Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Coses Nostres

Coses Nostres: Los calamares bala del Jurásico

Los fósiles de belemnites, habitantes de los mares de hace más de doscientos millones de años, son abundantes en rocas calizas de las Pitiusas

Recreación del posible aspecto de un belemnites.

Recreación del posible aspecto de un belemnites. / CAT

@territoriocat

Ibiza

No son tan famosos como los dinosaurios pero vivieron en la misma época —en un océano cálido dominado por grandes lagartos como los ictiosaurios— y también desaparecieron en la gran extinción del Cretácico-Terciario. Los belemnites, de hecho, formaban parte de la dieta de los ictiosaurios (en Mallorca se han encontrado restos de estos reptiles marinos que evolucionaron hasta cobrar el aspecto de delfines).

Fósil de belemnites. Las dos piezas suman algo más de diez centímetros. / CAT

Fósil de belemnites. Las dos piezas suman algo más de diez centímetros. / CAT

En Ibiza y Formentera, debido a su historia geológica y como tierra emergida, los fósiles de belemnites son muy abundantes en rocas sedimentarias de origen marino, en margas o calizas. Y suelen ir acompañados de otros fósiles, de ammonites, gasterópodos o erizos de mar. Lo que se conserva de los belemnites es principalmente el rostro (rostrum), la concha interna, que al estar formada de calcita ha fosilizado más fácilmente que las partes blandas del cefalópodo. Estos fósiles son inconfundibles por su aspecto de bala y, a menudo, son citados con el nombre de puntas de rayo porque, antes de conocer su origen, se popularizó la creencia de que se formaban cuando un rayo tocaba tierra.

Hay muy pocos ejemplares que hayan conservado las partes blandas, pero gracias a esas excepciones podemos conocer mucho mejor su aspecto. Los belemnites son un grupo extinto de coleoideos, lo que significa que son similares a los calamares y las sepias actuales. De hecho, las reconstrucciones que han podido hacerse de los belemnites a partir de sus restos fósiles recuerdan muchísimo a los calamares, aunque más largos y con algunas particularidades notorias.

Tal vez la más destacada es que en sus brazos no había ventosas sino una especie de espinas ganchudas. En realidad, no sabemos si todos los belemnoides disponían de ganchos, pero los excepcionales registros en los que han quedado impresas en la roca las partes blandas del animal muestran unos rotundos garfios (en el Museo Geominero de Madrid se conserva uno de estos ejemplares). Esta rareza la conservan, en la actualidad, tres calamares casi míticos, habitantes de las profundidades.

El primero de ellos es el calamar vampiro, que no es exactamente un calamar (y, desde luego, tampoco es un vampiro) sino el único superviviente del antiguo linaje Vampyroteuthidae. El segundo es el calamar de Humboldt (Dosidicus gigas). Y, el tercero, el calamar colosal (Mesonychoteuthis hamiltoni), tal vez la especie más grande de su grupo y que combina ventosas y garfios.

Además, los belemnites tenían diez brazos, en lugar de los ocho brazos y dos largos tentáculos de los que disponen los calamares modernos (solemos llamar tentáculos a todos los brazos, pero, técnicamente, sólo lo son los apéndices más largos y delgados, con ventosas en los extremos).

Los belemnites aparecieron en el Triásico superior, aunque se hicieron comunes en los períodos Jurásico y Cretácico. Conformaban, asimismo, un grupo muy diverso y se han descrito centenares de especies; en Ibiza, concretamente, varios expertos han identificado decenas de ellas sólo mediante la observación de sus esqueletos internos en forma de bala.

La aportación de Rangheard

La geología pitiusa le debe mucho al geólogo francés Yves Rangheard, que realizó su tesis sobre Ibiza y Formentera en los años 60 y realizó numerosas investigaciones en las islas. Todo un experto en fósiles del Cretácico y el Jurásico, fue capaz de identificar incluso la especie de algunos de los belemnites hallados en territorio pitiuso (aunque no ha sido el único). Rangheard, que murió el año pasado, donó su colección geológica al Consell y hoy puede contemplarse en la primera planta de la sede de la UIB, la antigua Comandancia Militar.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents