Memoria de la isla | Bes en la mitología fundacional de Ibiza
En la cultura semítica, fenicio-púnica, al fundar una ciudad era inexcusable sacralizar el lugar del asentamiento que se elegía para vivir, que así quedaba bajo la protección de dioses tutelares

Imagen de una exposición monográfica de terracotas del yacimiento de Es Culleram. / MOISÉS COPA
Fundar una ciudad en la cultura semítica, fenicio-púnica, era un acto menos extraño de lo que hoy puede parecernos porque es lo que en el 1235 hacen los catalanes al conquistar la isla, borran toda huella pagana y sustituyen la bellísima nomenclatura árabe –Xarc, Algarb, Benizamid, Albarca, Balàfia, etc- por el santoral que da nombre a los pueblos, Sant Joan, Sant Josep, Sant Antoni, Sant Llorenç, Santa Eulària, etc. En cierta manera, también repiten una forma de rito fundacional que tiene la misma finalidad, sacralizar el lugar que luego se habita. En la mitología fundacional de Ayboshim, el patrocinio de los dioses era determinante, pero nos deja preguntas que hasta ahora no han tenido respuesta.
No se entiende, por ejemplo, que nuestros ancestros púnicos dejaran en un segundo plano del panteón insular al poderoso Ba’al Hammon, Cronos para los griegos, Saturno para los romanos y divinidad principal de Cartago. Lo sustituyeron por Bes, un dios africano de segunda fila en Egipto, donde tuvo un papel tenebroso como vemos en el ‘Libro de los Muertos’ que lo identifica con Set, espíritu del Mal que, rodeado de serpientes, escorpiones y cocodrilos, suele aparecer a los pies del bueno de Horus, representación del Bien.
El caso es que, por motivos que desconocemos, Bes adquirió tal protagonismo en nuestra isla que le dio su nombre: Ayboshim, ‘Isla de Bes’. Sabemos que su presencia era acaparadora en lo cotidiano, una imagen que se repite acuñada en monedas y amuletos a pesar de ser más feo que Pício, un enano pateco, contrahecho, cabezón, malcarado, fargallón, rijoso, tripudo, grotesco, patizambo, emplumado y a tal punto estrafalario que en ocasiones cubre sus espaldas con una piel de leopardo, se encasqueta en la cabeza un penacho de plumas de avestruz y se presenta, con procaz exhibicionismo, con un descomunal carajo.
El hecho de darle el nombre de Bes a la ciudad y a la isla no era una decisión menor porque pasaba a identificarlas y decía muchas cosas de la vida que se hacía en ellas, en correspondencia con la naturaleza, las exigencias y el peculiar talante del dios, sin que su mala imagen nos haga olvidar que tuvo otros atributos que el personal apreciaba.
Visión de futuro de los ancestros
En cualquier caso, cabe pensar que nuestros ancestros púnicos tuvieron una clarividente visión de futuro, anticipándose con aquella lujuriosa imagen de la divinidad al desmadre que nos identifica hoy. Uno diría que seguimos bajo la tutela y festiva influencia de Bes. Sabemos que a Bes se le apreciaba y al mismo tiempo se le tenía miedo. Nada extraño cuando en muchas de sus representaciones aparece como un dios tarambana y no muy de fiar, con una imagen que no invita precisamente a la veneración ni al recogimiento. Casi siempre lo vemos desnudo, sin cuello, el rostro mofletudo, las narices aplastadas, abultadas las cejas, los pómulos prominentes, los ojos saltones, grandes las orejas, el torso poderoso, arqueadas las piernas, las manos en los muslos, levantando un pie como si ejecutara una orgiástica danza y, en ocasiones, con dos cuernos de chivo en la frente y una sarcástica mueca que uno sabe si es festiva o cruel. Sacándonos incluso la lengua, uno tiene la impresión de que se ríe de nosotros con descaro y que nos desafía con una maza.
Su mundo es el de los ritos dionisiacos, las bacantes y las bacanales, un universo turbio de silenos, íncubos, cabiros, sátiros y faunos. En los cultos de Bes, el sexo es sagrado y de aquí que tuviera rituales eróticos y aparezca con frecuencia junto a la diosa Hathor, diosa del amor. También suele aparecer representado, entre mujeres desnudas que tatuaban su imagen en sus muslos como vemos en las iconografías de Sacquara. Bes, en resumidas cuentas, era el dios del éxtasis, del paroxismo y la desinhibición, un dios furibundo que arrastraba a los fieles al frenesí. No cabe duda de que, libertario y transgresor, Bes se encontraría hoy en nuestra Ibiza como en su propia casa.
Relación con las serpientes
Al hablar de la importancia de Bes en la mitología fundacional de la ciudad y de la isla no podemos obviar su relación con las serpientes que tanto nos joroban. El hecho de que Bes aparezca con un ofidio en la mano nos hizo creer que nos protegía de las sierpes y que por él la tierra pitiusa era sagrada y refractaria a todo bicho reptante y ponzoñoso. Pues no señor. Parece que hicimos una lectura equivocada del mito y hay que darle la vuelta. Pasábamos por alto, incomprensiblemente, el singular currículo de Bes. En el panteón egipcio al que pertenece, los ofidios tenían carácter sagrado y un papel importante en el culto, de manera que la serpiente en manos de Bes no significaría que controla y rechaza las sierpes, sino todo lo contrario,la condición benefactora del ofidio.
Tampoco teníamos en cuenta que los griegos representan a Esculapio, el Asclepio latino, dios de la medicina, con una serpiente, con idéntico significado benefactor y de poder sobre las fuerzas ocultas. Y el mismo sentido positivo tiene el ofidio en el mundo romano. Castigada Roma por la peste el 291 aC., enviaron a Epidauro una embajada que regresó con una sierpe criada en el santuario de Asclepio que liberó a Roma del mórbido azote. En agradecimiento, los romanos dedicaron en la isla Tiberina un templo al dios y a la serpiente que practicaba toda clase de curaciones.
La señora del mar
En descargo de quienes lo entronizaron en la isla, cabe decir que en nuestro mítico panteón, aunque Bes fue elegido como divinidad tutelar, quedó enseguida a la sombra de Tinnit o Tanit, que a pie de calle tuvo una presencia mucho mayor como vemos en los miles de terracotas que aparecen en santuarios y necrópolis, cosa lógica en una isla cuando uno de los títulos de la diosa es ‘Señora del mar’. En otra ocasión hablaremos, precisamente, del importantísimo papel que tuvo Tanit en la mitología fundacional de Ayboshim.
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