Imaginario de Ibiza
Imaginario de Ibiza: Una frontera junto a los varaderos de Port des Torrent
Aunque los extremos de la bahía de Portmany se sitúan en distintos enclaves en función de la fuente consultada, las sensaciones fronterizas que se experimentan en las casetas de pescadores de Punta Pedrera resultan evidentes

Varaderos de Port des Torrent. / X.P.
Nadie escucha mi voz, si rezo o grito: soy isla asida al tallo de los vientos.
Resulta difícil establecer los confines de la bahía de Portmany. Hay quien maximiza sus dimensiones hasta el extremo de situarlas entre la punta que alberga la torre d’en Rovira, en las proximidades de Comte, y el Cap Nunó, incluyendo el islote de es Pallaret y prácticamente rozando sa Conillera. Otros, por el contrario, afirman que comprende el área delimitada por Cala Gració y el Cap Negret en el lado norte y Port des Torrent y Punta Pedrera, en el extremo sur de la ensenada.
En todo caso, dejando al margen las polémicas geográficas, cualquiera que haya paseado por este último cabo, junto a la cantera de arenisca recortada que da forma a una bellísima piscina de agua salada, por obra y gracia de los picapedreros de antaño, no habrá podido evitar cierta sensación de frontera. Dicha percepción se acrecienta junto a los varaderos que cierran Port des Torrent, confrontados a su orilla de arena y cerrando a los bañistas la panorámica completa que sí gozan aquellos que se apostan junto a dichos refugios marineros.
Desde el rompiente, donde se encalla una sucesión de raíles hechos con postes, en buena parte mellados por la falta de mantenimiento, el Cap Nunó se avista esplendoroso y prácticamente paralelo, como si conformara el otro marco del grandioso umbral por el que se accede a la bahía. Junto a los porches desvencijados, con sus estructuras al aire, carentes de cañizos, hojas de palma o tabillas, y los muros de bloque, sin enlucir la mayoría de las veces, pintarrajeados por grafiteros sin la menor traza de artista en el adn, se goza también de una perspectiva casi global de los dos lados de la ribera, que confluyen en la profundidad de la playa de s’Arenal, esta sí invisible.
Si dicha panorámica ya resulta espectacular, cabe imaginar la maravilla que tuvo que representar cuando la bahía no era más que una sucesión de fincas de cultivo, con una casa payesa o un molino aquí y allá, además de la minúscula aldea de pescadores que conformaban la iglesia de Sant Antoni, con su torre defensiva, el arrabal y el faro de ses Coves Blanques, centelleando en la distancia.
Los varaderos, además, son de naturaleza atípica, al estar situados en un tramo de costa baja sin un acantilado que cierre su espalda. Lo único que aguarda a la retaguardia de este páramo es un bosquecillo de sabinas, que aporta verdor y contrasta con el roquedal salpicado de coqueras, donde va acumulándose sal marina. Al haber espacio disponible, muchas de estas guaridas marineras han crecido hacia el interior, mediante aposentos anexos dotados de accesos traseros y laterales. Pese al paso de los años, siguen conformando un punto de reunión y celebración para las familias que en su día las erigieron y cuyos descendientes siguen aprovechando. Un lugar, en definitiva, que enlaza con el pasado de una cala que antaño sólo pisaban payeses y pescadores.
Importante núcleo turístico
En la actualidad, Port des Torrent constituye uno de los principales entornos turísticos de este lado de la bahía, con una sucesión de hoteles y apartamentos, y toda clase de servicios. Antiguamente, la playa se hallaba completamente desierta hasta que se instaló un primer kiosco de madera, cerca de los cañaverales que brotaban en la desembocadura de sus dos torrentes. Entonces los turistas apenas llegaban por tierra, sino que lo hacían navegando a bordo de las golondrinas que salían del puerto de Sant Antoni y que desembarcaban en un rústico apeadero junto a las rocas. En las inmediaciones, campos de trigo y avena delimitados por muros de piedra seca, y manadas de cabras y ovejas que pastaban en las parcelas en barbecho y entre frutales. Quién pudiera verlo así hoy en día, con ese mar cristalino incluso en pleno agosto.
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