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Dominical

Coses Nostres: Un endemismo balear que cumple 25 años

En 2001, la curruca de las islas, abundante en pinares y sabinares de Ibiza y Formentera, fue elevada a la categoría de especie endémica del archipiélago

Curruca balear fotografiada en un bosque en es Amunts.

Curruca balear fotografiada en un bosque en es Amunts. / CAT

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Cristina Amanda Tur @territoriocat

Ibiza

En el año 1913, el ornitólogo alemán Adolf von Jordans estudiaba la variabilidad geográfica de las aves cuando encontró, en Mallorca, una preciosa curruca de color gris pizarra que se parecía mucho a una especie propia de Córcega y Cerdeña y que, sin embargo, mostraba algunas sutiles diferencias en el tono del plumaje y en el tamaño (más pálida y pequeña). Así describió una subespecie balear del pájaro, Sylvia sarda balearica.

En aquella época, y no hay que olvidarlo, la ciencia avanzaba a fuerza de matar animales y conservarlos disecados o sumergidos en alcohol en museos y colecciones, de forma que en aras de la investigación —y del ego de muchos investigadores— se diezmaron poblaciones y se ampararon auténticas barbaridades. Y Jordans, zoólogo de su tiempo, realizaba sus descubrimientos en las islas con la ayuda de una escopeta y de un taxidermista. En la actualidad, disciplinas como la ornitología intentan ser coherentes con los fines de la conservación que debe justificar su trabajo, aunque brindar el mismo respeto a los individuos de cada especie tanto como a las propias especies es aún una asignatura pendiente para la ciencia en su conjunto. En cualquier caso, el ornitólogo alemán describió esta subespecie balear con los centenares de aves muertas que se llevó a su tierra; también describió para las islas las subespecies del ruiseñor bastardo (Cettia cetti salvatoris) y el papamoscas gris (Muscicapa striata balearica).

Ya en el año 2001, una exhaustiva revisión de todo el género de las currucas —menos de treinta especies— elevó la curruca balear a la categoría de especie, separada de la tirrénica. Tal separación viene justificada por las diferencias antes citadas a las que hay que sumar las distintas vocalizaciones de los machos de las dos variedades y la variabilidad genética descubierta con técnicas que Adolf von Jordans no podía ni imaginar. La nueva clasificación fue aceptada en el año 2003. Y dos décadas después y basándose en los estudios filogenéticos iniciados con el trabajo de 2001, la mayoría de las especies del género Sylvia pasaron al género Curruca, de modo que el nombre científico de la que habita en las islas es Curruca balearica. En las Pitiusas recibe el nombre popular de enganyapastors coallarga, aunque en Formentera también se usa la forma ganyet. En Mallorca, se conoce como busqueret coallarg (curiosamente, este endemismo balear no está presente en Menorca).

La curruca balear es un ave emblemática de los pinares y sabinares de Ibiza y Formentera. Y aunque su presencia es difícil de detectar en invierno, en cuanto se inicia la primavera —incluso antes—, los machos ascienden a las ramas más altas y despejadas de arbustos y árboles para cantar y atraer a las hembras. Su nombre popular de enganyapastors parece hacer referencia a la hiperactividad que muestran estas aves saltando de rama en rama, que en un momento parecen estar en un lugar y, un segundo después, las oyes cantar en otro árbol.

La curruca balear es el único paseriforme endémico del archipiélago balear, donde se reconocen sólo dos especies endémicas y la segunda es un ave marina, el famoso virot (Puffinus mauretanicus). El virot es una especie en Peligro Crítico de Extinción, mientras que la curruca balear está clasificada como especie de Preocupación Menor porque, a pesar de su restringida distribución, sus poblaciones son estables. Sin embargo, hay que añadir que la imparable urbanización de las islas, la elevada presión turística y la desaparición de insectos ponen en peligro su hábitat y su alimento; sin un cambio de rumbo, no puede garantizarse la conservación de ninguna especie emblemática de las islas.

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