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Naturaleza

Salvar a los polinizadores en Ibiza: Más amapolas y menos veneno

La desaparición de polinizadores preocupa cada día más a los expertos, que señalan que la agricultura ecológica y regenerativa, que aumenta año tras año en las Pitiusas, debe ser el agente del cambio

Campo de amapolas en Puig d’en Valls . / FOTOS CAT

Campo de amapolas en Puig d’en Valls . / FOTOS CAT

Cristina Amanda Tur (CAT)

El ataque de Netanyahu y Trump al país de los ayatolas ha puesto de manifiesto, para el mundo entero, la vital importancia comercial del estrecho de Ormuz, un canal marítimo estratégico situado entre Irán, Omán y Emiratos Árabes Unidos. Y junto al número de barriles de petróleo que pasan por este enclave, los medios de comunicación resaltan —quizás en segundo término pero prácticamente a la par—las toneladas de fertilizantes que usan esa vía marítima para llegar a cultivos agrícolas de todo el planeta. Naciones Unidas ha recordado que alrededor de un tercio de los fertilizantes (y los químicos con los que se fabrican) provienen de los países del Golfo.

Sin embargo, el análisis no está completo si ocultamos una realidad inquietante, y es que la dependencia de los fertilizantes sintéticos —esencialmente el exceso de los que usan nitrógeno y fósforo— está destruyendo los ecosistemas, contaminando las aguas y liberando gases de efecto invernadero. Sumado a herbicidas y plaguicidas, representan la principal causa de la desaparición de insectos en el mundo, sobre todo insectos polinizadores.

«La agricultura es la principal responsable —especialmente por el uso de pesticidas— de reducir la abundancia y diversidad de polinizadores, y debería preocupar a los gobiernos, empresarios y a la sociedad en su conjunto. Las pérdidas regionales de polinizadores pueden llegar a tener implicaciones para la seguridad alimentaria global y la salud humana». Así de categórica se muestra la ecóloga Anna Traveset en el libro 'La crisis de los polinizadores', de la serie ¿Qué sabemos de? que edita el CSIC (Consejo Superior de Investigación Científica) con la editorial Catarata.

Insectos polinizadores fotografiados en Sant Rafel.

Insectos polinizadores fotografiados en Sant Rafel.

«Sin duda tenemos que ir hacia una agricultura ecológica, que sea más sostenible. Se están llevando a cabo muchas iniciativas en este sentido porque los mismos agricultores están viendo los beneficios de tener en cuenta la biodiversidad alrededor de sus cultivos y la ventaja de tomar medidas como usar márgenes florales en sus plantaciones. Mantener una biodiversidad natural hará que no necesiten aplicar esos pesticidas», explicaba Traveset en el programa de ciencia y medio ambiente de IB3 ràdio, Nautilus. Y añadía que «en esto hemos de ir de la mano los científicos y los agricultores, porque es un problema que nos afecta a todos».

Lo cierto es que, atendiendo a los datos locales, la agricultura ecológica gana terreno en las Pitiusas año tras año. Según las últimas cifras aportadas por las instituciones, que figuran en el Informe de Sostenibilidad 2024 de Ibiza Preservation, la agricultura sin pesticidas ha alcanzado el 18,7 por ciento del suelo agrícola, el doble de lo que existía una década antes. De 2023 a 2024, creció en 67 hectáreas y, en cuatro años, la isla casi ha duplicado su superficie ecológica.

«Los insecticidas provocan la mortalidad directa de insectos, pero luego herbicidas y fertilizantes reducen los recursos florales, con lo cual, indirectamente, también afectan a la abundancia de estos animales». Anna Traveset es investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea) y recibió el año pasado el premio nacional de investigación Alejandro Malaspina por sus aportaciones al conocimiento de la biodiversidad insular. La ecóloga suma a su análisis de la situación una cuestión crucial para salvar a las especies, y es la necesidad de entender que no sólo importan los grupos más famosos de insectos.

Las investigaciones revelan que las mariposas son mejores polinizadores de lo que se creía.

Las investigaciones revelan que las mariposas son mejores polinizadores de lo que se creía.

«Aunque la preocupación por las abejas y los polinizadores ha aumentado en los últimos años, la comprensión del problema aún sigue siendo parcial, bastante superficial y muy centrada en la abeja de la miel, dejando de lado el resto de la biodiversidad», señala. La especie Apis mellifera, de hecho, es sólo una de las 250 abejas citadas en Balears (20.400 en todo el mundo).

Más allá de la especie dominante

«Las abejas son, sin duda, los insectos polinizadores más importantes, pero hay otros himenópteros, como las avispas o las hormigas, que son muy buenas polinizadoras de ciertas especies de plantas. Y, después, aparte de los himénópteros, están los dípteros, con diferentes familias; hay un grupo en concreto, el de los sírfidos, (son moscas pero imitan a las abejas) que son, asimismo, muy buenos polinizadores», explica Traveset. También escarabajos y lepidópteros polinizan una gran diversidad vegetal. Y en el libro podemos leer que, frente a lo que solía creerse, un número creciente de estudios revela que las mariposas pueden ser tan eficaces como las abejas para polinizar muchas plantas, con la ventaja de que son capaces de transportar el polen mucho más lejos que los individuos de otros grupos. Hay, asimismo, avispas especializadas en determinadas orquídeas y, por lo que respecta a las hormigas, son las encargadas de polinizar, por ejemplo, las dos especies de Cytinus que pueden encontrarse en las Pitiusas (la magraneta d’estepa y la magraneta de mel). La clave de unos ecosistemas sanos está en la diversidad.

«Y, aparte de insectos, hay aves y reptiles polinizadores, como las lagartijas, que tienen un papel importante en la polinización de muchas especies, sobre todo en los islotes. Y también hay mamíferos como murciélagos, sobre todo en los trópicos, y algunos roedores, así que, en realidad, hay una gran variedad de animales que polinizan. En total son más de 350.000 especies de polinizadores en todo el mundo».

Dos escarabajos polinizadores.

Dos escarabajos polinizadores.

Por otra parte, el dominio de la abeja como insecto destinado a polinizar plantas acarrea otra serie de problemas. La crisis de los polinizadores está llevando a muchas empresas agrícolas a demandar abejas domesticadas para sus cultivos, sin tener en cuenta que esta especie de cría masiva, que no es muy distinta a una ganadería intensiva, puede empeorar la situación. Así lo explica Anna Traveset: «En primer lugar, las abejas melíferas compiten con las abejas nativas y otros polinizadores por los recursos, por el néctar y el polen. Hay que pensar que cada abeja obrera suele visitar varios miles de flores al día. Y una colmena puede tener una media de 50.000 individuos, que pueden visitar entre uno y cinco millones de flores diariamente (depende de factores como el tamaño de la colonia, la disponibilidad de recursos o las condiciones climáticas). Por tanto, con altas densidades, esta abeja puede reducir muchísimo la disponibilidad de recursos para las otras especies y afectar a su nutrición y a la reproducción». Añade a este apartado que no podemos olvidarnos de que la gran mayoría de las especies de abejas son solitarias; las que tienen un comportamiento social como la melífera son muy pocas. Y las abejas solitarias se ven desplazadas con la ganadería intensiva de abejas de la miel.

Hay que agregar que el traslado de abejas domesticadas aumenta el riesgo de propagación de patógenos como el ácaro Varroa destructor, probablemente el más conocido y más extendido. Y aunque lo hasta aquí apuntado ya es suficiente motivo de preocupación, en el citado libro puede leerse, además, que diversos estudios han demostrado que la abeja de la miel promueve la autopolinización entre flores de la misma planta (geitonogamia), lo que reduce la variabilidad genética y el éxito reproductivo. «El hecho de que muchas plantas aumenten su grado de endogamia debido al comportamiento de la abeja de la miel compromete, sin duda, el futuro evolutivo de esas especies».

Un sírfido rayado (una mosca) sobre un crisantemo silvestre.

Un sírfido rayado (una mosca) sobre un crisantemo silvestre.

En definitiva, los estudios más recientes confirman que las explotaciones agrícolas con mayor abundancia y riqueza de polinizadores —que no usan únicamente especies domesticadas— son las que consiguen una mayor producción, además de ser las más eficientes para conseguir el objetivo de un planeta sano. Traveset pone el ejemplo los cultivos de fresa, en los que se ha comprobado que, al aumentar la visita de otras especies, aumentan tanto la tasa de fructificación como la calidad de los frutos. Abundancia y diversidad marcan la diferencia. Unido a la eliminación de sustancias tóxicas de la agricultura.

«Menos polinización significa menos frutos, menos semillas y también menos alimento para aves, mamíferos, reptiles y para nosotros mismos». Y los insectos no sólo polinizan, «sino que también reciclan nutrientes, controlan plagas y forman parte de las redes tróficas».

Por todo ello, Anna Traveset reclama una mayor implicación política, unas leyes que impulsen una transición urgente hacia una agricultura realmente sostenible y una mayor concienciación ciudadana. No podemos garantizar la seguridad alimentaria sin salvar a los insectos. «Hablamos mucho de la crisis climática pero también sufrimos una crisis de biodiversidad brutal; se están perdiendo especies a un ritmo sin precedentes. Y no sólo especies sino también poblaciones de especies. Y no sólo de insectos. Hace falta una transformación cultural. Hemos de redescubrir nuestro vínculo con la naturaleza.»

Margen de una cuneta antes de la limpieza para eliminar hierbas.

Margen de una cuneta antes de la limpieza para eliminar hierbas.

Corredores florales

La lucha por salvar a los insectos ante la actual crisis de biodiversidad tiene muchos campos de batalla. Y uno de ellos se encuentra en las cunetas, las medianas de las carreteras y los márgenes de los caminos. En primavera, estas áreas se llenan de hierbas con sus flores, convirtiéndose en zonas de alimentación para multitud de insectos. Sin embargo, y a pesar de que los científicos insisten cada año en la importancia de preservar esta vida entre vías, las instituciones no tardan en eliminar las plantas -que aún tienen la anacrónica consideración de malas hierbas- en lo que denominan limpieza de cunetas. La ecóloga Anna Traveset confiesa estar «bastante frustrada» con este tema: «Llevo mucho tiempo sugiriendo que se dejen estas bandas florales de las carreteras, al menos hasta después de la floración, para que los polinizadores dispongan de este alimento, pero no hay manera», afirma. Señala la científica del Imedea que esta limpieza se lleva a cabo incluso en reservas y parques naturales: «quieren tener los caminos limpios para los turistas, pero se podrían poner unos carteles para educar a la gente; necesitamos que todo el mundo entienda que hemos de compartir la naturaleza con estos animales tan importantes, porque también la mayoría de especies silvestres de plantas, más del 90 por ciento, dependen de estos polinizadores que debemos cuidar.

El entomólogo Joan Díaz Calafat, investigador del Museo Balear de Ciencias Naturales (MUCBO), remarca, asimismo, esta cuestión. En el programa Nautilus declaraba: «Se ha visto que, en muchas ocasiones, los insectos usan estas medianas llenas de flores o los márgenes de caminos y cunetas para navegar. Como son estructuras lineales, insectos como las abejas pueden verlas con facilidad y seguirlas, así que las usan no sólo como recurso sino también para orientarse hacia zonas más grandes, con más flores». Resalta que esas áreas son muy importantes para las poblaciones de polinizadores y los gestores políticos no deberían eludir esa realidad. «Yo no creo en las malas hierbas», afirma. Díaz Calafat añade, como factor para entender la desaparición de insectos en el caso concreto de las islas, los cambios en el uso del suelo. La construcción continua destruye hábitats y conexiones entre los campos de alimento y los nidos de los insectos. «Las abejas, en general, vuelan distancias muy cortas. Las más pequeñas quizás vuelen 300 metros desde los nidos a las flores de las que se alimentan. Y esto hay que tenerlo en cuenta para su conservación.»

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