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Aves

Coses Nostres | Los mapas híbridos de la paloma mensajera

La paloma bravía, que puede verse en los acantilados pitiusos, es la misma especie que la paloma doméstica y al mismo tiempo se considera su ancestro

Paloma bravía fotografiada en Platges de Comte.

Paloma bravía fotografiada en Platges de Comte. / CAT

@territoriocat

Ibiza

La injusta mala fama de la paloma doméstica hace que a menudo se ignoren sus orígenes salvajes y también los grandes servicios que estas aves han prestado al ser humano gracias a su impresionante sentido de la orientación. La mayor parte de lo que hoy sabemos sobre cómo se orientan las aves y los mapas mentales que componen para moverse por el mundo lo hemos aprendido, de hecho, observando a estas palomas. Sin embargo, la domesticación y la proliferación de la especie en las ciudades ha derivado en un menosprecio que explica que con frecuencia se olvide también que el ancestro de esta paloma oscura pervive en los acantilados de Ibiza y Formentera, conviviendo con las gaviotas y nidificando en las cornisas sobre el mar. El nombre que recibe en estado salvaje es el de paloma bravía, el antepasado silvestre de la versión doméstica. Y aunque se trata de la misma paloma, se consideran dos variedades distintas con una situación compleja, ya que las poblaciones se entremezclan y el alto grado de hibridación entre ellas «puede comprometer seriamente su identidad genética como especie silvestre», según puede leerse en la ficha sobre este columbiforme de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife).

Respecto a la paloma mensajera, esta no es más que una variedad de paloma domesticada que tiene agudizada su capacidad para trazar mapas mentales que la lleven hacia su hogar, algo que se ha conseguido mediante selección artificial a lo largo de los siglos. Todas ellas son una misma especie, una paloma con el plumaje del cuello iridiscente, de colores verde y violeta, y muy fácil de diferenciar del resto de aves de su grupo que pueden verse en las Pitiusas. El macho y la hembra se distinguen sutilmente porque esos dos tonos son más intensos en el macho. Como en otras especies de palomas, al macho se le suele reconocer, asimismo, por su voluminoso pecho y su forma erguida de exhibirlo.

El nombre común en catalán de esta paloma es colom roquer, mientras que su nombre científico es Columba livia. Y parece abundante, en su variedad silvestre, en las rocas y acantilados de la zona oeste de la isla. También puede verse en los islotes. A veces, en zonas interiores, se ven grupos de palomas que probablemente procedan de poblaciones domesticadas que se han asilvestrado, pero observarlas en las rocas de los acantilados es ya una pista para determinar que se trata de la paloma bravía silvestre.

Leche de buche

Además de su sorprendente sentido de la orientación, y entre todas las particularidades que las convierten en aves admirables, puede destacarse que palomas y tórtolas comparten con flamencos y pingüinos la producción de lo que se denomina leche de buche, un compuesto de proteínas y lípidos con la que tanto machos como hembras alimentan a los pichones, que es como se llaman los pollos de las aves columbiformes.

Citando al científico Wendell Mitchell Levi, que en 1941 publicó el libro The Pigeon (una Biblia para los interesados en las palomas), «allá donde ha florecido la civilización, ha prosperado la paloma, y cuanto más elevada es la civilización, en más estima se tiene a la paloma». Si es así, ¿qué podemos inferir sobre nuestra civilización del trato que se da a estas aves?

Contaminación genética y hábitat en peligro

Las poblaciones silvestres se encuentran en declive porque tampoco ellas —al igual que el resto de la avifauna— se libran de un hábitat que se degrada, se masifica y desaparece. El otro motivo del declive es la hibridación entre aves domesticadas, asilvestradas y salvajes. En la ficha sobre esta especie del Ministerio de Transición Ecológica (Atlas de las aves reproductoras de España) puede leerse que «algunos investigadores aseguran que, si no se toman medidas, la paloma bravía silvestre desaparecerá en pocos años como consecuencia de la creciente contaminación genética que se produce al cruzarse con las palomas semidomésticas». Esta situación, sin embargo, no se valora a la hora de permitir a los cazadores matarlas de forma indiferenciada.

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