Imaginario de Ibiza | El Parador de Ibiza desde la soledad de s’Illa Negre
Ahora que la apertura del nuevo establecimiento de la cadena hotelera pública es inminente, surgen varios interrogantes que pueden resumirse en uno: ¿será un ejemplo de proyección de la cultura ibicenca o seguirá el mismo proceso de gentrificación que azota la isla?

El Parador, en lo alto de Dalt Vila, viosto desde el mar. / X.P.
El lujo no depende de la riqueza, sino de la ausencia de vulgaridad
Pasé varios años de mi vida trabajando en Paradores de Turismo y, aunque en todas partes cuecen habas, tengo un recuerdo muy grato de aquella etapa y de las personas que gestionaban la compañía. Dicha empresa pública, que siempre ha incomodado a los hoteleros, que periódicamente abogan por su privatización, entonces proporcionaba importantes beneficios al erario público. La cadena siempre ha basado su razón de ser en llegar allí donde no lo hace el sector privado; es decir, recuperando edificios históricos que de otra manera probablemente se habrían venido abajo o estableciendo nuevos alojamientos en lugares donde apenas existe turismo, sembrando el germen de una nueva actividad económica.
Esta imagen del Castillo de Ibiza, inminente Parador de Turismo, fue tomada el pasado verano, navegando rumbo a Formentera, al paso por s’Illa Negra. Frente a la soledad que desprenden la roca desnuda y su baliza encarnada, instalada allí en 2004, justo el año en que se anunció la construcción del Parador –por impulso del ibicenco Antoni Costa, que unos meses antes había sido nombrado presidente de la entidad–, recuerdo cavilar en que dicho escollo ahora será parte del soberbio paisaje que disfrutarán los huéspedes del establecimiento, junto con la procesión de islotes que flanquean es Freus, la silueta de Formentera, la costa de Platja d’en Bossa, los primeros acantilados del Parque Natural de ses Salines y el puerto. En definitiva, una maravilla.
También recuerdo preguntarme cuándo abriría por fin sus puertas, pudiendo así los ibicencos, después de tantos años, pisar de nuevo un monumento emblemático de nuestra historia. La respuesta llegó hace unos días: se inaugurará el 23 de febrero, recibirá los primeros huéspedes el 10 de marzo y se establecerán diversas jornadas de puertas abiertas.
Una de las primeras lecciones que aprendí durante aquellos años en la cadena pública es que el verdadero lujo no se anuncia ni se pregona, y que es justamente lo contrario a la vulgaridad, tal y como sentenció la pionera francesa de la moda. En Paradores, al contrario de lo que se hace en Ibiza, se evitaba el concepto lujo como si fuera la peste, pienso que con el objetivo de que cualquier persona se sintiera bienvenida en sus hoteles, con independencia de si el coste de pasar una noche entre sus históricos muros representaba un esfuerzo o mera calderilla.
Ahora, al encontrarme esta foto mientras buscaba contenido para esta página del suplemento dominical, me pregunto si el parador se contagiará de esta peste ibicenca del lujo o si, por el contrario, ejercerá una influencia positiva, revitalizando la desértica parte alta de la ciudad amurallada y demostrando que el lujo no se enfatiza ni se comenta, sino que simplemente se tiene o no se tiene, y que va mucho más allá de la cuestión meramente económica.
Y me asaltan otras dudas: ¿Lo habrán llenado con la obra de artistas locales, poniendo en valor el arte autóctono, como solía hacerse en esta cadena pública? ¿Se han respetado adecuadamente todos los hallazgos arqueológicos? ¿Ofrecerá auténtica cocina local, evitando la gentrificación gastronómica que se extiende por la isla? ¿Se ofrecerán estancias a precios razonables como ocurre en los otros Paradores, aunque sea en temporada baja? Pronto tendremos respuesta a todos estos interrogantes.
Habitaciones para el personal
El Parador de Ibiza ocupa el Castillo y la Almudaina de Dalt Vila y ha requerido de una inversión de 47 millones. Su rehabilitación, que ha coordinado y financiado el organismo Turespaña, comenzó en 2008, aunque se vio interrumpida cuatro años más tarde a consecuencia de los importantes hallazgos arqueológicos detectados durante las obras y que obligaron a replantear todo el proyecto constructivo. Los trabajos se retomaron en 2019 y han culminado con cinco edificios que incluyen 66 habitaciones, aunque 25 de ellas serán ocupadas por parte de la plantilla, estimada en unas 60 personas. Esta solución supone un claro aviso a navegantes. Los hoteleros, por ejemplo, pueden tomar buena nota en lugar de quejarse tanto por la pérdida de empleados porque no encuentran vivienda. También tiene zona wellness, restaurante, cafetería, piscina exterior con solárium y diversos salones y espacios comunes.
(*) Cofundador de www.ibiza5sentidos.es, portal que recopila los rincones de la isla más auténticos, vinculados al pasado y la tradición de Ibiza
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