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Dominical

Coses Nostres: blindar las praderas marinas de las Pitiusas para unas islas resilientes

El Gobierno central ha aprobado un real decreto que pretende aumentar la protección de los bosques tanto de posidonia como de la especie ‘Cymodocea nodosa’, a menudo olvidada

Blindar las praderas marinas para unas islas resilientes

Blindar las praderas marinas para unas islas resilientes

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Cristina Amanda Tur @territoriocat

«Las praderas de fanerógamas marinas del Mediterráneo español están formadas por especies de plantas con flores con una amplia distribución, en profundidades variables en función de sus requerimientos ecológicos, desde la orilla hasta cotas próximas a los 40 metros y sobre sustratos muy variados. Posidonia oceanica y Cymodocea nodosa son las especies dominantes en los ambientes infralitorales del Mediterráneo». Así se inicia el Real Decreto 191/2026, de 11 de marzo, para la conservación de praderas de fanerógamas marinas del Mediterráneo español, una normativa que entra en vigor a final de mes y que tiene el primer acierto de no olvidar que la posidonia, endemismo mediterráneo, no es la única fanerógama de las costas y que la seba, Cymodocea nodosa, aunque mucho menos conocida, también cumple una importante función para la salud de los ecosistemas marinos. Esta segunda especie, cuyas hojas son acintadas como las de la posidonia pero más pequeñas, no es exclusiva del Mediterráneo y puede verse en el litoral atlántico peninsular (Cádiz y Portugal) y en Canarias, donde los sebadales tienen una consideración similar a la que en Balears tienen los bosques de posidonia.

Blindar las praderas marinas para unas islas resilientes

Blindar las praderas marinas para unas islas resilientes

En Ibiza, pueden verse sebadales someros, en muy buen estado, en bahías como la de es Bol Nou, donde posidonia y Cymodocea nodosa comparten arenales —con parches de la segunda incrustados en la gran extensión de la primera— y donde también es fácil encontrar segmentos en los que prospera el alga Caulerpa prolifera, conformando las tres especies un ecosistema muy valioso tanto por la producción de oxígeno como por su papel como refugio y alimento de muchas especies. En el real decreto se resalta la «contribución a la lucha contra el cambio climático» de las dos fanerógamas y se alude a un informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) que calcula que las praderas de posidonia «pueden ser responsables del 40 por ciento del carbono almacenado cada año por la vegetación costera». Es más, incluso se deduce un valor monetario para este beneficio ecosistémico y se indica que la cantidad de dióxido de carbono atrapado por las dos especies de plantas se tasa por una cifra que oscila entre 3 y 45 euros por metro cuadrado. La horquilla es grande, cierto, pero pensad que sólo la gran pradera de es Freus se estima en 700 kilómetros cuadrados. Esa es la verdadera riqueza de las Pitiusas.

Regresión

El texto reconoce que las praderas han sufrido una remarcable regresión en el litoral español y recoge prohibiciones genéricas —aunque con muchas excepciones— para todas las actividades que puedan suponer un impacto negativo para estos hábitats. De esta forma, prohíbe nuevas instalaciones de todo tipo, como gasoductos, cables submarinos, infraestructuras portuarias, energías renovables o balizamientos turísticos, así como sistemas de fondeo que no sean de bajo impacto. Prohíbe sin excepciones «la colocación de urnas funerarias» en las praderas y el fondeo sobre ellas (precepto que ya recoge la ley balear). Asimismo, hace referencia a la necesidad de restaurar bosques marinos degradados e impele a completar y mantener una cartografía actualizada de estos hábitats.

Hay que tener en cuenta que Balears ya dispone de una ley pionera para la protección de posidonia, en vigor desde 2018, y este nuevo decreto unifica criterios para las dos especies en todo el país. Por otra parte, cabe preguntarse si, ya puestos, habría valido la pena incluir en esta protección del bosque sumergido a las dos plantas del género Zostera (Zostera noltei y Z. marina) también presentes en el Mediterráneo español y que cumplen funciones similares en los ecosistemas costeros, aunque son menos abundantes.

La asignatura pendiente

A pesar de que científicos y expertos en hábitats marinos han solicitado reiteradamente que no se retiren los arribazones —las acumulaciones de posidonia, seba y algas— de las playas por su papel clave en la conservación de la costa, el real decreto sigue permitiendo esa retirada en determinados supuestos, por lo que la decisión queda a la discreción de las autoridades locales. Especifica, eso sí, que la temporada en la que pueden retirarse es del 15 de marzo al 15 de octubre, e indica que no deben recogerse nunca de las áreas que «presenten una significativa regresión costera determinada por el mejor conocimiento científico disponible». 

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