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Dominical

Imaginario de Ibiza: una atalaya arruinada que por fin volverá a la vida

Tras décadas de abandono, la adquisición de la torre de vigilancia de Portinatx por parte del Consell Insular permitirá su restauración

El coste, sin embargo, asciende a más de 700.000 euros

Torre de Portinatx.

Torre de Portinatx. / X.P.

Xescu Prats @xescuprats *

Siempre he intentado vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda no deja de golpear sus muros y amenaza con tirarla abajo

Gustave Flaubert

De las siete torres de defensa costera que existen en Ibiza, impulsadas por la Corona española en el siglo XVIII, la de Portinatx lleva años siendo la más abandonada, pese a encontrarse en el entorno menos aislado. Asentada junto a un infame mamotreto hotelero de alto standing –hasta hace pocos años un complejo en ruinas, que, al menos atendiendo a la lógica, debería de haber acabado derribado–, presenta un estado lamentable, con varios sillares de marès caídos o carcomidos, parte de sus elementos ornamentales rotos y diversos grafitis ensuciando su fachada, además de otros desperfectos en el interior.

Las otras torres ibicencas se sitúan en parajes apabullantes desde el punto de vista de la naturaleza que los envuelve. La d'en Rovira, entre Comte y la Bassa, se abre a sa Conillera desde los acantilados bajos de la costa de poniente; la de d’en Valls se asoma a Tagomago, asentada sobre la cima de un precipicio de Sant Carles; ses Portes apunta al rosario de islotes de es Freus, en pleno Parque Natural de ses Salines; es Savinar, quizás la más impresionante, se asienta en es Cap des Jueu, acariciando es Vedrà y es Vedranell desde las alturas; la de Balansat se yergue sobre el Port de Sant Miquel y es islote de sa Ferradura, con es Cap Bernat de Benirràs como telón de fondo, y hasta la des Carregador, pese a la presencia cercana de la orilla exageradamente urbanizada de Platja d’en Bossa, exhibe la apacible ribera de la Xanga, con sus varaderos.

El falso lujo vip

La torre de Portinatx, por el contrario, hace ya mucho que quedó reducida a la mera condición de atalaya arruinada, junto a la entrada de una urbanización igualmente desolada. Ésta última, hace pocos años, fue transformada en un nuevo alojamiento que se vendió a la sociedad como la panacea del turismo en comunión con la naturaleza, pese a envilecer la costa de es Amunts con el falso lujo de los vips, incorporar pantalanes taladrados ilegalmente en los escollos de la costa, acometer vertidos ilegales y, sobre todo, sumar nuevas toneladas de hormigón a las existentes, que ya pecaban por exceso. Ni siquiera la promesa de recuperarla por parte de la empresa que regenta el lugar se cumplió, impidiendo que se le devolviera el esplendor y los ibicencos recuperáramos un elemento imprescindible de nuestro patrimonio histórico artístico.

Al final, ha sido el Consell quien ha decidido adquirirla, por la friolera de 700.000 euros, que pasan a engordar la fortuna de la familia que hizo posible el desastre urbanístico que ha acabado ocupando e incrementando el hotel actual. La compra, por cierto, se ha financiado en su mayor parte con el Impuesto de Turismo Sostenible, que ahora aprovechan los mismos que antaño renegaban de él como si fuera a traer consigo el apocalipsis. Algo menos de la mitad, sin embargo, corre a cargo de los impuestos que pagamos todos los ibicencos. Es decir, que lo que iba a arreglar el lujoso establecimiento, al final ha tenido que salir del bolsillo del ciudadano.

El cambio de titularidad sí servirá para recuperar un monumento que se cae a pedazos y que el Consell ya ha anunciado que será restaurado y acondicionado. El coste de la obra es realmente discreto, tan sólo 38.000 euros, lo que obliga a preguntarnos por qué se ha esperado tanto a acometerlo. Al menos, dentro de poco, podremos volver a conducir hasta Portinatx y pasear hasta la torre sin que nos caiga la cara de vergüenza por su estado. Lo que siga ocurriendo a su lado, sin embargo, ya es otro cantar.

Construida en 1763

La torre de Portinatx se sitúa 45 metros sobre el nivel del mar en la punta del mismo nombre y se terminó de construir en 1763, según proyecto del ingeniero Juan Ballester de Zafra. Su estructura es similar a las de es Savinar y Balansat, y a la de es Cap de Barbaria, en Formentera. Aunque contó con torreros hasta el siglo siguiente, que vigilaban el desembarco de enemigos por la parte norte de la isla, nunca dispuso de piezas de artillería en la plataforma superior.

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