Coses Nostres: El árbol sagrado habitado de espíritus en Ibiza
A pesar de contar con un barrio que lleva su nombre y tres ejemplares protegidos como árboles singulares, las encinas no son representativas del paisaje pitiuso

La bellotera de Can Carreró, en la ‘venda’ de Benirràs. / CAT
Si los encinares (alzinars) son emblemáticos en Mallorca, especialmente en sa Serra de Tramuntana, son raros en Ibiza y Formentera, aunque estas islas atesoran algunos ejemplares de espectacular belleza. La diferencia entre islas la marca el relieve del paisaje, ya que, mientras Mallorca tiene unas montañas que retienen humedad y permiten suelos profundos para las encinas, las Pitiusas, con un relieve más plano, cuentan con suelos demasiado áridos que no favorecen el desarrollo de bosques más allá de los pinares y sabinares con matorral. No hay, así, esos densos bosques perennes de Mallorca, la Dehesa Extremeña o el País Vasco. Sin embargo, las encinas más o menos solitarias que existen —llamadas popularmente belloteres— son árboles de poderosa presencia que siempre llaman la atención.
Hay encinas en la carretera de Sant Rafel a Corona, en es Amunts, en Sant Miquel o en sa Cala. Y pueden destacarse tres ejemplares centenarios y que figuran en el catálogo de árboles singulares de Balears. La bellotera de Can Rita y la de Can Vicent des Torrent, muy conocidas porque su corteza ha sido tradicionalmente recogida para usos medicinales, se encuentran en Sant Francesc, en Formentera; en Ibiza, está incluida en la lista la bellotera de Can Carreró, en la venda de Benirràs. Este último ejemplar, cuyo tronco también revela un uso antiguo de su corteza, es el de la fotografía que acompaña estas líneas, que mide alrededor de siete metros de altura. Sus retorcidas ramas inferiores llegan a tocar el suelo y sostienen el entramado de una copa de veinte metros de diámetro. Este árbol parece tener tentáculos, como un animal que pudiera, en cualquier momento, comenzar a moverlos como un pulpo cósmico, soltar raíces y echar a andar. Hay individuos más grandes en la isla, pero ninguno tiene esta estructura singular. Hay asimismo, todo un barrio llamado Can Bellotera, pero debe su nombre a un bar y a una familia, no a la presencia de un encinar.
El nombre científico de la encina es Quercus ilex y, según puede leerse en la Enclopèdia d’Eivissa i Formentera, los ejemplares de las islas son de la subespecie ballota. Tal vez por ello las denominemos belloteres en lugar del término alzinar que sí usan los mallorquines. En el Herbari virtual del Mediterrani Occidental puede leerse que se diferencia de otras encinas porque «tiene las hojas más redondeadas, de color verde grisáceo por el haz y gris y con pocos nervios en el envés». En catalán también es conocida como alzina d’aglans dolços (aglans son las bellotas), y, en castellano, se conoce como carrasca.
Las encinas son, desde la antigüedad, árboles sagrados, protagonistas de múltiples leyendas celtas, romanas o vascas. En las encinas habitan espíritus y duendes del bosque y por ello, cuentan, pueden vivir más de un milenio. En tiempos de cambio climático, todo árbol debería ser sagrado. Sobre todo aquellos viejos árboles con mayor capacidad para absorber dióxido de carbono, refrescar el ambiente y resistir los temporales.
La resistencia al fuego
La encina es una especie muy resistente a los incendios forestales, adaptada evolutivamente para sobrevivir y regenerarse tras el paso del fuego en el ecosistema mediterráneo. Es lo que se denomina una pirófita pasiva, con una corteza capaz de proteger tejidos internos que permitirán al árbol rebrotar con fuerza tras quedar ennegrecido.
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