar de la comunidad y el entorno natural de la isla».

Desde el 15 de mayo y hasta el 15 de octubre está prohibido el acceso con vehículos de motor al faro de es Cap de Barbaria, situado en el paraje natural conocido como sa Tanca d’Allà Dins.

Esta decisión se tomó por la gran afluencia de gente que registra el área al atardecer para disfrutar de la puesta de sol durante la temporada estival.

La carretera que conduce hasta el pie de faro es muy estrecha y, para evitar incidentes, se coloca una barrera situada en el kilómetro 6,5 de la carretera de es Cap y junto a ella una garita con un controlador que, en horario de máxima afluencia, de 11 a 13 horas y de 18 a 22 horas, permite el acceso en vehículo tan solo a personas con movilidad reducida. El resto de los visitantes pueden dejar sus coches y motocicletas aparcados en el aparcamiento instalado junto a la garita y continuar el camino a pie o en bicicleta.

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