Nos gusta Lamarr

Alberto Vergés Consultor de Marketing

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Alberto Vergés

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En la película “Armas de Mujer” el personaje que interpreta Melanie Griffith le dice susurrando a Harrison Ford “Tengo una mente para las finanzas y un cuerpo para el pecado, ¿Hay algo de malo en eso?”. Evidentemente no lo hay. Pero lo que si hay es un personaje legendario en la historia que cumple con exquisitez esta máxima, la actriz de origen austríaco Hedy LamarrMe gusta Lamarr y mucho.

Hedy Lamarr lo tiene todo para fascinarnos. Considerada la mujer más bella del mundo durante la época dorada de Hollywood, no tuvo unos inicios fáciles. Cuando su nombre aún era Hedy Kiesler comenzó sus clases para convertirse en actriz en la academia berlinesa del director Max Reindhardt. A los 18 obtuvo su primer papel importante en la película Ecstasy de alto contenido erótico en la que aparecía completamente desnuda. Posteriormente se alejó de las pantallas al casarse con el fabricante de armas austríaco Fritz Mandl, mucho mayor que ella y un auténtico Otelo proveedor de armas a los regímenes fascistas de Alemania e Italia. Harta de la situación huyó a Londres disfrazada para conocer en persona al productor norteamericano Louis B. Mayer que la contrató para la MGM iniciando una exitosa carrera cinematográfica en la que no nos extenderemos, pero que está profusamente documentada en internet.

Lo verdaderamente fascinante viene ahora. El estallido de la Segunda Guerra Mundial reavivó su interés por la ingeniería. Hedy tenía un talento innato para las matemáticas y la física y una enorme creatividad para resolver problemas complejos. Sus iniciativas y logros son fascinantes. Convenció a su amigo y amante Howard Hugues para evolucionar el diseño de las alas de los aviones, añadiendo curvas y una forma más aerodinámica inspirándose en el cuerpo de las aves y los peces. Trabajó en ideas tan asombrosas y dispares como pastillas para convertir el agua en refrescos o nuevas señales de tráfico, pero el invento que la elevó a los altares de la innovación aún estaba por llegar.

En una charla informal con su vecino el compositor George Antheil en el verano de 1940 se le ocurrió la idea de una comunicación mediante una frecuencia en constante cambio sincronizada entre emisor y receptor. Esta innovación, aventurada por Tesla décadas antes, pudo ser desarrollada por primera vez uniendo la experiencia de Antheil en el uso de pianos sincronizados con el genio matemático de Lamarr. Su invento tiene una patente concedida en 1942. Esta tecnología es la base sobre la que se sustenta el funcionamiento del Bluetooh (en honor del rey vikingo Harald Bluetooth, del que hablaremos otro día) y el WI-FI. Un sistema de transmisión de datos a distancia imaginado por Tesla, desarrollado por Lamarr y que hoy es el condimento de todas las salsas y sin el que nuestras vidas serían muy distintas. No sé si mejores o peores, pero desde luego distintas.

En estos momentos en los que la comunidad educativa desarrolla iniciativas para la promoción entre las adolescentes de las disciplinas STEM (Science, Tecnology, Enginiering & Mathematics), es bueno recordar a personajes como Hedy Lamarr, que pudo procrastinar y dejarse llevar por el brillo y las lentejuelas del dorado Hollywood de los 40, pero prefirió no desaprovechar su insuperable talento y ponerlo al servicio de todos los ciudadanos.

Lamarr cedió su patente a la Armada de los Estados Unidos con la esperanza de que fueran capaces de desarrollar torpedos que ni los alemanes ni los japoneses fueran capaces de interceptar. Lamentablemente, una vez más, se había adelantado a su tiempo y no fue hasta la llegada de los transistores cuando su invento demostró su verdadera utilidad. Debutó en la crisis de los misiles de Cuba en 1962 y su importancia desde entonces no ha parado de crecer. En 1997, poco antes de su fallecimiento, la Electronic Frontier Foundation reconoció su importancia como inventora. Tarde y mal cómo suele suceder.

Si eres adolescente y mujer, el futuro es tuyo y formarte en las disciplinas STEM te hará más fuerte e independiente. Hace ya más de 100 años Tesla vaticinó que la irrupción de las nuevas tecnologías empoderaría a la mujer y la elevaría a los más altos niveles en la toma de decisiones.

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