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Coses Nostres: Temporales en serie en un escenario incierto

El desplazamiento hacia el sur de una corriente de altitud y de un sistema de bajas presiones explica la intensidad y reiteración de las borrascas que han azotado Ibiza y Formentera

Temporal en la zona des Freus el sábado, 14 de febrero. / CAT

Temporal en la zona des Freus el sábado, 14 de febrero. / CAT

@territoriocat

Si hay alguien que aún se esté preguntando si podemos considerar normal la cadena de borrascas que han golpeado las islas desde enero, la respuesta rápida es que no, pero también un dictamen negativo tiene matices. Profundizando un poco más, existen, sobre todo, tres cuestiones que convierten en anómalo el tren de borrascas: el cambio de latitud del sistema de bajas presiones que lo han originado, la intensidad con la que ha llegado al Mediterráneo y el hecho de que todas las sucesivas borrascas son de gran impacto, por ello todas tienen nombre propio (desde el 6 de enero, Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils y Oriana han sido los protagonistas de la vida en las islas).

Estos factores deben explicarse con un poco más de detalle. Y quien mejor puede hacerlo es un meteorólogo. «Un tren de borrascas no es más que una sucesión de sistemas de baja presión que normalmente circulan por las latitudes medias de la Tierra, a una latitud más alta que la nuestra. Este año, sin embargo, este tren de borrascas se ha trasladado muy hacia el sur, mucho más abajo de aquello que suele ser su latitud habitual». Lo explicaba en el programa Nautilus, de IB3 ràdio, el meteorólogo Miquel Salamanca, de la misma cadena pública. Y añadía: «Estas borrascas vienen alimentadas por el contraste de temperatura entre el frío de las latitudes nórdicas y las cálidas de las latitudes medias de la Tierra, que es donde nosotros vivimos. Cuanto mayor es la diferencia de temperatura, más profunda y más intensa es la borrasca. Sus líneas frontales también son más activas y, sobre todo, los vientos en altura —este jet stream, del que últimamente los medios de comunicación también hablan bastante—, las arrastra y las conduce. El jet stream circula mucho más al sur de su latitud habitual y ha conducido las borrascas hasta aquí».

Los jet streams o corrientes en chorro son bandas de vientos muy rápidos que circulan en la atmósfera superior, como ríos que ejercen de fronteras entre masas frías y cálidas. Aunque en las últimas semanas oímos hablar del jet stream como si hubiera sólo uno, lo cierto es que hay principalmente cuatro, y diversas investigaciones han constatado ya que sus patrones están variando.

Y la pregunta inevitable es qué influencia pueden tener el cambio climático y su consecuente calentamiento global con estos cambios de latitud de la corriente en chorro y del sistema de bajas presiones. Pero la respuesta no es fácil. «Ahora mismo este es un tema de debate en el mundo de la meteorología —comenta Miquel Salamanca–. Lo que resulta más curioso es que, en los últimos años, el cambio en la circulación atmosférica no nos había llevado a esta situación, sino, precisamente, a situaciones contrarias; habíamos tenido unos inviernos muy suaves, extraordinariamente suaves. De hecho, eran unos inviernos muy poco activos, poco fríos, con unas calmas de enero muy acentuadas. Y este año ha habido una disrupción total de esta dinámica en la que habíamos entrado en los últimos cuatro o cinco años, en los que casi se nos había olvidado cómo era el invierno. Ahora, lo hemos recuperado de golpe». El meteorólogo de IB3 destaca que no podemos olvidar que, hoy en día, cualquier fenómeno atmosférico «ocurre en unas condiciones climáticas que no son las mismas que hace cincuenta o sesenta años. Cualquier cosa que pase, pasa en un mundo que es 1,2 grados más cálido que el mundo en el que vivieron nuestros abuelos». En este nuevo escenario, «falta saber en qué grado estas nuevas condiciones han favorecido que esto pase. Hacía muchos años que no teníamos un invierno así de activo; tendremos que ver si es un hecho puntual o si realmente es una nueva dinámica del tiempo».

La energía del mar

El clima del Mediterráneo es de natural variable, con grandes oscilaciones, lo que también debe tenerse en cuenta a la hora de analizar episodios como el tren de borrascas. A ello debe sumarse el aumento de la temperatura en este mar, porque «aporta una energía que a las tormentas les gusta mucho tener disponible».

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