La gran vigencia de Keynes y Friedman, en detrimento de Hayek (2)

Robert Casajuana

Robert Casajuana

Robert Casajuana

Robert Casajuana

Este artículo es una continuación del anterior con el mismo título, publicado en mayo, donde explicaba las principales características a nivel teórico de la escuela keynesiana, monetarista y de Austria. Soy consciente que en el primer artículo los detalles de cada escuela podían parecer algo teóricos y en cierto modo alejados de la realidad. En el presente artículo veremos algunos ejemplos muy reales de su aplicación práctica sobre todo durante el periodo de la Gran Recesión (2008-2013). También en la actual crisis de la Covid podemos ver la aplicación práctica de estas escuelas pero como aún no sabemos el resultado final de ellas prefiero centrarme en los casos de la Gran Recesión.

Para que veamos el altísimo impacto de apostar por seguir una escuela u otra, empecemos con los acontecimientos durante el septiembre del 2008. Las autoridades monetarias y los gobiernos se encontraron ante las disyuntiva de rescatar al banco de inversión americano Lehman Brothers o no intervenir tal y como defienden los seguidores de la escuela de Austria. Se optó por la segunda opción, y la caída de Lehman Brothers, un banco de riesgo sistémico, desató la tormenta perfecta aflorando los desequilibrios financieros que se venían fraguando durante años. Este es quizás uno de los ejemplos más claros de los últimos años de la cruda aplicación de la “destrucción creativa del capitalismo” defendida por la escuela austriaca. La duda que siempre he tenido es si los beneficios de dejar caer a un banco insolvente y que nos llevaron en esas horas dramáticas al casi colapso del sistema financiero internacional fueron la decisión más acertada.

Ya en 2007, de febrero a marzo, 25 entidades financieras americanas que habían inundado el mercado con hipotecas basura (subprime) que habían concedido a familias de dudosa solvencia, empezaron a quebrar (default) siendo la más destacada la del gigante de las subprime New Century Financial. Escuela de Austria en toda su crudeza. Pero estas primeras 25 quiebras eran solo la punta del iceberg del problema ya que parte de estas hipotecas fueron paquetizadas (ABS) y vendidas a la gran banca de inversión americana que a su vez las colocó por casi todo el planeta. Así, en junio de ese mismo año el viejo banco de inversión americano Bear Stearns congeló los reembolsos de dos de sus fondos de más riesgo (hedge funds). 

Esas preocupantes señales no pasaron desapercibidas en el mercado interbancario que es una pieza fundamental para que el sistema mantenga la liquidez suficiente en toda la economía. Así, el mercado interbancario empezó a secarse de manera alarmante y una de las primeras victimas de todo ello fue el banco británico Northern Rock que ante sus problemas de liquidez tuvo que acudir al Banco de Inglaterra en busca de fondos de emergencia. Nunca olvidaré las colas de los depositantes de este banco ante sus oficinas en Londres para retirar sus ahorros, eran imágenes que siempre las había asociado más con bancos latinoamericanos o griegos y no en uno de los centros financieros más sofisticados del mundo. La lección es que la línea que separa un banco de ser percibido como sólido y estable a insolvente y frágil es mucho más fina de lo que parece.

Pero el hecho que el Banco de Inglaterra acudiera al rescate de Northern Rock ya nos anticipaba la tendencia que iba a ser la tónica habitual durante la Gran Recesión: la escuela de Austria no sería la más seguida. Una mezcla de monetarismo y keynesiansimo fue la receta más seguida, con los principales bancos centrales del mundo inyectando liquidez al sistema (monetarismo), estabilizando el sistema financiero y el Tesoro Americano y otros de todo el mundo gastando miles de millones de dólares para rescatar entidades (keynesianismo).

Intervencionismo dominante durante la crisis

Veamos algunos ejemplos de entidades financieras que solo en Europa se beneficiaron de ese intervencionismo dominante durante la crisis en casi todos los países y el capital aproximado que recibieron en los rescates en billones anglosajones (mil millones).

En Bélgica KBC (€7Bln), Dexia (€15Bln) y Fortis (€11Bln). En Alemania Commerzbank (€18Bln) e Hypo Real State (€10Bln). En Grecia más de €25Bln entre National Bank of Greece, Alpha Bank y Piraeus Bank. En Irlanda unos €64Bln entre Anglo Irish Bank, Nationwide, Bank of Ireland y Allied Irish Banks. En Holanda ABN Amro (€35Bln) y ING (€10Bln). En Portugal unos €14Bln en varios bancos, especialmente BCP, BPI, Caixa General de Depositos y Banif. En Suiza UBS recibió ayudas directas por 6Bln de francos suizos y el banco central suizo compró a UBS activos tóxicos por un importe de más de €30Bln. En Reino Unido RBS (45Bln de libras), Lloyds (20Bln de libras) y parte de Northern Rock fue vendido a Virgin Money y a Bradford & Bingley. En España el rescate de su sector financiero consumió más de €60Bln, siendo el caso más grave el de Bankia (antigua Caja Madrid).

En Estados Unidos también varias entidades, y no solo financieras, fueron receptoras de los recursos públicos gracias a las políticas keynesianas, entre otras Fannie Mae, Freddie Mac, AIG, GM o Chrysler. En este país el programa TARP fue fundamental.

La gran diferencia en estos rescates multimillonarios es que en muchos casos, como el americano o el suizo, al cabo de unos años sus tesoros públicos consiguieron recuperan los importes del rescate e incluso con ganancias, mientras que en España no se ha conseguido recuperar hasta el momento el dinero de los contribuyentes empleado en los rescates.

Vista la aplicación masiva de la escuela keynesiana, veamos ahora también el gran uso de la escuela monetarista. A nivel monetario la Gran Recesión llevó la política monetaria no convencional estrella (QE), ensayada en Japón durante la crisis de los 90, a su plena actualidad y uso. Lo que hasta entonces había sido la excepción pasó a ser la regla. La QE (Quantitive Easing) es una medida monetaria de los bancos centrales en la que compran sobretodo bonos soberanos (deuda pública) pero también bonos corporativos (deuda privada), o incluso acciones, para conseguir que los costes de financiación de los gobiernos y de las empresas se reduzcan en momentos en que la capacidad de compra de bonos por parte del sector privado se ve muy reducida por la crisis subyacente. Históricos son ya los tres programas de compra de bonos por parte del banco central americano (FED) durante la gran recesión o por parte del BCE con las agrias disputas entre su decidido gobernador Mario Draghi y la ortodoxia alemana. Así como legendarias son ya las palabras de Draghi en mayo del 2012 cuando dijo “el BCE está listo para hacer todo lo que sea necesario para salvar el Euro y creerme será suficiente”. Este monetarismo desbocado consiguió reducir las galopantes primas de riesgo de los países periféricos y salvar al euro.

Como hemos visto, durante la Gran Recesión, las políticas de la escuela de Keynes y de Friedman fueron predominantes y la escuela de Austria fue mucho menos aplicada, por eso podríamos afirmar que en momentos de crisis graves el mensaje que lleva por título este artículo es el correcto.