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Imaginario de Ibiza

Imaginario de Ibiza | Parque Natural sólo en el invierno

Las vacaciones de Navidad constituyen la mejor época para vivir ses Salines, es Cavallet y los estanques salineros como lo que siempre deberían ser: un área protegida y cuidada por el inmenso valor de su patrimonio natural, en vez de otro enclave saturado durante la temporada turística

Playa de es Cavallet en invierno. / X.P.

Playa de es Cavallet en invierno. / X.P.

Xescu Prats

Xescu Prats

Los veranos vuelan siempre… los inviernos caminan (Charles M. Schulz).

Esta cita, pronunciada por el creador de la famosa tira cómica ‘Peanuts’, que protagonizaban Charlie Brown y Snoopy, y que se mantuvo durante medio siglo en la prensa norteamericana, alberga una sabiduría extrapolable a cualquier otro rincón del mundo, incluida Ibiza. Paradójicamente, los veranos, que se caracterizan por esos días largos, hay quien dice que eternos, en realidad transcurren en un santiamén. En invierno, por el contrario, aunque anochezca en un suspiro, nos embarga cierta sensación de apacibilidad; de que el tiempo se muestra más generoso y fecundo.

En nuestra tierra dichas impresiones van mucho más allá de los ciclos, el clima y las estaciones. En Ibiza, a consecuencia del frenesí de la actividad turística, que nos proporciona al mismo tiempo sustento y angustia, vivimos los veranos con una celeridad ineludible, bien sea por el estrés laboral en el caso de aquellos que forman parte de la industria hostelera, o por el hecho de que las horas se nos escurren entre los dedos como arena por el colapso de calles y carreteras.

Raro es el ibicenco que, salvo por obligación profesional, tiene la ocurrencia de ir a tomar el sol y darse un baño a alguna de las más extensas y supuestamente paradisíacas orillas de la isla, dado que son las más henchidas de humanidad. Los preciosos arenales situados en el interior del único parque natural que tenemos, el de ses Salines, constituyen un ejemplo paradigmático de es este fenómeno y tratar de aproximarse a ellas, salvo al despuntar el alba, constituye un ejercicio de puro masoquismo.

El Parque Natural de ses Salines, más allá de su nomenclatura, sólo ejerce como tal en invierno y muy especialmente en esta época navideña, cuando los ibicencos disponemos de algo más de tiempo libre para perdernos por sus rincones, durante esos maravillosos días soleados en que transitamos del año viejo al nuevo. No existe mejor prólogo que aproximarse al muelle de sa Canal y su pintoresco núcleo urbano, para después atravesar la playa de Migjorn, a ser posible con los pies descalzos, sobre la posidonia mullida ya acumulada en la orilla por los temporales, sin necesidad de sortear el excesivo mobiliario de los beach clubs, el puzzle de toallas de los bañistas y la legión de vendedores ambulantes. Todo ello inédito para un parque natural, que sólo en Ibiza se concibe de tal manera.

Lo que nos queda

Luego, cuando la costa se vuele rocosa, cabe enfilar hacia la torre de ses Portes y aprovechar para admirar el paisaje escalonado legado por los canteros que extraían sillares de marès para dar forma a las esquinas de los baluartes de las murallas de la capital, hace casi 500 años. Y después tomarse un tiempo para escudriñar la sucesión de islotes del paso de es Freus, que aquí se alinean con sus faros, y también el perfil de Formentera.

La ruta por las entrañas de este parque natural ahora casi vacío continúa cruzando la orilla de es Cavallet, con sus fondos atigrados de arena y posidonia, y acabar gozando la puesta de sol sobre los estanques y los últimos rayos de luz rebotando en los cantos rodados y húmedos de la orilla de es Codolar. E incluso, si el tiempo o la noche no apremian, se puede tomar un último desvío hacia la Xanga, con sus tradicionales varaderos, las ruinas del viejo muelle y de la antigua plaza empedrada de la sal y la torre des Carregador, sobre la loma que separa esta orilla rústica de la urbanizada Platja d’en Bossa, mucho más allá de los límites geográficos y románticos del parque. El entorno de ses Salines, en definitiva, hay que vivirlo en este tiempo navideño. Al ibicenco, es lo que nos queda.

Los estanques de ses Salines conforman el mayor humedal de las Pitiusas, con 400 hectáreas de superficie, y componen un ejemplo de biodiversidad mediterránea. También concentran la que fuera industria más destacada de la isla desde la antigüedad hasta la irrupción del turismo, a mediados del siglo pasado, y un valioso ejemplo de producción ininterrumpida de sal durante más de 2.000 años.

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