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Macroeconomía

Los bancos centrales se debaten entre la inflación disparada y el riesgo de recesión

La Reserva Federal estadounidense celebra su reunión anual en Jackson Hole con el mercado en vilo por el mensaje que lance Powell

Un operador de Wall Street contempla el discurso del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. Reuters

La vida de los banqueros centrales cambió radicalmente hace unos doce meses. Durante más de una década, su principal preocupación había sido combatir --con tipos de interés bajos y negativos y compras masivas de deuda-- una inflación que estaba persistentemente por debajo de su objetivo (2% a medio plazo, el nivel considerado óptimo para favorecer el crecimiento económico sano). El pasado verano, sin embargo, estalló bajo sus pies una espiral inflacionista que minusvaloraron en un principio como un fenómeno "transitorio" y que un año después están lejos de conseguir embridar, sobre todo por la incertidumbre de la guerra en Ucrania. De hecho, ahora se enfrentan al dilema de si mantener el ritmo acelerado de la subida de tipos para combatir la escalada de los precios o moderarlo ante el creciente riesgo de recesión.

Ese será a buen seguro el tema principal de la cumbre anual de banqueros centrales de Jackson Hole (Wyoming), que la Reserva Federal de Kansas City celebra desde hace más de cuatro décadas y que, tras dos años en remoto, volverá a tener lugar de manera presencial entre este jueves y el sábado. El plato fuerte es la intervención el viernes del presidente de la Reserva Federal nacional, Jerome Powell. Tras las subidas bursátiles del comienzo del verano, propiciadas por la expectativa de una ralentización en los incrementos de los tipos de referencia, los inversores llevan unas semanas en vilo ante los mensajes que pueda mandar el responsable del mayor banco central del mundo.

Revisar expectativas

La Reserva Federal (FED), así, ha encarecido el precio del dinero en 2,25 puntos porcentuales este año, hasta un intervalo del 2,25%-2,5%. En julio, tras elevar los tipos en 0,75 puntos, el mercado interpretó que Powell dejaba la puerta abierta a un alza de 0,5 puntos en septiembre y a posteriores incrementos de 0,25 puntos. Pero a los inversores les han entrado las dudas y algunos ven posible que la subida sea otra vez de 0,75, una posibilidad alimentada este jueves por los presidentes de las Reservas Federales de Atlanta y Kansas City, Raphael Bostic y Esther George.

"Ante una inflación tan elevada, que sigue siendo difícil de predecir a corto plazo, se espera que la FED reitere su prioridad absoluta de luchar contra el alza de los precios y su voluntad de seguir endureciendo su política monetaria. Los mercados, que anticipan un pico de subidas de tipos a finales de 2022, tendrían que revisar sus expectativas al alza, lo que podría provocar volatilidad", ha advertido Franck Dixmier, de Allianz Global Investors.

Situaciones distintas

La situación de Estados Unidos es distinta a la europea, como demuestra la reciente caída del euro por debajo de la paridad con el dólar. Su economía ha acumulado dos trimestres de caídas (0,4% intertrimestral en el primero y 0,2% en el segundo). Sin embargo, su Gobierno y la Reserva Federal consideran que no está aún en recesión. Y los analistas estiman que, de entrar en ella, será suave, lo que da margen a su banco central para seguir endureciendo su política.

"Es difícil afirmar que Estados Unidos está en recesión, teniendo la tasa de desempleo en el 3,5%, con aproximadamente 11 millones de puestos de trabajo sin cubrir", ha destacado David Norris, de Vontobel. La inflación bajó en julio del 9,1% al 8,5%, más de lo esperado, y hay signos de que podría haber alcanzado ya su pico, pero sigue siendo históricamente elevada.

Así las cosas, la opinión más extendida entre los expertos hoy por hoy es que la Reserva Federal subirá los tipos hasta en torno al 3,5-3,75% a finales de este año o principios del próximo. Pero habrá que ver si cambian de opinión tras el mensaje de Powell del viernes. La presidenta de la Reserva Federal de Kansas City, de momento, ya ha dejado la puerta abierta a llevarlos por encima del 4%.

Duro invierno

En Europa la situación es bien diferente. El Banco Central Europeo (BCE) no subió tipos hasta finales de julio (0,5 puntos, hasta llevar el tipo de referencia al 0,5% y dejar de cobrar a los bancos por guardarles el dinero). Y la inflación de la zona euro sigue sin dar tregua. En julio marcó un nuevo máximo histórico del 8,9%, desde el 8,6% de junio, y aunque el paro está en mínimos históricos (6,6% en junio) y el PIB sigue creciendo (0,6% en el segundo trimestre), hay indicadores que apuntan hacia una recesión.

Sobre el continente pende la amenaza de un posible corte del suministro del gas ruso, del que es muy dependiente Alemania (motor y mayor economía del euro). "La eurozona se enfrenta a una dura segunda mitad del año. El pico de la inflación es difícil de determinar, ya que los precios de la energía actualmente son increíblemente impredecibles. Un pico por encima del 9% de la inflación interanual general es lógico en este punto, pero un salto por encima del 10% claramente no es inimaginable dados los altos precios del gas en el mercado", ha apuntado el departamento de análisis de ING. En España, de hecho, ya está en el 10,8%.

Margen para endurecer

Todo parece indicar, en consecuencia, que el BCE no va a moderar de momento el ritmo de subida de los tipos. "En julio decidimos un aumento de 50 puntos básicos en vista de las perspectivas de inflación. Por el momento no creo que esta perspectiva haya cambiado fundamentalmente", afirmó la semana pasada Isabel Schnabel, una de los miembros más influyentes del comité ejecutivo del banco central del euro, que también tendrá una intervención relevante en Jackson Hole este sábado. Significativamente, la banquera central no descartó una recesión, pero aseguró que no hay "ningún indicador" de que pueda ser "prolongada y profunda". Es decir, que ve margen para endurecer la política monetaria.

El mercado prevé actualmente que la institución eleve los tipos hasta en torno al 1,5-2% a principios del año que viene. Un nivel que podría parecer no muy elevado en comparación con el del IPC, pero hay que tener en cuenta que las subidas de tipos sirven para enfriar la inflación encareciendo la financiación y frenando con ello la demanda, pero su efectividad es mucho más dudosa cuando los precios suben por otros motivos como el encarecimiento de la energía.

Si la economía cae con fuerza y con ello la demanda, se produce el mismo efecto que con una subida de tipos sin que esta sea necesaria. El nivel máximo que alcancen los tipos, así, dependerá de la persistencia de la inflación, fuertemente condicionada por el suministro del gas ruso y la guerra de Ucrania, y de la severidad de su impacto en la actividad. La tormenta perfecta para los bancos centrales continúa.

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