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Coyuntura

Previsiones económicas: ¿Alguien acierta?

A medida que acababa el año, las estimaciones de crecimiento fueron mejorando para 2022 y también para el ejercicio actual, aunque con mucha menor intensidad

Un trabajador transporta fruta en un mercado. EP

Un 2023 más débil que 2022, pero sin caer en una recesión (retroceso del producto interior bruto) o crisis. Y una inflación más moderada, pero todavía alejada del objetivo del 2% del Banco Central Europeo (BCE), por lo que cabe esperar que sigan las subidas del precio del dinero, como ya avanzó en el Foro de Davos la presidenta de la autoridad monetaria, Christine Lagarde. Ese es el panorama que pintan los organismos y servicios de estudios en la actualidad.

Que todos recurran a revisar al alza su cálculo o estimación anterior o que hagan algún ajuste a la baja demuestra que las previsiones no son una ciencia exacta y que están sujetas a vaivenes. Eso lo recoge la denominada Diana Esade, una herramienta para contrastar las previsiones con los resultados reales finales y que suele recoger algunos aciertos, pero esencialmente bastantes diferencias entre lo que se prevé y lo que acaba finalmente sucediendo.

Y ese se puede acrecentar en el contexto actual, en el que la guerra en Ucrania multiplica las incertidumbres y la necesidad de navegar con las luces largas, como afirman algunos expertos. El año pasado se registró un mayor crecimiento del esperado, en el entorno del 5%, según certifica incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) lo constatan.

Se han disipado las alertas de hace unos meses de un riesgo de estanflación, es decir una escalada imparable del nivel general de precios combinada con un conjunto de la economía estancado. En todo caso, las previsiones económicas han mejorado de forma sustancial sobre todo en 2022 por el turismo, y se moderan para el ejercicio actual, pero alejando el riesgo de una crisis profunda, es decir descartando un desplome del PIB.

La revisión de previsiones acometida ha hecho que el panel de Funcas, que recoge las estimaciones de 19 servicios de estudios, incluidas las de esta fundación de las antiguas cajas, ha mejorado las expectativas del último trimestre: ahora se estima que el crecimiento fue nulo, frente al -0,4% esperado en el panel de noviembre. Eso se notó ya en los datos del paro, con la ralentización en la creación de empleo y el aumento del desempleo, que volvió a superar el listón de los tres millones, según la encuesta de población activa (EPA) del cuarto trimestre.

A su vez se espera que el crecimiento sea nulo en el primer trimestre de este año, seguido de aumentos de en torno al 0,5%-0,6% en el resto. Uno de los motores será la aportación de la demanda nacional, mientras que el sector exterior tendrá una contribución nula. La desaceleración en 2023 respecto a 2022 se percibirá en el consumo privado, la inversión y el comercio exterior, mientras que el consumo público volverá a tasas positivas, frente al retroceso del año pasado, según las previsiones.

El Gobierno ha tenido que rectificar al menos en cuatro ocasiones sus estimaciones y situó la última en el 4,3% en 2022, con lo que se quedó corto; y en el 2,1%, seis décimas menos que en su anterior revisión, la prevista para el ejercicio próximo; y aún así podría quedarse lejos de ese nivel. A pesar de las rebajas con respecto al inicio, la estimación de crecimiento para España sigue situándose por encima de la de las mayores economías de la zona del euro.

Lo cierto es que del posible desastre que se temía tras el verano, que fue como una etapa para aprovechar que la bonanza se acabaría, se ha pasado a una situación mucho mejor de lo esperado. Lo dijo el consejero delegado del Banc Sabadell, César González-Bueno, en la presentación de resultados del año pasado: De "una situación de profundísima preocupación, como en la pandemia, con una crisis como la guerra de Ucrania, se ha pasado a un efecto menor del que se temía".

La inflación, por su parte, el gran quebradero de cabeza de 2022, seguirá bajando. Se estima que en 2023 se situará en una media de en torno al 4%, frente al 8,4% de 2022. Y la subyacente, la esencial porque excluye los alimentos no elaborados y la energía (los elementos más volátiles) y que es la que más preocupa ahora, se situará en torno a una media del 4,5% frente al 7% del año pasado. Más baja, pero muy lejos todavía del 2% al que aspira el BCE. Y es que ya decía el que fuera presidente del Bundesbank, Karl Otto Pöhl, que la inflación es como la pasta de dientes: una vez está fuera del tubo, es muy difícil volverla a meter.

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