Coses Nostres
Coses Nostres | El cornalígeno del coralígeno mediterráneo
Tres briozoos de color naranja, con los nombres populares de cuerno de alce y cuerno de ciervo, son fundamentales para entender un ecosistema emblemático de los fondos de las islas

Colonia de briozoo naranja fotografiada a 25 metros en s’Espartar (probable ‘Adeonella calvati’). / CAT
A partir de los quince o veinte metros de profundidad, donde la luz ya es escasa, destaca el paisaje de color del coralígeno, un ecosistema emblemático del Mediterráneo conformado por algas calcáreas, gorgonias, esponjas, briozoos y corales. Un paisaje que prospera en las zonas umbrías de las rocas y cuya belleza se despliega en todo su esplendor al alumbrar el fondo con una linterna. Y en ese coralígeno, en los fondos de Ibiza y Formentera, tres especies de briozoos de color amarillo y naranja y que no son fáciles de distinguir conforman lo que podría denominarse un bloque ecológico, al menos así puede analizarse su valor como ingenieros del ecosistema.
Las tres especies son Pentapora fascialis, Adeonella calvati y Smittina (Porella) cervicornis, y aunque son ciertamente muy similares, sus nombres comunes ya apuntan a una pequeña diferencia; las dos primeras reciben el nombre de cuerno de alce, mientras que la tercera es conocida como briozoo cuerno de ciervo, así que las ramificaciones de esta última son un poco más delgadas. Y Pentapora fascialis es la que muestra unas ramificaciones más anchas, igual que la cornamenta de un alce. El briozoo adeonela no tiene un ensanchamiento tan acusado, así que estos podrían ser los primeros apuntes para diferenciar las tres especies, pero, en todo caso, las tres dominan buena parte del paisaje coralígeno, entre otras cosas porque en los fondos de Ibiza pueden encontrarse colonias especialmente grandes. En s’Espartar, es Vedranell o sa Conillera hay estructuras de estos briozoos que alcanzan quizás un metro (las más grandes parecen de la especie Adeonella calvati). Los tres briozoos son fundamentales para entender uno de los ecosistemas más ricos de Balears y del Mediterráneo entero y son, asimismo, cruciales por su arquitectura, porque crean una complejidad estructural que sirve de refugio para peces, crustáceos y otros muchos invertebrados. Sin su tridimensionalidad, que se ramifica a razón de un centímetro por año, el ecosistema sería más plano. En realidad, hay que explicar que se ha estimado este crecimiento en la especie Pentapora fascialis (probablemente la más estudiada), pero la cifra oscila entre pocos milímetros y un centímetro y depende mucho de la luz, la temperatura o las corrientes. En cualquier caso, lo que hay que entender es que son especies de crecimiento lento, lo que aumenta la vulnerabilidad de las colonias. Una colonia grande puede haber tardado décadas en formarse, pero un ancla, una red o la aleta de un buceador puede destruirla en unos segundos. Hay que saber que, al igual que los corales, estas grandes colonias están formadas por multitud de diminutos pólipos adheridos a las estructuras, pequeños animalitos que se mecen con las corrientes aprovechando los nutrientes que pasan en ellas.
En 2020, un estudio sobre los briozoos erectos del Mediterráneo (concretamente del Mar Tirreno), llevado a cabo por la Universidad de Roma, reveló una alta densidad de colonias asociadas a gorgonias y determinó que las dos especies que mostraban grupos más grandes, de más de medio metro, fueron Pentapora fascialis y Smittina cervicornis. Si realizaran un estudio similar en s’Espartar, por ejemplo, es probable que encontraran colonias mayores.
Briozoo es una palabra formada por dos vocablos de origen griego; bríon (musgo) y zoon (animal). Estos animales coloniales resultaron muy difíciles de clasificar, ya que pueden confundirse fácilmente con corales, esponjas, ascidias o incluso algas, pero lo cierto es que se descubren nuevas especies constantemente. Se han descrito alrededor de seis mil (y más de quince mil especies fósiles).
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