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Historia

Memoria de la isla: de las viejas creencias

«Des que el món és món, l’home ha sentit sempre l’atracció per allò sobrenatural. Ibiza n´és una clara mostra. Hereva de les virtuts i els defectes de mil.lenàries civilitzacions, compta en el seu variadíssim floklore amb una dosi més que respectable de supersticions, embolcallades indefectiblement en el que és tradicional. En les seves velles creences populars existeixen esperits familiars i llegendes d’innegable entroncament amb la mitología precristiana, pràctiques tenebroses, conjurs diabòlics, bruixes, encantaments i sortilegis, matisat tot amb el pintoresc segell del costumisme local». Joan Castelló, (Panorama balear. Núm 13, 1952)

Sepulcro megalítico de Ca na Costa. / D. I.

Sepulcro megalítico de Ca na Costa. / D. I.

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Miguel Ángel González

Miguel Ángel González

Ibiza

En esto de los miedos, las creencias y los supuestos saberes, quienes habitamos este alambicado y pretencioso siglo XXI no diferimos en lo esencial de los que erigieron el enigmático sepulcro megalítico de Ca na Costa. Ellos y nosotros, de las preguntas fundamentales, -de dónde venimos, en dónde estamos, quienes somos y qué hacemos aquí-, no sabemos nada de nada. Millones de años no han servido para sacarnos de la incertidumbre, la perplejidad y el miedo. Las representaciones simbólicas de Lascaux y Altamira que proyectaban los temores y las esperanzas de nuestros ancestros no difieren en lo básico de los sueños de la física cuántica, la robótica, la Inteligencia Artificial y nuestras ingenuas expediciones espaciales que en la inmensidad del Universo son como salir a dar un paseo hasta la vuelta de la esquina.

Siento curiosidad por saber el peso de lo invisible y de lo que resultaba incomprensible en el medio rural que vivieron nuestros tatarabuelos, el mundo dels barruguets, follets, fameliars y bruixes, un mundo, por cierto, no más fantástico que el que imaginamos al sumergirnos en el inmenso Cosmos (lo macro) y en el mundo nanométrico de una millonésima de milímetro (lo micro). Me pregunto si no seguimos dando palos de ciego, arañando un Infinito que seguimos sin poder definir, sin saber qué es. El supuesto progreso sólo consigue llegar a un horizonte que delante nos deja ‘otro’ horizonte, zanahoria que nos mueve y no parece llevarnos a ninguna parte.

«El nostre pagès –me dice un amigo- ja no creu en les bruixes, l’home del sac ni tampoc en la Por que sortia, aixó deien, com a fantasma, olibassa, ca ulador o calavera as Portal Nou, a les tàpies de la Casa del Rey Moro, al pont Vell de Santa Eulària i a les coves de Babaluet». Es cierto que los ritos propiciatorios y las brujas han caído en descrédito, pero no tanto como cabría imaginar porque, veladas y vaciadas de su significado primitivo, mantenemos viejas creencias y repetimos con nuevas formas antiguos ritos, creamos mitos y ritos nuevos. El racionalismo y el cientificismo no han hecho recular del todo ciertas personalizaciones de lo numinoso. Les ballades a les fonts i pous, sin ir más lejos, tienen un profundo sentido mágico y religioso, celebran la vida, potencian la cohesión social, son rituales de purificación y conexión con la naturaleza y nos aseguran la fertilidad de la tierra. Se baila para que el pozo no se seque y quede protegida la comunidad. En los pozos y fuentes se escondían barruguets y bruixes, de aquí la advertencia: «Res de bo pots cercar-hi dins es pou, / beneïdes les aigues ja hi són / mes ningú ha tret les bruixes del fons, / quimeres, diables i cabrons / Ho pots saber tirant-hi un roc / veuràs les bruixes, /arramangades les cuixes / i de la boca traient foc». Una de las peores jugarretas de las brujas era lanzar destempladas tormentas. Se cuenta del rector que, cabreado al comprobar que las brujas no hacían puto caso de sus letanías, salía de la iglesia levantando el dedo acusador y lanzando al cielo los zapatos con la esperanza de que el zapatazo les alcanzara en los morros.

Cortar los nubarrones

Otras veces, se recurría al tallanúvols, que con dos cuchillos matanceros simulaba cortar los nubarrones. Cuando Macabich habla de las brujas comenta que no conoce ningún caso de brujería ni intervención de la Inquisición, pero sí nos habla de un presbítero, Jaume Company, que para la curación de enfermos pedía su ropa interior que ponía bajo sus pies en la celebración de la misa, con 13 velas y 13 nudos cruzados. También advierte que convenía estar atentos a los sucesos extraños que se daban en Cuaresma, Semana Santa, el Día de Difuntos y el de Todos los Santos. Y nos habla también de caramels de bruixa, empelts de bruixa i remolins de bruixa. Y nos recuerda la canción infantil de cuando un rayo de sol se colaba entre nubarrones negros: «Plou i fa sol, / ses bruixes es pentinen; / plou i fa sol, / ses bruixes porten dol».

Joan Castelló, menos comedido que Macabich, comenta que en la isla hubo brujas, algún aquelarre y el comercio del Diablo con alguna mujer. Explica que las brujas ibicencas practicaban el curanderismo, adivinaban el porvenir y el pasado, descubrían los escarceos de un marido extraviado, preparaban un filtro , mal trago, para cazar a un buen pretendiente, facilitaban sortilegios para vengar agravios o deshacer maleficios; pero eso sí, eran prácticas que exigían fórmulas cabalísticas, esotéricos ritos y extraños ingredientes, el asqueroso y verrugoso sapo, gatos, gallinas y lagartijas negras, estampas de santos, retratos, pelos, oraciones, tierra de cementerio, brebajes, ungüentos, alfileres y extraños objetos que mezclados conseguían infalibles remedios.

Reminiscencias en nuestros días de aquellos días brujeriles es la salpassa, ritual que en Sant Joan, a los siete años, yo seguía con admiración. «Mossènyer, ajudat per l’escolanet, encastava un grumoll de sal humida en el llindar de les portes, sobre la cort del bestiar, de la xemeneia i en tots els racons. La sal ruixada tenía una virtut admirable i s’aguantava al lloc on havia estat estintolada». Y señales protectoras que ya no se hacen pero nadie borra son de las cruces con lechadas de cal en los muros. Todavía hoy conservamos las ramas de olivo y las palmas que se bendicen el Domingo de Ramos y colocamos como protección en ventanas, balcones y puertas.

Cierto que las brujas ya no vuelan a horcajadas de una escoba. Los nuevos bruixots visten bata blanca y habitan secretos laboratorios en los que lo mismo crean vacunas sanadoras que virus que paralizan el planeta. En sofisticadas instalaciones subterráneas que han arrumbado la cueva de la bruja construyen artefactos de destrucción masiva y manejan superordenadores cuánticos que dejan en ridículo a la mente humana. Estos nuevos brujos, que en vez de sayal llevan corbata y en vez de escoba vuelan en jet, son infinitamente más peligrosos que les velles bruixes, nas de ganxo, desgrenyades, brutes i envoltades d’animals diabòlics, ratpenats, rèptils llefiscosos i gripaus que recitaven vells conjurs: «La caldera va voltant / i així hi anirem tirant / un budell emmentzimat. / tu, calàpet que has estat / trenta dies amagat / sota la pedra foguera / i de verí t’has inflat / bull primer dins l’encantat / aldarull de la caldera».

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