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Memoria de la isla

Los mitos fundacionales de Ibiza

«En el mito, en tanto que metáfora, está el poder del hombre para crear sentido en la adversidad y frente a la falta de significado de la realidad». Albert Camus en 'El mito de Sísifo'.

Cueva de es Culleram en 2015.

Cueva de es Culleram en 2015. / Joan Costa

Miguel Ángel González

Ibiza

Ibiza y Formentera navegan el tiempo alumbradas por dos poderosas mitologías que las sitúan en la Historia. En el origen tenemos los mitos fundacionales de Ayboshim y en nuestros días una nueva mitología que puede pasarnos desapercibida por falta de perspectiva, pero que se verá en su día como una verdadera refundación que, después de tiempos oscuros y un olvido de siglos, ha resituado a nuestras islas en el mapa. En su momento hablaremos de esta mitología contemporánea que ha visto las Pitiusas como una Arcadia fuera del tiempo, como un escenario de prodigios y verdadero Mito. Esta nueva mitología, sin embargo, lejos de crearse con héroes legendarios y dioses que han muerto en un presente secularizado, está protagonizada por personajes reales y relevantes, como caídos del cielo, que fueron llegando a las islas en tres sucesivas oleadas. La primera, entre finales del siglo XIX y los años 70 del siglo pasado, fue la de esporádicos viajeros, caso del Archiduque de Austria, el biólogo Albert-Louis Damiens y el arqueólogo S. Schulten y, en tiempos más próximos a nosotros, Walter Benjamín, Cioram, Camus, Haussann y tantos otros, todos ellos deslumbrados por la singular idiosincrasia de las islas en las que creyeron encontrar una Arcadia perdida.

A partir de los años sesenta, una segunda oleada la conformó una ilustrada y creativa tribu de escritores, fotógrafos, pintores, poetas, arquitectos, científicos, cineastas, místicos y artesanos, que también buscaban en nuestras islas su particular Utopía. Su llegada a la isla supuso una formidable 'movida' artística y cultural que, sin embargo, duró poco. La tercera oleada llegó en los setenta, pero con otro rostro y otro sentido. Fue la de los alucinados efebos que llamamos hippies, flower children, ‘hijos de las flores’ o melenudos, -peluts para nosotros-, que, sin que nos diéramos siquiera cuenta, volvieron a colocar en el mapa a nuestras islas que pasaron a convertirse en el Mito que son hoy. Pero no nos adelantemos. Volvamos al principio, a los tiempos originarios en los que tenemos atisbos de la mitología fundacional a la que aquí nos asomamos.

¿Por qué situar el santuario tan escondido y alejado en un extremo de la isla?

El principal problema que plantean los mitos fundacionales de los primeros poblamientos fenicio-púnicos de Ayboshim es la dispersión de su narrativa que no corresponde a un único relato. Lo que tenemos es un puzle de muchos relatos sobre los enigmas y prodigios del origen que, por fortuna, nos han dejado vestigios que, podamos o no descifrarlos, tuvieron un sentido trascendente, revelador y sagrado. Se trata de toda una narrativa que responde a creencias, vivencias, tradiciones y rememoraciones que nos hacen retroceder más de cuatro mil años, pongo por caso, al sepulcro megalítico de Ca Na Costa (Formentera), que todavía retiene no pocos enigmas. Su compleja estructura nos desafía con el simbolismo de su estricta geometría circular, alegoría tal vez del disco solar que nace y muere como la misma vida; con un corredor orientado a poniente, dirección en la que el sol y la vida se van; con 24 grandes lajas verticales encastradas en disposición simétrica y radial en todo su perímetro como contrafuertes, -uno piensa en las horas del día-, y con sus 7 ortostatos interiores y verticales que crean la cámara sepulcral, número críptico y mágico en muchas culturas por su asociación con lo sagrado y la sabiduría oculta, puente entre lo divino y lo terrenal al combinar el 3 (cielo) con el 4 (tierra), un guarismo recurrente en la religión y la mitología. Del 7 dijo Hipócrates (460 aC) que «por sus virtudes ocultas influye en los seres como dispensador de vida y fuente de todos los cambios. Incluso la Luna cambia de fase cada siete días».

Santuario de Tanit

Un segundo relato de nuestra mitología arcana nos lleva al santuario fenicio-púnico de es Culleram, dedicado sobre todo a la diosa Tanit, pero que entre otros enigmas plantea el de su insólita ubicación, oculto en la ladera boscosa de una colina, un lugar de difícil acceso del NW de la isla y muy alejado de los primeros asentamientos, el que fue temporal en sa Caleta y el definitivo en el Puig de Vila. Los estudios de Mª Eugenia Aubet advierten que la cronología que aporta el material extraído da como fecha más alta los finales del siglo V, lo que no significa que la cueva no se utilizara mucho antes, posiblemente consagrada a otras divinidades, caso del dios Reshef-Melqart.

Y el enigma subsiste: ¿Por qué situar el santuario tan escondido y alejado en un extremo de la isla que en aquel entonces no tenía caminos, de manera que los peregrinos tenían que acceder a él por mar o campo a través? Una hipótesis que parece admisible -me permito fantasear- es que una primera vanguardia colonizadora pudo alcanzar por casualidad la isla en aquellas costas del NW insular, motivo sobrado para que, agradeciendo a los dioses la ventura de llegar a la isla, consideraran sagrado el lugar y crearan allí un primer lugar de culto; y sólo después, establecidos en el enclave más estratégico y acogedor del Puig de Vila, pudieron crear santuarios en el entorno de la ciudad, caso del s’Illa Plana, Puig d’en Valls y en el mismo vértice de la ciudad, dado que la consagración del lugar era una exigencia del acto fundacional. En el vértice de la colina, lugar elevado que facilitaba las hierofanías, el contacto con la divinidad, tuvo que existir un lugar de culto que tendría continuidad con una mezquita durante la dominación árabe y con la catedral en nuestros días.

Bajo la protección de Tanit y Bes

Con aquel acto fundacional la ciudad quedaba bajo la protección tutelar de las divinidades tutelares, Tanit y Bes; una consagración del lugar que no se limitaba al betilo, pilastra sagrada y piedra basal, sino que se manifestaba incluso en el nombre que la misma fundación generaba, dado que la ciudad existía a partir del momento en que se le daba nombre. También en el Génesis las cosas emergen de la nada al nombrarlas. Así nació YBSHM, ‘Isla de Bes’, nombre que con sus derivados, Ebusus y Yabisah, se ha preservado en EIVISSA.

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