Divorciarse bien es posible y, además, es necesario para la salud emocional de toda la familia, también de nuestros hijos. Hablamos con Soledad Peña, de Celextina, sobre cómo afrontar el divorcio con los hijos. Entre las claves, subrayamos hablar claramente a los hijos de la nueva situación, afrontarla desde la calma y la esperanza, recordando para qué nos divorciamos, y no como un fracaso, rumiando el porqué nos divorciamos, y aceptar, escuchar y acompañar las emociones y opiniones de nuestros hijos, que pueden ser muy distintas de las nuestras. El divorcio puede ser toda una lección de vida, nos dice Soledad, porque “es importante enseñarles que no te debes quedar donde no quieres estar”. 

-¿Cómo suelen vivir un divorcio los hijos?

Los niños viven el divorcio a través de los ojos de sus padres, su nivel de ansiedad y preocupación es directamente proporcional a la de sus progenitores.

Si los padres afrontan la nueva circunstancia desde la calma, la comprensión, y teniendo presente las oportunidades del comienzo de una nueva etapa, ellos lo afrontarán de igual manera.

Siempre va ha haber un componente de miedo ante la nueva situación: cualquier situación de cambio comporta un estrés para las personas, tengamos la edad que tengamos. Supone un cambio de su entorno y sus rutinas al que ha de adaptarse y eso conlleva una serie de emociones, que hay que saber detectar y acompañar para que sean gestionadas adecuadamente y supongan un aprendizaje.

-¿Qué errores cometemos los padres en un proceso de divorcio con respecto a nuestros hijos?

El mayor error que cometemos los padres es no saber explicar bien a nuestros hijos qué es lo que va a suceder a partir de ese momento. Los niños necesitan sentirse seguros ante los cambios, igual que los adultos, pero ellos lo necesitan con más intensidad, porque no es una decisión que ellos hayan tomado, sino algo que sucede y en lo que se ven envueltos. Es importante hablar con ellos de forma clara y concisa, explicarles la decisión que hemos tomado y en qué les afecta concretamente en su día a día, pero sobre todo es esencial escuchar, estar atentos, y resolver sus dudas. Hay que contestar a sus preguntas y darles libertad para poder expresar todo aquello que les preocupa.

Los niños tienden a protegernos, a no preguntar por no herir o por si la pregunta la consideran inadecuada. Es importante entender esta circunstancia para poder ofrecerles opciones, es decir, alguien con quien puedan hablar de sus preocupaciones, desde un tío o tía hasta un profesor o profesional como nuestra Decoupling infantil, donde el niño pueda expresar libremente cómo se siente sin miedo a herir o ser juzgado por ninguno de sus padres.

-¿Cómo podemos ayudar padres y madres a que lo vivan mejor, qué pautas hay que dar?

El divorcio es un proceso de “duelo” para la familia y como todo proceso de duelo, tiene que superarse pasando todas las fases, pero no necesariamente desde el sufrimiento, como está entendido hasta ahora. Como personas adultas intentaremos adaptar nuestra vida a las nuevas circunstancias, de la mejor manera posible, pero como padres y madres debemos pensar siempre en el respeto hacia nuestros hijos. Respetar que tú te separas de su padre o madre, pero él no se divorcia de ninguno de los dos, ama a las dos partes y por eso necesita que haya respeto a sus sentimientos. La regla de oro es nunca entrar en crítica hacia el otro progenitor. 

Además, como padres o madres es importante plantearse qué es lo que le quiero transmitir a mis hijos con mis decisiones. Cuando decido separarme, independientemente del porqué (que seguro que hay mil razones) hay que preguntarse ¿para qué?  Y ahí es donde encontraremos la respuesta que queremos dar a nuestros hijos.

Una pauta muy importante en estos momentos es entender y aceptar que sus hijos tienen su propia opinión sobre lo que está sucediendo, que son seres independientes y que sienten y piensan a su manera. Es esencial respetar eso y hacerlo siempre desde el amor.

No por ser pequeños son simples espectadores de nuestras decisiones, también tienen una opinión y emociones al respecto. Eso no quiere decir que debamos otorgarles la capacidad de cambiar la situación a su conveniencia, sino que aceptemos sus opiniones con respeto y acompañemos sus emociones desde la comprensión y la empatía.

Una de las claves más importantes en el divorcio con hijos es no criticar al otro progenitor Pexels

-¿Tiene sentido eso que se decía mucho antes de “yo no me separo/divorcio por mis hijos”? ¿Qué diríais ante esa creencia?

Esta creencia, como tantas otras que tenemos grabadas a fuego en nuestro inconsciente, nos hace sentir mejores padres y madres, padres y madres que se “sacrifican” por sus hijos, por su familia. Pero nada más lejos de la realidad, porque además estos padres y madres en algún momento en su vida acaban reprochándoselo o diciéndoselo a sus hijos, lo cual crea en los hijos un gran sentimiento de culpa, por lo desgraciados que han sido sus padres , y entenderán como enseñanza que la vida es sacrificio .

Nuestros hijos se miran en nosotros para forjar su personalidad y es importante enseñarles que no te debes quedar donde no quieres estar y que con respeto y amor, cualquier relación es posible, sin necesidad de convivencia, porque cuando un matrimonio decide separase y tiene hijos en común, saben que estarán unidos para siempre. Es una enseñanza de vida muy valiosa. Se les trasmite valentía, un concepto de amor de pareja sano, una tolerancia al cambio necesaria en nuestra sociedad.

-¿Qué es un buen divorcio? ¿En qué puede beneficiar un buen divorcio a nuestros hijos?

Un buen divorcio empieza por el respeto hacia uno mismo y hacia la persona con la que decides cesar la convivencia. Sigue por dejar de lado el porqué te divorcias y te planteas para qué lo haces.  Y acaba por tomar las decisiones con el asesoramiento y la información necesaria en cada momento, y gestionar las emociones en el espacio adecuado para ello.

Las decisiones de cambio se toman para estar mejor, para ser más feliz y si te centras en eso y no en lo que corrompió la convivencia, eres capaz de afrontar esta etapa, siempre complicada desde otra perspectiva, con seguridad.

Un buen divorcio es fundamental para el crecimiento emocional de los hijos. Que sus progenitores sean capaces de protegerlos, de darles seguridad y de afrontar el divorcio como un cambio en su manera de vivir y no como un fracaso personal es la mejor enseñanza que les pueden transmitir.

No olvidemos que los niños tienden a ser egocéntricos y que cualquier cosa que suceda en su entorno piensan que se debe a ellos, así que hay que explicares bien y con claridad que es algo en lo que ellos no tiene responsabilidad.

-¿Cómo podemos vivirlo también como un comienzo en la relación con nuestros hijos?

Cuando vives en familia cada uno adopta un rol, cada miembro de la familia toma una posición y así se desarrolla, es como cuando tienes un sitio en la mesa para comer, todos tenemos un sitio para comer, un lado de la cama donde duermes, una silla en el trabajo, y nos cuesta desprendernos de esos apegos, es más, los consideramos imprescindibles para nuestro bienestar, para encontrar nuestro lugar.

Lo mismo ocurre con los roles, mamá hace una cosas y papá hace otras, cuando nos divorciamos todo eso cambia, mamá y papá tienen que reinventarse y hacer cosas que seguramente antes no se habían planteado y daban por hecho que no sabían hacer, y ¡SORPRESA ! Resulta que sí que saben. Eso enseña a nuestros hijos que pueden hacer lo que se propongan y hace que ellos cambien también su rol.

Es importantísimo estar atento para que ese cambio de rol sea positivo y no hacia la negatividad. Reinventarse siempre es una buena opción de conocerse.

Además también se generan nuevos tiempos y espacios para compartir con nuestros hijos. Por ejemplo, si siempre había sido mamá la que planificaba el ocio familiar, quizás ahora papá, que debe encargarse del ocio durante el tiempo de estancia con sus hijos, decida compartir con ellos sus aficiones y encuentren nuevas actividades de ocio. O si papá siempre planificaba las vacaciones, ahora mamá podrá descubrirles nuevos destinos. Igual sucede con los juegos, las rutinas, etc. Descubren una parte de mamá y papá que no habían conocido porque se complementaban entre sí.