Dominical
Imaginario de Ibiza: Cala Vedella desde la punta des Torresí
Pocas playas disponen de un mirador que permita observar toda la extensión de su orilla desde una perspectiva frontal y elevada. Que éste, además, sea de fácil acceso, constituye una singularidad única en la isla.

Panorámica de Cala Vedella desde la punta des Torresí. / X.P.
El joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones (Oliver Wendell Holmes).
Aunque la especulación urbanística ha transformado Cala Vedella hasta un extremo salvaje y contemplar los edificios construidos en las colinas que la rodean hiere la vista, sigue siendo un rincón costero insólito. Para empezar, puede ser definida como la única playa ibicenca que dispone en las proximidades de un mirador de fácil acceso, que permite vislumbrar toda la extensión de su orilla completamente de frente y desde las alturas. Este balcón natural se halla en la denominada punta des Torresí, que envuelve la bahía por el flanco norte, extendiéndose hacia el oeste lo suficiente como para proporcionarle abrigo y, a la vez, lo justo para no cercenarle unos atardeceres fabulosos de verano, cuando el sol se diluye entre una barrera de barcas fondeados de manera algo caótica y los escollos bajos que cierran el cabo.
Existen muchas otras playas que pueden ser contempladas desde una perspectiva lateral, pero hacerlo de manera tan directa y elevada, como ocurre en Cala Vedella, sin necesidad de escalar acantilados o adentrarse por territorios abruptos, constituye una excepcionalidad. Pocas calzadas, asimismo, impresionan tanto como la que desciende hacia el macizo des Torresí zigzagueando desde la encrucijada elevada que, siguiendo por el otro lado de la bifurcación, enlaza con el extremo sur de Cala Vedella y también con Cala Carbó y Cala d’Hort. La carretera va cayendo entre los montes a través de una tupida cortina de pinos, con ocasionales centelleos de mar entre las sombras. Sólo existe un breve tramo, a mitad de recorrido, donde el paisaje se abre al llano, ofreciendo una impresionante visión del islote des Vedrà, que se eleva sobre campos y bosques, cual cordillera, sin que se atisbe una gota de Mediterráneo.
Cuando por fin la vía se aferra a la costa y el horizonte se descubre, impresionan los 180 grados de océano que se avistan, con la falsa ilusión de la cercanía de s’Espartar, acrecentada por sus holgadas dimensiones. Cuando dicho tramo se transita a pie, con tiempo suficiente como para recrearse en los detalles, también se advierten con nitidez las lujosas villas que se arraciman en la urbanización que corona el acantilado de Caló d’en Real. Éstas sí se hallan bien cercanas, distribuidas en torno a calles que llegan a desembocar directamente en el precipicio.
Todo lo contrario que la punta des Torresí, cabo completamente llano y macizo, con una vegetación baja y escasa, a base de savinas, matas y otras especies azotadas por el viento. Milagrosamente, es un páramo natural sin rastro de edificios. Asomarse a Cala Vedella desde aquí es tan sencillo como estacionar el coche y dar diez o veinte pasos sobre el altiplano despejado. La visión de la bahía es total, con su profunda orilla de arena, los varaderos a ambos lados y esa densidad constructiva que lacera la vista, pero no lo suficiente como para no asombrarse del conjunto y dejarse cegar por los destellos que, a mediodía, escupe el mar.
Más allá de las escarpaduras de Cala Carbó se asoma la bastorra des Vedrà, cola del dinosaurio pétreo, y siguiendo la línea de costa hacia poniente también se distingue, a los pies, el rincón des Torresí, minúscula orilla de piedra con unos pocos varaderos al abrigo de un colosal farallón, aferrado levemente a tierra por un extremo. Alberga una cueva elevada sobre el mar, que antaño usaban los contrabandistas para esconder la mercancía. Su habilidad era tan grande que, para subir hasta ella, trepaban por el mástil del llaüt y hacían oscilar la embarcación hasta alcanzarla de un salto. Uno de esos fragmentos inalterados, en definitiva, que todavía perduran en la isla.
Urbanismo feroz
El mirador de la punta des Torresí permite recrearse en el urbanismo implacable que se ha llevado a cabo en todo el entorno de Cala Vedella, comenzando por el otro cabo situado al frente, que cierra la bahía por el sur, y que se halla completamente urbanizado, al igual que la mayor parte de los montes cercanos. Toda esta zona comenzó a construirse en los años 60 y fue declarada urbanizable en las normas subsidiarias de los 80, lo que ha permitido seguir construyendo hasta hoy.
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