Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Zoom

Fin del misterio: El chef de Scapar nunca había escapado

La ‘desaparición’ de Koichi Kuwabara que había insinuado el dueño del restaurante acabó en los juzgados y este ha tenido que indemnizar por despido improcedente y daños morales al cocinero

El chef Kouichi Kuwabara, que dirigió el restaurante con una estrella Michelin Scapar, en una de las salas del despacho especializado en derecho laboral y administrativo Novacelona.

El chef Kouichi Kuwabara, que dirigió el restaurante con una estrella Michelin Scapar, en una de las salas del despacho especializado en derecho laboral y administrativo Novacelona. / Pau Gracià

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Ferran Imedio

Nadie podrá negar que la historia de la desaparición del chef de Scapar (Barcelona), Koichi Kuwabara, era muy golosa porque, sobre todo, invitaba al juego de palabras fácil: parecía que había escapado tras conseguir la estrella Michelin. Todo comenzó (o acabó, según se mire) el 25 de noviembre pasado. Aquella noche, no subió al escenario de Málaga donde se celebraba la gala de la guía roja para ser homenajeado como el resto de colegas que habían recibido la preciada distinción, tal como estaba previsto.

Desde entonces, a Kuwabara lo buscaba, supuestamente, el dueño del restaurante, Yukinobe Tone, que al principio dijo a varios medios de comunicación no saber nada de él, dando a entender que el cocinero se había esfumado inopinadamente. Y mientras este guardaba un prudente silencio, toda clase de teorías comenzaron a correr en un mundillo gastronómico tan sorprendido como intrigado con esta historia. ¿Temía no poder con la presión de gestionar un restaurante con una estrella Michelin? ¿Estaba enfermo? ¿Había vuelto a su país? ¿Se escondía de alguien más que del dueño del restaurante?

Antes, en Dos Palillos

El misterio fue aumentando cada día que pasaba, y parecería que solo un especial de Quién sabe dónde dirigido por Paco Lobatón podría poner luz a toda esta oscuridad que rodeaba a un cocinero que, antes de servir sus menús omakase en la pequeña barra de Scapar, había trabajado en Dos Palillos («un chico fantástico, increíble, que estuvo muchos años conmigo, comenta el chef, Albert Raurich, a este diario).

Mientras tanto, las peticiones de reservas que fue recibiendo el establecimiento desde aquel 25 de noviembre se fueron aceptando como si nada estuviera pasando, aunque luego se iban anulando semana a semana porque Tone no era capaz de abrir el Scapar sin Kuwabara; no encontró a nadie que, con las condiciones de trabajo que ofrecía, fuera a mantener el nivel que tanto había agradado a los inspectores de Michelin.

En realidad, todo fue mucho más sencillo... y desagradable. Kuwabara acabó en urgencias la noche antes de ir a Málaga para recoger la estrella en un viaje para el que, según explica, tuvo que pagarse de su bolsillo (avión y hotel) porque el dueño del restaurante se había desentendido de sufragar los gastos. Se presentó en el Clínic con un ataque de ansiedad. Relata que llevaba meses soportando unas condiciones de trabajo insoportables; el establecimiento había comenzado con cuatro trabajadores (uno de ellos a media jornada) y en la etapa final, el chef llegó a estar solo durante unos tres meses hasta que Tone contrató a un segundo de cocina que le estuvo ayudando en las últimas semanas antes de que petara.

Tiempo atrás, Kuwabara ya había tenido que parar tres días porque apenas podía mover el cuello y la espalda, algo que no gustó al amo: «Pues a mí me duela la barriga», le soltó entonces, recuerda el cocinero. «Sus horarios eran excesivos, con jornadas de hasta 16 horas de trabajo y llevaba a cabo tareas que no le correspondían, como comprar, coger reservas, atender a proveedores, barrer, limpiar los baños, lavar los platos, además de cocinar y servir a los clientes...», relatan la abogada Júlia Pérez Prat, abogada, y la graduada social Belén Amarelle, profesionales del despacho especializado en derecho laboral y administrativo Novacelona que llevaron su caso a los tribunales y que acaban de ganar este 15 de abril; en una conciliación, el empresario ha aceptado indemnizar a Kuwabara por daños morales y pagar el despido improcedente.

El chef había acudido a las oficinas de Novacelona cansado del trato de Tone. «Soy japonés como él y, por nuestra cultura, cuando te piden cosas tienes que hacerlas sí o sí, sentimos una gran responsabilidad, y hacemos incluso más de lo que toca porque somos así. Y él, que lo sabía, se aprovechó de eso», se lamenta. «Soy cocinero, llevo 12 años en Barcelona y sé que el mundo de la cocina es muy duro, pero lo de Scapar estaba muy por encima de lo que es muy duro».

Las noticias que vio publicadas en las que el empresario decía que no sabía dónde estaba colmaron el vaso de su paciencia. Y presentó una demanda de extinción de relación laboral por vulneración grave de sus derechos dadas las condiciones de trabajo que sufría y por haber visto atentado su «dignidad, honor y prestigio profesional» con aquellas declaraciones.

La noche que Kuwabara reventó, tuvo que explicar al médico el por qué de su situación. Y este le dio la baja al instante. «Y me dijo que no hablara con Tone, que estuviera tranquilo», recuerda. «Es que no hacía falta hablar con él -añade Pérez Prat-; por ley, los trabajadores no tienen obligación para decir que están de baja o explicar el motivo porque hoy en día, esta se comunica a la empresa al día siguiente con una notificación del Instituto Nacional de la Seguridad Social, así que el dueño mentía cuando decía que no sabía nada y que decía que pensaba que se había escapado».

Este diario se puso en contacto con Tone, que vive en Japón aunque iba y venía a Barcelona cuando el restaurante estaba abierto (incluso viajó para firmar, el 15 de abril, el acta de conciliación). El empresario, que ha ganado dinero comprando, rehabilitando y vendiendo viviendas, según le han contado a Kuwabara, fue preguntado en enero por las recientes publicaciones en las que declaraba que su cocinero se había escapado de Scapar. Y aunque admitió a EL PERIÓDICO que sabía que estaba de baja «por problemas de salud», señaló que su idea era reabrir el establecimiento «lo antes posible».

Pero Scapar nunca más abrió. Kuwabara sigue de baja, recuperándose poco a poco («estoy mucho mejor, más tranquilo»), con ganas de montar su propio restaurante en el que unirá las gastronomías de aquí y de su país («quizás en otoño»). Y el misterio que nunca existió, al fin ha quedado resuelto en los juzgados y en la prensa.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents