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Dominical

Coses Nostres: Hora de echar a volar

Muchas de las golondrinas que empezaron a llegar a Ibiza y Formentera en febrero y marzo ya han conseguido sacar adelante una nueva generación que inicia sus primeros vuelos

Un día después de esta fotografía, las jóvenes golondrinas abandonaron el nido.

Un día después de esta fotografía, las jóvenes golondrinas abandonaron el nido. / CAT

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Cristina Amanda Tur @territoriocat

Una nueva generación de golondrinas ibicencas y formenterenses surca ya los cielos y ensaya sus acrobacias para, cuando acabe el verano, realizar una de las migraciones más conocidas y estudiadas de la ciencia. Ninguna otra especie simboliza la migración de las aves como la golondrina común (Hirundo rustica; oronella en las islas). A esta conexión, sin duda, han contribuido Oscar Wilde y Gustavo Adolfo Bécquer, que escogieron esta ave como protagonista, respectivamente, de un cuento y un poema tan conocidos a lo largo y ancho del planeta como lo es la golondrina como anuncio de la primavera. El príncipe feliz, con su triste y aleccionadora fábula, y Volverán las oscuras golondrinas, con su posromanticismo trágico, basan su argumento, precisamente, en el carácter migratorio de estos animales. 

Una nueva generación de golondrinas vuela en las islas, alimentándose, en sus acrobacias, de moscas y mosquitos. También hormigas voladoras, avispas y otros pequeños insectos forman parte de su dieta. Verlas volar a baja altura, en grupo, con sus vuelos en picado, sus rápidos e imprevisibles giros, sus colas bifurcadas y sus largas alas es un espectáculo maravilloso del que puede disfrutarse durante todo el verano. 

Las oronelles son muy fieles a sus lugares de nidificación y no suelen nidificar en colonias. Eligen, por regla general, construcciones humanas en entornos rurales; el nido de la fotografía está fabricado sobre una caja de una instalación eléctrica en un porche en pleno centro de un pueblo. La hembra puso cinco huevos que, en cuestión de dos semanas, y mientras eran incubados con constancia, eclosionaron. Tanto el macho como la hembra pasaron poco más de veinte días cazando insectos cerca del nido y alimentando a los pequeños hasta que crecieron tanto que apenas cabían los cinco en su nido de barro. Finalmente, echaron a volar. A menudo, los padres siguen alimentando a los juveniles incluso cuando ya han abandonado el nido. 

La misma pareja de golondrinas aún es posible que haga un par de puestas más, aunque quizás ya no sean de cinco sino de cuatro huevos. Y hay que recordar que destruir nidos de golondrinas, vencejos y aviones (incluso cuando no los están usando) está prohibido y puede comportar cuantiosas multas.

La golondrina común es abundante en las Pitiusas en los pasos migratorios. Y sólo una parte de las aves de paso se quedará para nidificar en las islas. Los primeros ejemplares se observan ya en febrero y la mayoría llega en marzo y abril. Ya se ha detectado que muchos ejemplares llegan semanas antes de lo esperado y abandonan el territorio semanas más tarde de lo que era habitual. Estas variaciones se atribuyen a los efectos del cambio climático, que está modificando los patrones migratorios de las aves, con desajustes ecológicos cuyas consecuencias aún no somos capaces de entender por completo. 

Llegada a la crisis de los insectos

El uso de pesticidas en la agricultura es la principal causa del declive de los insectos que, a su vez, provoca un descenso de las poblaciones de aves insectívoras como las golondrinas. Desde la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) advierten que esta especie «ha experimentado una tendencia de declive de la población muy acusada y, por ello, en el Libro Rojo de las Aves de España 2021 se ha calificado como Vulnerable». 

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