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Dominical

Memoria de la isla: De los caminos de Ibiza

«He tornat al silenci dels camins / que no duen enlloc. / I és ben cert que he arribat» - Josep Marí, a 'La veu dispersa' (1976).

Una pagesa lleva unas cabras por un camino de Ibiza.

Una pagesa lleva unas cabras por un camino de Ibiza. / Campañá i Puig Ferran. Arxiu d’Imatge i So Municipal d’Eivissa

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Miguel Ángel González

Ibiza

Hace más de 40 años, el Consell de Mallorca entendió la necesidad de rehabilitar los viejos caminos de tierra, esfuerzo que mereció en 1990 el Premio Europeo a la Conservación concedido por The Conservation Foundation, un trabajo de recuperación que continúa. La Mancomunitat de la Serra de Tramuntana actúa sobre más 110 kilómetros de vías rurales en Andraitx, Calvià, Deià, Escorza, Esporles, Estellencs, Fornalutx y Pollensa, con la colaboración de la Escola de Margers de Mallorca. Es evidente que tienen poco que ver los 3.640 km2 de Mallorca con los 572 de Ibiza, pero nuestra isla cuenta con más de 5.000 kilómetros de viejos caminos y nuestros consistorios despiertan. Santa Eulària ya tiene inventariados más de l.000 km de vías rurales, de las que más de 400 ya están en el Catálogo Municipal de Caminos en el que se trabaja desde 2021.

Es un esfuerzo de inventariado que, a menor escala, también se hace en otros municipios. La cuestión ahora es no quedarnos en catalogarlos. Necesitamos recuperarlos, lo que no significa recomponer su asfaltado o asfaltar los que son todavía de tierra. No se trata de dar facilidades a las cuatro ruedas, sino de conservar los caminos que se hacían en carro y ahora deberíamos poder hacer a pie o en bicicleta. Y por supuesto, recuperar también los muros de piedra seca que se desmoronan.

Hemos tardado demasiado en descubrir el valor patrimonial, etnológico, histórico y paisajístico de los viejos caminos, una singular red de senderos trazados nadie sabe cuando para dar salida a las casas aisladas, unir un pueblo con otro, atravesar un bosque, llegar a una fuente o alcanzar una cala, caminos que transitaban carboneros, leñadores, resineros, cazadores y, por supuesto, caballerías y carros; caminos de tierra que en muchos casos, demasiados, al imponerse la motorización se ensancharon y asfaltaron para convertirlos en carreteras. Todavía hoy me sorprenden las carreteras que en nuestra isla acaban en un acantilado o en una playa, Benirràs, el Penyal de s’Aguila, Pou des Lleó, sa Punta Verda, Punta Galera, Portixol, Na Xamena… Invito al lector a que revise un buen mapa de la isla.

Si dejamos de lado los viales verdes de la red primaria, veremos que los de la red secundaria, señalizados en rojo y amarillo, permiten llegar en coche a los últimos rincones, mientras las vías señalizadas en blanco que corresponden a los caminos de tierra han quedado reducidas a la mínima expresión.

Mucho asfalto

No conozco geografías tan pequeñas como la nuestra -pensemos en la contenida red primaria de Menorca- que tengan tanta carretera asfaltada como tenemos en Ibiza. Y al alquitrán le ha seguido el cemento de las urbanizaciones y hoteles que ahora están donde no deberían estar, con la consecuencia de que el aborregamiento estival y masivo devora el paisaje. Al principio, la depredación asfáltica fastidió los litorales, pero hoy le mete mano a la geografía interior y no hay montaña que no esté colonizada. Prima la casa emboscada y tener buena vista, de ahí las casas en el límite de los acantilados, en declives arcillosos que se deshacen y en los vértices de las colinas.

Descorazona repasar los recorridos del Archiduque o los que hace sólo unos años hacía con su colla de caminantes Marí Cardona. Los caminos de tierra desaparecen. Había caminos icónicos como el Camí de Missa, els que utitzava mossènyer por portar la salpassa, els Camins dels Passos, senyalitzats amb merlets blancs amb una creu al voltant de l’església, el Camins de ses Fonts que retenían un sentido mítico, casi sagrado, y caminos con nombres propios, tantos que son la historia de nunca acabar, camí de Forada, de Moscarter, des Savinar, de Cala Salada, de ses Torretes, de ses Balandres, Cami Vell de Sant Mateu, Camí des Terçet, de Gatzara, d’Atzaró, des Pla Roig, de Perella, de sa Font den Miquelet, des Broll de Buscastell, Camí Vell de Labritja, de Morna, de la Font Milana, des Pla Roig, de sa Tanqueta... camins de carro, de ferradura, caminals, caminois, senders, corriols, tiranys, viaranys, tresqueres, carreranys, caminos en los que aún descubrimos las roderas que dejaban los carros.

Repito lo que ya dije una vez, el asfalto de las carreteras ciega la tierra, mata la tierra, entierra la tierra; en la carretera no crece nada, no vive nada; en el camino la tierra respira, está viva; la carretera es indiferente y desabrida, el camino es amable y sabe de nuestros pasos por las huellas que dejamos en él; en la carretera corremos, en el camino andamos; la carretera enerva, el camino relaja; la carretera es ruido y el camino silencio; la carretera corta el paisaje, el camino lo cose; si la carretera es del coche, el camino es nuestro; la carretera ignora el paisaje, el camino nos enseña el paisaje, nos introduce en él. Caminamos caminos y ya somos paisaje.

No somos conscientes de la fragilidad del medio que, preservado durante siglos, ahora destruimos en menos de lo que dura la vida de un hombre. Es hora de que nos convenzamos del valor patrimonial, etnológico, histórico y paisajístico que tienen los viejos caminos y los muros de piedra seca que se ven arruinados. Importa señalizarlos y normalizar las topoguías que faciliten el senderismo con descripción de ruta, orografía, kilometraje, casas y puntos de interés. Nada mejor que echarse al camino a pie o en bicicleta para conocer las montañas, los valles, las torrenteras, la flora y la fauna, nuestros bosques, nuestras casas rurales y, en fin, nuestros paisajes. Estamos hartos de aglomeraciones y asfalto, hartos de artificio.

En busca del sosiego

La acogida que ha tenido el turismo rural es una buena muestra de que necesitamos sosiego y que es una estupidez huir del estrés urbano para caer en el estrés de la masificación estival. ¡Qué difícil es hoy caminar sin ruidos ni tubos de escape los viejos caminos! Demasiado tarde nos damos cuenta de que aquellos caminos identificaban y configuraban nuestro medio rural, además de ser una cartografía espiritual insustituible. Los caminos de tierra son mucho más que caminos.

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