Dominical
Coses Nostres: El bosque en la rompiente
Las algas Cystoseira dominan la primera línea de costa en las islas, crean un ecosistema clave y son bioindicadoras de la calidad del agua

Cystoseira fotografiada en ses Cultivetes (Platges de Comte). / CAT
Cristina Amanda Tur @territoriocat
A poca profundidad y desde el mismo lugar en el que el agua bate las rocas de la orilla al compás del viento, la débil marea mediterránea, los cambios de presión o las embarcaciones que pasan, se extiende un complejo mundo de algas. Entre ellas, brota un grupo destacado y no lo suficientemente conocido capaz de formar densos bosques que cumplen funciones similares a las praderas de posidonia: son productores primarios muy efectivos en la red trófica (producen oxígeno), son el hábitat y el refugio de multitud de animales y son fantásticos bioindicadores de la calidad del agua. Sin olvidar su importancia como parte del paisaje costero mediterráneo.
Son las algas pardas conocidas con el nombre general de Cystoseira, aunque, tras las revisiones taxonómicas de los últimos años, el grupo incluye especies en los géneros Cystoseira, Gongolaria y Ericaria. Quizás sería conveniente adoptar el nombre común de cistoseiras para referirnos a todas ellas de forma natural (igual que hemos hecho ya con la posidonia); los nombres comunes ayudan a acercar las especies al común de los mortales. Y, a decir verdad, en catalán, ya cuenta con los nombres populares de herba de saupa, herba saupera y pèl sauper, denominaciones muy usadas al menos en Mallorca y que hacen referencia al hecho de que los principales herbívoros que se alimentan de estas algas pardas son las salpas (Sarpa salpa).
En el grupo de las cistoseiras -Cystoseira sensu lato (en sentido amplio) si este reportaje fuera un artículo académico- se inscriben unas 45 especies en todo el mundo y una treintena están representadas en el Mediterráneo, aunque sólo una decena han sido citadas en aguas de Balears. En la guía Los bosques submarinos de Cystoseira s.l. de poca profundidad en las Balears, que podéis encontrar en la web de Medgardens (Fundación Cleanwave), se señala que los bosques de estas algas conforman un ecosistema clave mediterráneo «muy vulnerable a las actividades humanas». De hecho, su regresión ha motivado que se inicien proyectos de restauración (con cultivo en laboratorio) en diferentes puntos de Catalunya o Balears.
De las diez especies presentes en las islas, las más abundantes son Ericaria amentacea (antes Cystoseira amentacea) y Cystoseira compressa, según señala el botánico marino Lluis Salom. Y tanto él como el biólogo Xavier Mas identifican las matas de la fotografía como pertenecientes a la especie E. amentacea, propia de las zonas más superficiales, donde bate el mar (la fotografía está realizada en Platges de Comte, en la zona de ses Cultivetes).
En la ficha sobre las cistoseiras que puede encontrarse en la web del Servei de Protecció d’Espècies del Govern puede leerse que estas algas «son de forma arborescente y tienen vesículas de aire. Forman matas densas y llegan a constituir verdaderos bosquecillos sobre fondos rocosos. Su color varía entre el verde y el marrón y pueden alcanzar unos treinta centímetros de altura».
Presiones
Al encontrarse, la gran mayoría, en aguas someras (dependiendo de la especie y la claridad del agua pueden encontrarse excepcionalmente a más de cuarenta metros) son muy vulnerables a todas las presiones que ejerce el ser humano en el litoral. Los bosques en la rompiente se enfrentan, de manera especial, a la contaminación, al aumento de los temporales debido al cambio climático y a los cambios en el hidrodinamismo que conlleva la saturación de embarcaciones (con mención especial para las motos de agua).
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