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Dominical

Imaginario de Ibiza: Cuando no se le ponían tabiques al campo

Las casas rurales de Ibiza nunca tuvieron vallas opacas. Tan sólo cercas básicas para encerrar al ganado y algunas tapias que protegían las huertas de los animales y del viento. Con el turismo y las segundas residencias llegaron las grandes empalizadas, cercenando para siempre la continuidad del paisaje en muchas áreas

Casa ibicenca restaurada situada en mitad del Pla de Corona. / X.P.

Casa ibicenca restaurada situada en mitad del Pla de Corona. / X.P.

@xescuprats *

Occidente parece inclinarse a unas formas de aislamiento creciente y egoísta (Juan Pablo II).

Observará el lector el contraste entre las dos fotografías que ilustran esta página. Una de ellas se corresponde con una casa ibicenca restaurada situada en mitad del Pla de Corona, junto a un camino por el que pasean los transeúntes, que disfrutan desde prácticamente cualquier lugar de una amplia perspectiva de su geografía. La otra imagen, también tomada hace algunos años, contiene un fragmento de la costa más rocosa de Comte, con una valla que en ese instante tiene el portón abierto y el islote de s’Espartar, con su silueta de cetáceo, en el horizonte cercano. La cerca rodea la villa de un magnate ruso, cerrando el paso a los paseantes en plena zona pública marítimo terrestre.

Antiguamente, el concepto de empalizada no existía en Ibiza, salvo los modestos cercados, completamente transparentes, que impedían escapar al ganado y algunos muretes de poca altura que envolvían los huertos para protegerlos de las inclemencias del tiempo y los animales. Los únicos muros que caracterizaban el campo ibicenco eran los bancales de piedra seca que escalonaban el paisaje, sosteniendo el terreno para cultivar en las faldas de los montes, de forma que éstas, en lugar de emboscarse, permanecían completamente despejadas.

Las voluminosas y elevadas cercas que hoy rodean las villas y las hacen opacas al resto del mundo, cercenando la continuidad del paisaje, no existían en la Ibiza rural. En los tiempos preturísticos, de hecho, las fronteras entre fincas se mantenían casi en el terreno de la metafísica, excepto para el ojo avezado del propietario y los vecinos colindantes, que eran capaces de identificar las fites (mojones en forma de montículos de piedras), que establecían los límites.

Vivienda cercada en Platges de Comte. / X.P.

Vivienda cercada en Platges de Comte. / X.P.

La transformación

Con la llegada del turismo y la adquisición masiva de fincas y parcelas por parte de foráneos que comenzaron a establecer en la isla sus segundas residencias, el paisaje interior y costero sufrió una transformación drástica, pasando de mimetizarse con la naturaleza a entrar en pugna con ella. Tampoco había existido hasta entonces el concepto de urbanización, con calles y parcelas delimitadas, y las nuevas casas que se fueron construyendo los oriundos tampoco siguieron este ejemplo en las primeras décadas de la transformación. Para saber si una casa pertenecía a un foráneo bastaba con fijarse si tenía valla o carecía de ella.

Hoy, perderse por los entornos urbanizados de la costa de Porroig, es Jondal, es Cubells, Cala Llenya, Cala Mastella, Cala Vedella, Cap Martinet y tantos otros lugares significa transitar entre vallas, ya sean de piedra, vegetales, de hormigón y de cualquier otro material, siempre con una característica común: la nula transparencia. Hasta el extremo de que divisar el mar, pese a poder olerlo por la cercanía, constituye una quimera y sólo podemos intuirlo a ráfagas y entre las sombras.

El urbanismo feroz que ha devorado los paisajes costeros y muchos de interior tiene que ver en gran medida con las viviendas sobredimensionadas que se han permitido erigir en la isla, pero también con esos cercados no menos desmesurados que las envuelven y que tanto se alejan de la tradición urbanística isleña.

Falsa sensación de seguridad

Sería interesante disponer de un estudio que determinara el porcentaje de robos que se producen en el campo y la costa pitiusa dentro de casas valladas y en viviendas sin cerca. Probablemente descubriríamos que se registran tantos allanamientos en los hogares con este tipo de protección como en las que no la tienen, o tal vez incluso más. Hoy en día, la delincuencia profesionalizada que accede a propiedades ajenas en la isla no se frena ante las vallas y a menudo tampoco frente a las alarmas.

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