La Asociación Española de Pediatría lo tiene claro: "el mejor tacatá o andador es el que no se compra". Así titulan un artículo que comienzan de la siguiente manera: "Probablemente esta sea una afirmación demasiado rotunda para ser emitida por un grupo profesional de pediatras, pero esa es la intención: conseguir impactar para que de una vez por todas este instrumento deje de utilizarse".

Después de leer este párrafo seguro que te estás preguntando: ¿por qué es tan perjudicial el andador o tacatá para nuestros hijos? Lo vemos.

Principales riesgos por el uso del tacatá o andador

Los pediatras desaconsejan su uso debido a los grandes riesgos a los que se enfrentan nuestros hijos al hacerlo. Repasamos algunos.

El tacatá:

  • Cuadriplica el riesgo de caída por una escalera
  • Duplica el riesgo de fractura por caída por una escalera
  • Adelantan la edad de caída por una escalera de los doce a los ocho meses.
  • Aumenta el riesgo de quemaduras y de intoxicación

¿Tiene algún beneficio para el aprendizaje de la marcha?

El tacatá o andador se utiliza con niños de entre 7 y 12 meses que aún no saben andar. Podríamos pensar que, a pesar de los riesgos anteriormente mencionados, su uso facilita a nuestros hijos el aprendizaje de la marcha. ¿Es así? Los expertos se muestran contundentes al respecto: absolutamente no.

"Es en esa fase donde nuestros hijos han de estar en el suelo: gateando, los que gateen; reptando, sentándose, levantándose, midiendo sus movimientos, mirándose los pies cuando dan sus primeros pasitos, ejercitando sus músculos, estableciendo sus puntos de referencia y desarrollando su equilibrio. Si en esa edad no saben andar es precisamente por eso, porque antes han de experimentar todo esto.

Si les ponemos en un tacatá nos saltamos una fase vital en su desarrollo motor. Además el niño al estar apoyado con sus manos para caminar, establecerá unos puntos de equilibrio erróneos, que no son los que luego necesitará para iniciar la marcha por sí mismo", dice la pediatra Lucía Galán en su libro 'El gran libro de Lucía, mi pediatra'.

¿Qué opinan en el resto de asociaciones pediátricas, más allá de la española?

En todos los países de nuestro entorno cultural, las sociedades profesionales desaconsejan el uso del andador, hasta tal punto que está prohibida su publicidad y comercialización en Canadá, y es un apartado que la Unión Europea incluye a la hora de evaluar la seguridad infantil en los países miembros.

Parece lógico que, si el andador aumenta la probabilidad de los accidentes y, además, no favorece su desarrollo psicomotor, no hay ningún argumento válido para seguir usándolos.