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La tenaza de la Deuda Covid

Fondos y especuladores extranjeros, a por los impagos de los españoles

Sedes con bajos impuestos, compras de deuda a precios mínimos, reclamaciones duras... las reglas del negocio

Elías R, camarero en paro pidiendo limosna en la calle

Elías R, camarero en paro pidiendo limosna en la calle

A los pies del público pudiente de Madrid, en una acera de la calle Goya, lleva ya un mes sentado cada tarde Elías R., cuya profesión de camarero cuenta en el cartelillo que exhibe para pedir unas monedas: “Un parado más de la hostelería”, ha escrito en él.

Elías R. acaba de cumplir un año de ingresos cero. En abril de 2020, la crisis del covid cerró por falta de eventos el catering del grupo Mallorca en espera de mejores tiempos, dejando un reguero de ERTEs y una órbita de auxiliares autónomos independientes como Elías, sin su última ocupación. Los recibos que este camarero dejara sin pagar al ser golpeado por el paro son ya, de puro incobrables, lo que en el mundillo de la reventa de deuda llaman “paja”.

La paja solo sirve para hacer bulto, engordar las carteras de impagados que se compran y venden en una discreta pero millonaria lonja virtual, con apenas una docena de notarios de Pozuelo (Madrid), Barcelona y Valencia como testigos.

“Me vine de Barcelona a probar suerte, pero, amigo, ¿quién contaba con el virus?”, relata Elías con tono educado, pulcramente embozado tras su mascarilla, antes de repasar su vida de profesional de la bandeja en la capital catalana y la Costa Brava.

Elías R, de 58 años, natural de Salamanca, camarero con 38 años de experiencia, candidato a una Renta Mínima de Inserción que no le termina de llegar, ya está más allá de la categoría de autónomo zombi, porque las pocas deudas que tenía –“Siempre he caminado ligero”, explica- se hicieron insaldables, cuando se quedó sin domicilio al que escribirle y sin bienes que embargarle. Ahora su prioridad es reunir cada día para comida, el móvil, el bonometro y los 250 euros que cada mes le cuesta la cama en un piso compartido del distrito madrileño de Moratalaz.

Y es difícil que datos como estos lleguen hasta donde se examina el potencial de pago –nulo- que tiene Elías. Su idiosincrasia se evalúa en oficinas a 1.456 kilómetros de su puesto de pedigüeño en la calle Goya, concretamente en Kirchberg, barrio financiero de Luxemburgo, epicentro del gran negocio de la compra y recobro de recibos que gente empobrecida no puede pagar.

Primera regla: impuestos bajos

En el gran ducado tiene sede Axactor, un gigante del sector que persigue desde allí (aunque con llamadas realizadas en España) todo tipo de impagados. También tiene domicilio luxemburgués Altaia Capital. Antes de la pandemia lideraba la compra de recibos impagados de compañías telefónicas.

Las personas a las que alguna vez han reclamado deudas conocen el singular exotismo de los acreedores. Las cartas que le llegaban a Mariana V., ecuatoriana que acaba de conseguir la exoneración por insolvencia, le exigían saldar con una sociedad, Intrum, que pese a ser sueca tiene un estado mayor en Dublín.

No solo Axactor e Intrum, dos líderes del recobro, tienen sedes operativas en puntos de laxa fiscalidad. Otros grandes del negocio se domicilian en Dublín (Estrella Receivables Limited), California (Cabot Financial, Pra Group…), Polonia (Kruk), o Mónaco (GE.Ri).

“La mayoría de los acreedores que he conocido en la pandemia están en paraísos fiscales. El dinero que cobran no revierte en la economía española, desaparece en auténticos pozos negros”, deplora desde su despacho en Dos Barrios, en el Campo de Gibraltar, el abogado especializado en deudas Francisco de Paula Díaz. Desde Barcelona señala la economista especializada en defensa de morosos Janira Benages: “Lo que hay aquí es puro call center; la verdadera operadora de la persecución suele estar en el extranjero”.

Segunda regla: comprar barato 

Una de las últimas incorporaciones a este negocio es audaz y de nombre brillante, aunque tenga su base oficial de operaciones en un piso en una primera planta de la calle O’Donnell de Alicante, entre un local de alisado de pelo y otro de tratamiento de uñas. Se llama Debex y se dedica a la subasta rápida de deuda basura por internet.

Su matriz, Esel Ami Consulting, cumple este abril su quinto año de vida. Al principio se estableció como inmobiliaria en un piso de un condominio, entre solares por construir, en la cuarta línea de la playa de San Juan de Alicante.

Administran Debex dos subasteros de deuda de San Petersburgo (Rusia), Boris Dudar y Ruslan Aminev. Alguno de sus precios de salida dan idea de los márgenes a veces enormes del negocio: una cartera de la agencia de morosos barcelonesa Namor Kontor valorada en 10,9 millones de euros… sale por 50.000. O sea, a 0,004 euros cada euro debido y (aún) no cobrado.

Esa cartera debe tener mucha paja. Bancos, financieras y compañías de gran consumo hacen limpia periódica de sus recibos incobrados, entre ellos paja, los agrupan en paquetes de deuda y los sacan a la venta.

Los compradores examinan cuidadosamente cada carpeta en una due dillingence. En esos paquetes se mezclan deudas reclamadas en el juzgado, morosos en paradero desconocido, o plazos de una tarjeta que una familia pagó mientras pudo. Lo que se compra y vende recibe el nombre de NPA (No Performing Assets) y, como deuda, nunca tiene menos de 90 días de edad.

“La créme de los NPA son los créditos hipotecarios, y lo peor los saldos de tarjeta de crédito, descubiertos bancarios y créditos al consumo -explica el experto barcelonés en recobro Pere Brachfield-. El NPA se ha convertido en objetivo de los fondos oportunistas, que llaman buitres. Pagan un 10 por ciento del valor del préstamo impagado, y al banco le puede interesar para eliminar de sus cuentas pérdidas y dudosos”.

Certifica desde Santo Domingo el experto Enrique Rosas que “está creciendo mucho ese mercado, y más con la pandemia, por el margen de ganancias: mayores cuanto mayor es el portafolio de incobrados. Estas compañías manejan hasta un 30% de beneficio”.

El negocio es un Serengeti: se compra a precio irrisorio la deuda de un rebaño de entrampados, y luego los felinos inician la cacería. Los morosos más indefensos caerán. Prácticamente todo lo que saque el recobrador será ganancia.

Tercera regla: pegar duro

Fernando J., empleado de una plataforma telefónica de Intrum, cuenta que ha visto de todo en las carteras de impagados: “Las hay de colas hipotecarias, de préstamos personales, de tarjetas… En una cartera vieja he llegado a ver expedientes hasta de 1989; o préstamos frescos, de 2018, pero con morralla, paja de 1991 a 1996”.

A este tipo de deuda, para sacarle jugo hay que darle muy fuerte. Tanto, que a veces la Justicia tiene que intervenir.

“Es una gozada cuando le ganas a quien acosa a desde un paraíso fiscal”, comenta desde San Sebastián (Guipúzcoa) el abogado Rubén Múgica. Aún tiene reciente su victoria pleiteando por un jubilado al que la telefónica Orange reclamaba 259 euros por darse de baja anticipada en 2013. Orange le había vendido el impagado a Altaia Capital en 2016, y esta, desde Luxemburgo, metió al cliente en un fichero de morosos porque no le pagaba.

El endeudado no lo sabía, hasta que un día se lo dijeron en su banco. El juzgado de primera instancia 6 de San Sebastián ha condenado a Altaia por intromisión ilegítima en el honor de su deudor. Cree Múgica que “no se investiga lo suficiente el mercadeo de las deudas para acosar y cobrarlas desde paraísos fiscales”.

Rosas pide no generalizar; no todos los recobradores son así. “Lo malo de quienes se dedican a la compra de deuda para ponerse a cobrarla ellos es que hacen una gestión mala, en la que se acosa, se amenaza... Ahí no hay servicio de excelencia. Tienen una línea muy muy dura”.

De Sidney es la compañía protagonista de la más sonada sentencia por usura de las emitidas durante la pandemia. Pepper Money presta y también recobra sus impagados en España a través de Pepper Finance, cuya cúpula se reparte entre Australia, el Reino Unido y una sede en Dublín.

El juzgado de 1ª Instancia 2 de Burgos condenó por usura el pasado 17 de julio al prestamista australiano, que cobraba un 33,18% TAE en un pequeño préstamo. Dos años antes, a la compañía, una de las duras en esta sabana, también la condenó el juzgado de 1ª Instancia 23 de Mallorca por abusar de un anciano de 80 años con las facultades mentales tocadas.

“Reclamar deudas acosando a ancianos no da buena imagen. Las compañías telefónicas, los supermercados, incluso los bancos, huyen del daño reputacional. Por eso crece la venta de impagados”, explica Santiago Alonso, secretario general del sindicato CGT Telemarketing.

Para cobrar las deudas que compran, los fondos modernos aún usan trucos viejos del oficio, como cruzar los sexos. Siempre son más apreciados los impagos de mujeres que los de hombres, a los que aplicar la vieja técnica de que sea un hombre el que reclame la deuda a una mujer, y una mujer la que negocie con un varón para acordar un calendario de pagos.

Ninguna técnica hubiera ablandado la cartera de Elías R. La última ocupación que ha conocido fue una tarde de bandeja en un cóctel de Repsol, en febrero de 2020. Dice ahora que pagaría por volver a la Barcelona de sus buenos tiempos, y a trabajar a tope, y a tener tarjeta y comprar cosas a plazos, como todo el mundo.

“Yo conocí la Barcelona buena, cuando Barcelona era una ciudad señora”, cuenta. En los 80 y 90 vio nacer las barras del Port Olímpic. Inauguró el Congrejo Loco, sirvió paellas a Esteso y Pajares en la terraza del Salamanca, mirando al mar de la Barceloneta, y atendió a Lopetegui, Julio Alberto y más estrellas del Barça en los camarotes de La Dorada de Travesera de Gràcia.

Sentado en su acera, lo cuenta como si hubiera visto naves ardiendo más allá de Orión, de tan lejos que suena en este punto de la pandemia aquel bullicio de comilonas y propinas. “Entonces había más trabajo”, dice. Y menos subastas de deuda.

Retracto, un derecho desconocido

Uno de los grandes secretos –por desconocido- del negocio es el derecho de retracto. El artículo 1.535 del Código Civil dice: “Vendiéndose un crédito litigioso, el deudor tendrá derecho a extinguirlo, reembolsando al cesionario el precio que pagó, las costas que se le hubiesen ocasionado y los intereses del precio desde el día en que éste fue satisfecho”. Un endeudado tiene la oportunidad legal de pagar a quien compra su crédito la misma bagatela que ha pagado él. Pero para eso el crédito ha de ser “litigioso”, haber sido denunciado y estar en demanda contestada.

“El endeudado –dice Fernando J.- solo dispone de nueve días. Y antes debe enterarse de que su crédito se vendió, y los avisos por carta no son muy rápidos…”.

Puede que una atribulada clienta sevillana de Francisco Díaz se hubiera librado de los recibos pendientes de su coche, unos 5.000 euros, si hubiera sabido a tiempo que su acreedor no era ya Volkswagen Finance, sino Axactor Capital Luxembourg. “Le requerimos para que en el plazo de 30 días naturales proceda al pago de las cantidades que Ud. Nos adeuda…”, decía la carta del recobrador, sólo después de informar: “Le comunicamos que con fecha 16/10/2017 Volkswagen Finance cedió a Axactor Capital Luxemborug una cartera de créditos, y entre ellos el que ostenta frente a usted…” Lástima: habían vendido el 16 de octubre, y la carta tenía fecha del 2 de noviembre.

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