Imaginario de Ibiza
La mala perspectiva de es Vedrà es una quimera
La presencia de este islote piramidal e icónico es constante desde buena parte de la mitad sur del litoral ibicenco y también desde Formentera, y siempre impresiona. Incluso se avista desde la costa levantina, en los días claros.

Vista de es Vedrà y es Vedranell. / X.P.
Reconsideras tu vida conforme la vas viviendo, de la misma forma que si estuvieras escalando una montaña y continuamente vieras los mismos paisajes desde distintos puntos de vista (Doris Lessing).
En los diez años de rodadura que el mes que viene, por San Valentín, registrará este Imaginario de Ibiza, nos hemos asomado a es Vedrà, el islote más icónico de las Pitiusas, desde todas las perspectivas imaginables.
Hemos mirado a la piedra a los ojos gracias a la altura que proporciona s’Era des Mataret, también desde la cima del desfiladero situado en la retaguardia de la torre des Savinar, a ras de mar junto a la ribera de Cala d’Hort, a la sombra de los dólmenes de Cala Llentia, al abrigo de las oquedades que el viento y la lluvia han ido horadando en el marès de los acantilados de Cala Codolar, explorando los altiplanos de Cala Carbó, en el transcurso del ascenso a sa Talaia de Sant Josep cuando sus picos se asoman sobre un mar de pinos y hasta rodeándolo por mar para admirar cómo su silueta se alarga hacia poniente y pierde anchura para quedar configurada como una aguja de roca, allá donde se aposta el faro. Incluso nos hemos recreado en sus formas a vista de pájaro, en uno de esos días fabulosos en que el comandante de un vuelo regular decide regalarnos tan magnífica visión en vuelo rasante.
A lo largo de esta década revisitando Ibiza rincón a rincón, la omnipresencia de es Vedrà ha sido tan incontestable como inevitable. Y se mire desde donde se mire, no existe una mala perspectiva de él, en buena parte porque su intrincada orografía ha frenado cualquier ocurrencia urbanística, que ahora, al hallarse protegido a perpetuidad como reserva natural, ya no hace falta temer.
Reserva natural desde 2002
El islote forma parte de las Reservas Naturales des Vedrà, es Vedranell i els Illots de Ponent, que se estableció mediante un decreto balear en 2002. En esa fecha también se originó el Parque Natural de Cala d’Hort, Cap Llentrisca i sa Talaia, que abarcaba únicamente el ámbito terrestre y que fue eliminado un año después, en diciembre de 2003, por presión popular. La protección de los islotes, sin embargo, se mantuvo. Todos ellos albergan una riqueza biológica extraordinaria.
Desde el punto de vista geográfico, es Vedrà está más alejado de la costa de lo que podría parecer, lo que obliga a apreciar aún más su magnificencia. Se sitúa a casi dos kilómetros de distancia del punto a tierra más cercano, que es es Cap des Jueu, el mismo que sostiene la torre que Blasco Ibáñez bautizó como del pirata. La orilla de Cala d’Hort, que ofrece una de las mejores panorámicas del islote y de su hermano pequeño, es Vedranell, sin que ambas piedras se superpongan, se ubica incluso un kilómetro más lejos.
Un coloso
En todo caso, sus 62 hectáreas de superficie, abrazadas por un litoral de cuatro kilómetros, y esa altura que rivaliza con buena parte de los montes ibicencos, le confieren el volumen de un coloso que parece emerger del mar y que se avista desde la costa de poniente hasta el sur, conformando un espectacular horizonte desde la isla de Formentera y resultando también visible para los levantinos que se asoman hacia las Pitiusas cualquier día claro.
Es probable que su configuración piramidal haya contribuido a la leyenda que envuelve el islote, afectado por toda clase de esoterismos, impenetrabilidades y misterios. Fueron alimentados antaño por la horda hippie y su eco ha acabado alcanzando nuestros días, con el abono de las exageraciones, los embustes y las majaderías. Pero el impacto que provoca sobre quien no está acostumbrado a verlo con frecuencia resulta incontestable, tanto por su grandiosidad como por esa singular cima partida en dos, que la gente pitiusa denomina las crestas de es Vedrà, con sus dos picachos que apuntan al norte y al mediodía, y que tienen casi la misma altura (382 y 381 metros).
Es Vedrà, en definitiva, es algo único y el mayor símbolo de belleza natural que existe en las Pitiusas.
(*) Cofundador de www.ibiza5sentidos.es, portal que recopila los rincones de la isla más auténticos, vinculados al pasado y la tradición de Ibiza
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