Memoria de la isla
Memoria de Ibiza: Los años del NO-DO
Para quienes no conocieron los años 50 y 60 que comentamos en estas notas, conviene decir que el NO-DO, acrónimo de ‘Noticiarios y Documentos’, fue una revista cinematográfica oficial de obligado visionado entre 1943 y 1975 en todas las pantallas españolas

Franco en una imagen del NO-DO. / D.I.
Miguel Ángel González
El régimen franquista utilizaba el NO-DO como instrumento de propaganda, proyectando del país una imagen idílica, unida y de progreso, al tiempo que nos dictaba comportamientos y nos adoctrinaba en los contenidos del llamado 'Movimiento Nacional', organización política de la dictadura basada en los ideales que dieron vida a la Cruzada —así llamaban a la incivilizada Guerra Civil—, basados en el nacionalismo, el catolicismo y el anticomunismo.
Quienes íbamos las tardes de los domingos al Cine Serra, al Pereira o al Central Cinema, vimos tantas veces el NO-DO que no hemos olvidado su cabecera arcaizante, con el águila imperial, el escudo nacional y el yugo y las flechas que evocaban a los Reyes Católicos. En las neuronas tenemos anclada la voz engolada, paternalista, prosopopéyica, redundante y moralizadora del locutor, -casi siempre Matías Prats (padre)- y su sintonía marcial y gloriosa que podemos tatarear como las tablas de multiplicar y el padrenuestro.
En aquel noticiario aparecía siempre Franco, -al que el locutor llamaba como en las repúblicas bananeras Caudillo, Excelencia y Generalísimo-, pescando desde el yate Azor atunes que le enganchaban en el anzuelo submarinistas de la Armada, o inaugurando pantanos, o presidiendo paradas militares, un funeral en El Escorial, una Corrida de la Beneficencia, un homenaje a los Caídos, una actuación de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de la Falange, cazando venados en los Picos de Europa, postrado ante el apóstol Santiago y la Pilarica, desfilando bajo palio en las procesiones o dando una arenga desde el balcón del Palacio Real a un público que enfervorizado gritaba ¡FRANCO, FRANCO, FRANCO! Para nosotros, su imagen omnipresente era casi doméstica y familiar, pues también lo teníamos en el frontis de las aulas, junto a José Antonio, sobre la tarima de la monja o del maestro.
Lo curioso del NO-DO era que no hablaba de las cartillas de racionamiento, ni de los maquis, ni de los fusilamientos, ni del estraperlo, ni de las huelgas, ni del fracaso de la División Azul, ni de las aberraciones que se cometían en los albergues del Auxilio Social con los hijos de los republicanos encarcelados, eliminados o que se dejaban la vida trabajando con pico y pala en el mausoleo faraónico que su Excelencia se construía en el Valle de los Caídos.
Vetadas las malas noticias
En el NO-DO estaban vetadas las malas noticias y, si las había, era cosa del contubernio judeo-masónico, que nadie sabía qué era. El NO-DO fue la crónica sentimental y kitsch del franquismo que, milagrosamente, no nos hizo mella. Mientras lo proyectaban, nosotros, chicos entonces, nos entreteníamos con nuestro cucurucho de pipas, chufas o cacahuetes que habíamos comprado en el carrito de chucherías de na María del Bisbe.
Para los hijos de la Benemérita, los del cuartel de Azara, el NO-DO fue una bendición porque era el tiempo que aprovechaba el acomodador para situar al personal y cuando la fanfarria del noticiario acababa, era cuando el señor Bécares, portero del Pereira, si estaba de buen humor nos dejaba entrar de matute y, con las luces apagadas, colarnos a nuestro paraíso en la luneta. Tampoco los mayores prestaban al NO-DO la más mínima atención, dominaba la cháchara que obligaba –supongo que por prescripción de la autoridad competente- a subir el volumen del noticiario para que el panegírico se oyera, circunstancia que hacía que el personal también levantara la voz, sobre todo en el ‘gallinero’. Y el guirigay era total. Aquella España del NO-DO, ‘Una, Grande y Libre’, era la que también oíamos por la radio en el ‘Parte’, noticiario con cartela todavía de guerra que empezaba y acababa con el Himno Nacional.
Pero no era todo. Al adoctrinamiento del NO-DO se sumaba el de la Formación del Espíritu Nacional, –‘maría’ infame que nos impartían en el Instituto´ como asignatura obligatoria desde 1953 con aquellos librotes de tapa dura y colorada de Editorial Doncel, ‘Política económica’ y ‘Política social’, con textos de Fraga Iribarne, Fernández Miranda, Jaime Capmany, Julián Marías, Dionisio Ridruejo, Laín Entralgo, Torrente Ballester y Sánchez Silva, todos vehementes en su empeño de insuflarnos el sentido patriótico con figuras como Viriato, don Pelayo, Agustina de Aragón, Hernán Cortés, el Cid Campeador, los generales Mola y Moscardó y, por supuesto, el ‘redentor’ de la Patria, el Generalísimo que, como Moisés guiando a su pueblo hacia la tierra prometida, reconducía España por la senda del nacionalcatolicismo y recuperaba nuestra grandeza imperial. Hoy sorprende algún detalle de aquellos libracos, caso de las poesías que recogían de Antonio Machado, entonces perseguido y exiliado.
En aquellos manuales que conservo pueden leerse frases como estas: "España no es un trozo de tierra, es una ‘Unidad de Destino en lo Universal’ y ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo". O esta otra: "La dictadura es la forma idónea de gobierno, pero el español, noble y un poco anárquico, necesita la labor del Caudillo para dominar el desorden y la indisciplina". Aquellas soporíferas clases se orientaban a infundirnos la misión de España en el concierto de las naciones, su heroica historia y su acción colonizadora en América, inculcándonos los valores viriles de la raza, el tradicionalismo, el antiliberalismo, el militarismo y el amor a la Patria, palabra sagrada que si escribíamos con minúscula nos penalizaba la nota.
'Hogar' para las chicas
Confieso que me pasaba aquellas clases mirando por el balcón —¡suerte tuvimos del paisaje!— la marina del antepuerto, el faro de Botafoc y las embarcaciones que iban y venían. Y no es que las chicas, con aquello de la segregación de sexos, salieran mejor paradas. Su asignatura se llamaba ‘Hogar’ y era impartida por profesoras de la Sección Femenina de la Falange, severas matronas que las instruían en labores de cocina y costura para ser buenas amas de casa cuando se casaran. Aquellos fueron años grises, es cierto, pero los recordamos felices porque aquel intento de adoctrinamiento nos resbalaba, aunque inocuo no era cuando incluso los tebeos nos daban parecida matraca viril, patriótica y paramilitar, con cuadernillos como ‘Hazañas Bélicas’, ‘El Guerrero del Antifaz’, ‘El Capitán Trueno’ –auténtico matamoros-, ‘Diego Valor’ y ‘Roberto Alcázar y Pedrín’. Yo creo que de aquellos años los hijos de nacionalcatolismo, los niños de derechas que decía Umbral, salimos vacunados.
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