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Crónica

El «despropósito» de cerrar una hora antes bares y restaurantes

El recorte en la apertura de bares y restaurantes y la reducción en el número de comensales por mesa son medidas «inútiles» para los hosteleros de Formentera, cada vez más cansados y pesimistas

Uno de los restaurantes situados frente a la playa de es Pujols.

Uno de los restaurantes situados frente a la playa de es Pujols.

«Todas las normas restrictivas para intentar contener este virus me parecen positivas si son eficaces, pero creo que cerrar bares y restaurantes una hora antes solo va a complicar más el asunto». Así de asertivo se muestra Juan Cruz, Zapa, al ser preguntado sobre las nuevas restricciones impuestas desde el Govern al sector de la restauración en Formentera, unas medidas que, de no ser tenida en cuenta la disconformidad expresada por la presidenta del Consell, Alejandra Ferrer, el pasado lunes, comenzarán a aplicarse el sábado 7 de agosto a las 12 de la noche y supondrán el cierre de la restauración a la 1 de la noche.

Un grupo de turistas francesas se preparan para cenar en Sant Francesc. | P. M. V.

«Yo sería partidario de medidas incluso más restrictivas pero más útiles, como el toque de queda», asegura Zapa a este diario. Desde su privilegiado mirador de la heladería Waffel Mediterránea, situada en la esquina donde comienza el paseo marítimo de es Pujols, considera que con esa norma, ya aprobada en otras localidades españolas, «se sacaría a la gente de la calle, que es de lo que se trata, no como ahora, que lo único que se consigue es que, al cierre de los locales, todos se dirigen a la playa como en una procesión y allí hay fiesta, música, ruidos y ninguna mascarilla». Respecto al efecto monetario del recorte en horarios y número de comensales, Zapa asegura que «claro que nos supone un perjuicio económico, como a todos, pero si yo pensara que es una medida eficaz, daría ese dinero por bien invertido», concluye.

Ocio controlado

Coincidiendo con esta opinión, mayoritaria entre los responsables de los establecimientos contactados para elaborar esta crónica, Giovanni, propietario de la hamburguesería ‘Sti Cactus, también en la localidad de es Pujols, opina que para los empresarios «trabajar una hora menos puede significar un desastre económico, ya que esta es la segunda mala temporada que encadenamos». Pero en cuanto a la contención de la pandemia, considera que esta medida «no cambia nada, la única diferencia es que si cerramos una hora antes, la gente se va una hora antes a sus casas o a la playa a seguir la fiesta. Nadie los puede parar».

«Si cerramos una hora antes, la gente se va una hora antes a sus casas o a la playa a seguir la fiesta»

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«Creo que es mejor si la gente está aquí sentada con su mascarilla, su gel desinfectante, su distancia social, que si se va a la plaza hasta las cinco de la mañana sin ningún control», opina.

La problemática de controlar este tipo de ocio espontáneo surge en la conversación con varios interlocutores. «No hay suficientes agentes de la Policía Local, solo los he visto dos veces en todo el verano y deberían estar aquí cada noche, pero no de paseo, sino haciendo cumplir las normas con sanciones», plantea Zapa, quien asegura que tanto la zona peatonal como la playa de la localidad quedan llenas de basura que los empleados municipales deben retirar cada madrugada tras estas concentraciones de personas con ganas de fiesta.

En el paquete de medidas que empezarán a aplicarse el día 7 en Formentera, también se incluye una reducción en el número de comensales que pueden compartir mesa en bares y restaurantes. Así, si antes podían sentarse juntas hasta seis personas en el interior de los establecimientos y 12 en el exterior, ahora solo podrán hacerlo cuatro y ocho respectivamente, independientemente de que quienes comparten mesa sean convivientes o no.

«Son ya demasiados meses de incertidumbre y cada vez nos cuesta más ser optimistas, dan ganas de tirar la toalla»

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«Es un despropósito, estos recortes en horarios y comensales no sirven para nada y nos perjudican no solo a los establecimientos, sino también a muchísimas otras personas, como los proveedores y los trabajadores», afirman desde otro conocido restaurante frente a la playa de es Pujols.

Daños colaterales

En estos ‘daños colaterales’ inciden desde un pequeño local en Sant Francesc: «Es una cadena, ya que si yo vendo una hora menos de carne, tapas, pan o bebidas y tengo que reducir aforo, eso va a repercutir en mis proveedores», explican. «Y mis camareros también trabajarán menos horas, con lo cual su sueldo no puede ser el mismo», se lamentan.

En un restaurante de Sant Ferran añaden otro argumento al rechazo generalizado a estas medidas restrictivas: el cansancio, que ya hace mella en propietarios y clientes ante tantas normas de dudosa eficacia que «solo cumplimos los de siempre, mientras ves cómo cuatro listos se aprovechan y se juegan la salud de todos para sacar más beneficios sin importarles que todo reviente», asegura un encargado que prefiere no dar su nombre. «Ya he perdido la cuenta de las veces que nos han hecho cambiar horarios, número de comensales, aforo en el interior, atención en barra sí, atención en barra no... Esto es un sinvivir», lamenta.

«No es que no queramos cumplir las normas o que pongamos el beneficio económico por encima de la salud colectiva, es que ya estamos cansados de ser los conejillos de indias de los políticos, son ya demasiados meses de incertidumbre y cada vez nos cuesta más ser optimistas. Dan ganas de tirar la toalla, cerrar y vivir de las ayudas públicas si es que llegan», se lamenta el propietario de un establecimiento con una amplia terraza exterior a quien le cuesta entender que un grupo de nueve amigos puedan alojarse en la misma vivienda turística pero no puedan salir a cenar todos juntos.

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