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Dominical | Naturaleza

Coses Nostres: el colapso de un coral emblemático en Ibiza y Formentera

El calentamiento del mar está ocasionando la degradación y desaparición de las colonias de madrépora mediterránea, único coral capaz de crear arrecifes en el Mediterráneo

Detalle de un arrecife a punto de colapsar en s'Olleta des Vedranell, el pasado 18 de julio.

Detalle de un arrecife a punto de colapsar en s'Olleta des Vedranell, el pasado 18 de julio. / CAT

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En s’Olleta des Vedranell, crecían esplendorosas colonias de madrépora mediterránea que se extendían en arrecifes de más de un metro de diámetro, a diez o veinte metros de profundidad, exhibiendo centenares de coralitos (de pólipos) de tonos dorados que desplegaban sus tentáculos para capturar el alimento que les trajera la corriente. Hoy, esas espléndidas colonias ya no existen. Algunos polipos sobreviven, exhaustos, mientras el resto son cadáveres, los esqueletos calcáreos que han quedado cuando las algas zooxantelas que habitaban allí, en simbiosis con la madrépora, la abandonaron por las altas temperaturas del agua.

La madrépora mediterránea (Cladocora caespitosa) es un coral pétreo endémico del Mediterráneo, una especie emblemática tanto por su belleza y antigüedad (ya existía en el Plioceno) como por ser el único coral de estas aguas capaz de formar arrecifes similares a los que construyen especies tropicales. Ibiza y Formentera han contado tradicionalmente con espléndidas colonias a lo largo de toda su costa e incluso a muy poca profundidad, a un metro o dos (su rango alcanza los cuarenta o cincuenta metros). En s’Espardell, sa Conillera y s’Espartar, por ejemplo, se han fotografiado colonias destacables. Y s’Olleta des Vedranell contaba con las que quizás eran las más grandes de los islotes de la zona oeste de Ibiza.

Aspecto de una colonia sana fotografiada en septiembre en s'Espartar.

Aspecto de una colonia sana fotografiada en septiembre en s'Espartar. / CAT

Sin embargo, igual que los corales tropicales, las madréporas sufren un fenómeno conocido como blanqueamiento. El color de los coralitos se lo proporcionan algas zooxantelas que se alían con los corales y usan el dióxido de carbono que producen y otros desechos que para ellas son nutrientes. La simbiosis ha alcanzado tal especialización que los corales necesitan a las algas para vivir, pero el aumento de la temperatura, una alta irradiación solar y la acidificación del agua provocan alteraciones químicas que obligan a los pólipos a expulsar a sus algas. Si no las recuperan, mueren y la colonia colapsa.

Y ese es el escenario que esta temporada de verano están encontrando los más observadores submarinistas y bañistas a lo largo de la costa pitiusa. Las colonias están muriendo. No sólo las sargantanes (Podarcis pityusensis) están desapareciendo por culpa de las malas decisiones de los humanos. Bajo la superficie del mar, otra especie emblemática desaparece sin protagonizar campañas ni ruedas de prensa. En silencio. Sin que sepamos la magnitud del desastre.

Una pérdida irreparable

La madrépora es el único coral que ha perdurado de los antiguos corales nativos del Mediterráneo, el único que crea y modifica su hábitat con la construcción de arrecifes con carbonato cálcico en su estructura.

En es Vedrà, es Vedranell o sa Conillera, donde existían colonias maravillosas, apenas se ven poblaciones sanas. Mientras, el ordenador de buceo marca 29 grados a diez o quince metros de profundidad un 25 de julio. Poco a poco, esos arrecifes de las colonias muertas se van cubriendo de algas, de esponjas y de otros organismos, hasta que, incluso quienes un día las admiraron, olviden que estuvieron allí.

Las dos preguntas fundamentales que ahora se plantean son si algunas de estas colonias que ahora vemos degradadas aún podrán recuperarse y qué futuro tiene la madrépora mediterránea ante las olas de calor marinas recurrentes y el progresivo calentamiento del mar.

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