Costa de Ibiza
Imaginario de Ibiza | Las coqueras de Caló de s’Oli
El tramo de costa abrupta situada a espaldas del escenario exterior del auditorio, al igual que la presencia del Cap Nunó, ejercen de insólito telón de fondo para los espectáculos que allí se programan

Vistas desde la costa del Auditorio Caló de s’Oli. / X.P.
Xescu Prats @xescuprats *
En la delicia de la sal todas son lanzas del espíritu... ¡Yo avivaré con sal las bocas muertas del deseo!
Aunque ya han pasado casi cinco años desde la inauguración del Auditorio Caló de s’Oli –una de las contadas infraestructuras capaces de generar orgullo genuino a cualquier ibicenco que se haya desplazado hasta él para disfrutar de la música, la danza o el teatro–, el edificio proyectado por el arquitecto José Antonio Ruiz Jiménez sigue produciendo emoción. En su escenario exterior, situado en esa plaza de planos irregulares abrazada por un edificio que refleja el naranja del atardecer incluso antes de que se produzca, con el mar de la bahía de Portmany como telón de fondo, las sensaciones generadas por el arte se multiplican.
Su estructura, además, ejerce como barrera y aísla al público que acude buscando la belleza en el arte de la fealdad reinante en un barrio que no ha envejecido con buena salud ni estética. Quien haya contemplado aquí un recital con mar de fondo y las olas salpicando la costa rocosa, en la retaguardia del escenario, como ya ha ocurrido en alguna ocasión, sabe que la experiencia es deslumbrante.
El magnetismo del recinto, con su terraza elevada que conforma un mirador excepcional de la costa de poniente, se redescubre con cada nueva visita, incluso aunque se trate de una aproximación virtual. Hasta ahora no me había detenido a observar el inmueble a vista de pájaro, utilizando alguna de estas herramientas que Internet pone a nuestro servicio, pero el efecto de sus líneas arquitectónicas desde tal perspectiva merece un comentario aparte.
La planta baja del Auditorio tiene forma de U, al igual que la cubierta de la terraza de la planta superior y la acera que rodea el edificio. De suelo a techo, cada uno de estas U superpuestas van reduciendo su tamaño, esbozando una suerte de eco que se prolonga a través de las filas exteriores de bancos de madera que se sitúan frente al escenario y que poseen idéntica forma. Desconozco si el arquitecto José Antonio Ruiz Jiménez buscó este resultado a propósito, pero es magnífico.
De la misma forma que el inmueble seduce, lo hace también el tramo de costa situado justo delante, hasta el extremo que parece inevitable acudir a Caló de s’Oli y asomarse a su orilla de escollos afilados y repleta de coqueras, como se aprecia en la fotografía, bastante reciente. El agua de mar contenida en estas oquedades, ahora llenas por efecto de temporales recientes, comienza a evaporarse con el calor primaveral, hasta que ya no quede una gota y la forma ondulada de cada orificio se cubra con una pátina de sal marina. Hoy nadie en sus cabales se atrevería a recoger sal de cocó en la orilla de Caló de s’Oli, después de los graves episodios de vertidos que se han producido de manera reiterada en esta zona. Sin embargo, no me cabe duda de que, en el pasado, alguien la recogió y aprovechó, tal y como sucedió también en muchas otras zonas de la costa ibicenca, cuando alrededor de ella todo era puro y la contaminación no existía.
El contraste entre el edificio, este tramo abrupto y lunar, el azul del mar, la grandeza del Cap Nunó justo delante y el perfume a salitre, cuando no llega con otros aderezos, constituye una de las pocas experiencias relevantes que proporciona la fusión entre naturaleza y contemporaneidad arquitectónica que podemos encontrar en la isla.
El gran escenario de poniente
Caló de s’Oli ha pasado de ser un tramo olvidado de costa, que únicamente frecuentaban los vecinos que paseaban a sus perros buscando la soledad del páramo, a convertirse en uno de los espacios vinculados a la cultura más singulares de Ibiza. El auditorio ya ha rodado lo suficiente como para acoger diversos festivales, como el Sol Post a s’Oli, el Soul Food Fest, las Jornadas Flamencas o el Rock Island Festival, y siempre produce el mismo efecto en quien lo descubre por primera vez: asombro.
(*) Cofundador de www.ibiza5sentidos.es, portal que recopila los rincones de la isla más auténticos, vinculados al pasado y la tradición de Ibiza
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