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Historia

La Ibiza de los años 20 en siete películas familiares

Los descendientes del capitán Rafael García Ledesma, destinado a la guerra de Marruecos, y su esposa, Pepita Sorá Boned, conservan la abundante correspondencia que la pareja mantuvo entre 1923 y 1930, como se cuenta en el libro ‘Quiero charlar un rato contigo’, pero además guardan otro pequeño tesoro: siete películas que ellos mismos rodaron con su «maquinita de cine».

La Eivissa de los años 20, rescatada en siete películas familiares

Sergio G. Cañizares

José Miguel L. Romero

José Miguel L. Romero

Ibiza

De la relación entre el capitán Rafael García Ledesma y Pepita Sorá Boned ha quedado para la posteridad la nutrida correspondencia (compuesta por medio millar de cartas) que se enviaron entre 1923 y 1930 y que da cuenta de sus vicisitudes diarias tanto en el Protectorado de Marruecos, donde él, en plena guerra, fue enviado en 1923, como en Ibiza, donde, mientras tanto, ella cuidó de su prole. El libro ‘Quiero charlar un rato contigo’, del autor que firma este reportaje y recién publicado por Balàfia Postals, recoge el contenido de esas íntimas misivas, por las que adivinamos, gracias a las palabras, cómo eran y se comportaban tanto esa pareja como otros miembros de la familia.

Pero los nietos de Rafael y Pepita (como Juan Manuel de las Heras y Rafael García Vila) heredaron, además, otro tesoro que nos permite ir más allá y conocer, por ejemplo, que Rosario, la hermana de Rafael, era muy risueña y una virtuosa pianista, y que tanto Rafael y Manolín, los hijos de Pepita, eran unos trastos. Lo sabemos gracias a que aún conservan siete películas rodadas (probablemente todas por Rafael García) en aquella época, además de dos breves filmes de dibujos animados que, seguramente, servían de divertimento familiar.

Rescatadas en formato digital, no se encuentran en muy buen estado, pero permiten hacerse una idea de la personalidad de cada uno de ellos y de cómo era Ibiza hace un siglo, por ejemplo sa Cova de ses Dones, el Castillo y las fincas de los suburbios de Vila, incluso el interior de las viviendas de algunas de las familias más ricas de la ciudad de Ibiza, lo que no es fácil porque se conservan pocas películas de aquellos años.

Rosario García Ledesma con sus padres, Manuel  y Rosario.  6.  Pepita, las dos sirvientas y Falele en Ceuta.

Rosario García Ledesma con sus padres, Manuel y Rosario. 6. Pepita, las dos sirvientas y Falele en Ceuta. / ARCHIVO FAMILIAR

La familia en Ceuta

Rafael rodó decenas de películas, buena parte de ellas en Marruecos, pero, desgraciadamente, casi todas (probablemente decenas) se perdieron. Sólo quedan siete, pero son un tesoro. En una de ellas, de apenas 52 segundos de duración, aparecen Pepita, el pequeño Rafael (entonces un bebé que da sus primeros pasos ante la cámara, como se ve al final de la cinta) y las dos sirvientas que la familia llevó consigo a Ceuta en 1924. A estas dos últimas se las ve en la primera escena, después de unas imágenes en las que la cámara capta el puerto y lo que se intuye que es el monte fortificado Hacho. Una, la mayor, es Catalina Costa Riera, nacida el 1 de agosto de 1871 en Formentera. La otra, que lleva un delantal blanco con bordados, es la joven Francisca Ribas Tur, nacida en Sant Josep en 1906. Ambas habían estado empleadas en la casa de los padres de Pepita, Gabriel Sorá Palau y Vicenta Boned Prats, en el número 19 de la calle Amadeo de la Marina.

Tras la panorámica de Ceuta, Pepita y las sirvientas caminan hacia la cámara, con Falele (que era como cariñosamente llamaban al pequeño Rafael), cogido de un brazo por su madre y del otro por Francisca, modosa, retraída, un modo de ser que también se intuye en las fotografías. Se supone que Rafael rueda esta escena.

Pepita, que porta un pequeño bolso en cada mano, va de riguroso luto, incluso con sombrero, velo y guantes negros. El motivo es la reciente muerte del hermano de Rafael, el teniente de Infantería José García Ledesma, fallecido el 30 de septiembre de 1924 en combate en el Rif, donde recibió un disparo en la frente cuando estaba al mando de una posición que protegía el paso de convoyes desde el Zoco el Arbaa (de Beni Hassan, al sur de Tetuán) hasta Taranes. Su muerte se produce en el transcurso de la operación destinada a abrir el corredor entre Tetuán y Xauen. Para establecer ese canal de transporte seguro, desde mediados y hasta finales de septiembre se suceden los combates para liberar las plazas intermedias, entre ellas la del Zoco el Arbaa. Casualmente, justo el día en que un tiro acaba con la vida de José García Ledesma, queda abierta aquella ruta, un terreno endiabladamente complicado en el que hay que sortear cerros y barrancos hasta descender al valle del río Lau.

Pepita y su hija.

Pepita y su hija en Can Beia. / ARCHIVO FAMILIAR

La segunda película que conserva la familia dura 56 segundos. Es una secuencia en la que Pepita lleva en brazos a su hija recién nacida, Pepitina (a la que dio a luz el 10 de febrero de 1929 en Ibiza), en la finca de Can Beia, propiedad de sus padres, mientras Falele y Manolín aparecen detrás, jugando. En algunos momentos se ve a una joven. Rafael graba estas imágenes antes de partir a Motril, harto ya de de vagar de destino en destino y con la firme idea de encontrar la manera de quedarse definitivamente con su familia, cueste lo que cueste.

Pepita camina en ese filme por un sendero flanqueado por dos muros y bajo la sombra de la alameda de la finca de Can Beia, situada en lo que actualmente es la plaza Antoni Albert i Nieto. De repente, Pepita alza el brazo, coge una hoja y se la enseña a su hija, que lleva un vestido fresquito y a la que colma de besos y carantoñas.

En sa Cova de ses Dones

La tercera película dura apenas 41 segundos y fue rodada en sa Cova de ses Dones durante una berenada familiar. Falele (de nueve años), que no para de moverse y se dirige hablando al cámara, su padre seguramente, lleva un bocadillo en la mano que es mucho más grande que el de su hermana Pepita. También es protagonista Vicenta Boned, madre de Pepita, que al final sostiene a Pepitina (que entonces tiene unos tres años) en brazos mientras Pepita hace lo propio con Carlos, que apenas tiene unos meses de vida (nació el 4 noviembre de 1932). Manolín (tenía en esa época siete años) sale apenas un segundo al final. De las orejas de Pepita cuelgan unos llamativos pendientes.

La familia en sa Cova des Dones.

La familia en sa Cova des Dones. / ARCHIVO FAMILIAR

Sa Cova de ses Dones, que se encuentra en la costa del Puig des Molins, entre ses Puntes y es pas Estret, era un lugar donde las mujeres se bañaban o adonde acudían en compañía de sus hijos en aquella época, en la que existía una segregación por sexos para acceder a la playa: los hombres iban a un sitio, las mujeres a otro. Pepita cuenta en una carta enviada a Rafael el 8 de julio de 1927 que acababa de dar un paseo vespertino hasta «el sitio para bañarse las mujeres» de ses Figueretes (sa Cova de ses Dones), donde cenaron «un trozo de tortilla, unas croquetas, seso y salmonetes fritos con salsa de tomates y pimientos, y para postre, fruta». Por entonces, en las playas había un severo reglamento de decoro: «Anteayer fuimos a las Figueretas pero, como salimos tarde, sólo fue ir y volver enseguida, sin sentarnos. Ahora ya no se puede bajar a la playa, pues los hombres se bañan, así es que sólo fuimos por el caminito del monte, y otra vez a casita, que con esto tuve para cansarme. Les gustó mucho ver el mar y Falele quería bajar para tirar piedrecitas al agua, pero como era tarde, yo no lo quise. Otro día los llevaremos y bajaremos a donde se bañan las mujeres». Donde ella va con los críos no hay hombres ni tienen que pasar cerca de su playa, especifica: «Vamos por el caminito que hay a media ladera del monte de Los Molinos y bajamos al sitio destinado para bañarse las mujeres; (...) en el mismo camino por donde se baja a una y otra playa, hay dos guardias municipales para no dejar que nadie falte al respeto ni a la moral. Por donde vamos nosotras hay otras señoras y, al atardecer, cuando vamos, ya no es hora de bañarse las mujeres; viene papá [Gabriel Sorá] y cena con nosotros, regresando después acompañadas por él».

Rosario se abanica y ríe.

Rosario se abanica y ríe. / ARCHIVO FAMILIAR

La cuarta película, de 48 segundos, tiene como protagonistas a Rosario Ledesma Saldaña, Manuel García Cuyar y Rosario, hija de ambos y hermana de Rafael. Rosario se muestra en todo momento feliz y sonriente. Se abanica y se parte de risa frente al cámara, que probablemente fuera su hermano. Su madre, con un medallón en el pecho, también se abanica, sonríe y habla a la cámara, pero estamos en la época del cine mudo y nos quedamos con las (enormes) ganas de escuchar sus voces. Manuel García, que fue coronel, lleva pajarita y mostacho (que se lo atusa) y levanta un brazo para señalar algo. Su mujer llega entonces, le baja el brazo, le besa y le ayuda a levantarse. Por entonces, Manuel estaba delicado de salud. En la penúltima escena, Rosario toca el piano con destreza y, cómo no, ríe. Siempre sonríe. Hay una partitura frente a ella y un paño cubre la parte superior del piano de pared. En la última escena, Manuel y su mujer salen al balcón. Detrás se adivinan las montañas de Cas Mut.

El salón de casa.

El salón de la casa de Rosario García Ledesma y su marido Ignacio Riquer Wallis. / ARCHIVO FAMILIAR

La quinta película, de un minuto y 10 segundos de duración, tiene como escenario el amplio salón de la casa de Rosario García Ledesma y su marido Ignacio Riquer Wallis. Rosario guía a una criada (vestida de payesa) para que sirva un vaso de agua a Ignacio, sentado frente a una pequeña mesa redonda y vestido con una especie de batín ligero. El salón está lleno de muebles de madera, entre ellos varias sillas y un escritorio sobre el que hay un crucifijo. En la última escena aparecen, sentados en el sofá, Rosario e Ignacio, este gesticulando, haciendo extrañas muecas y poniendo los ojos bizcos o guiñándolos. Debía ser una pareja muy divertida.

La sexta película (59 segundos) empieza con imágenes captadas desde el Castillo. Se aprecian (más bien se adivinan, pues la película está muy velada y desgastada) la bahía de Ibiza, la Marina, la avenida de Santa Eulària, el parque de la Paz, el paseo de Vara de Rey y ses Feixes. Luego empieza una secuencia más nítida tomada en el mismo Castillo: aparece corriendo hacia abajo Manuel Sorá, hermano de Pepita, que va al encuentro de Falele y Manolín, que suben por el camino con una mujer, posiblemente la madre de Manuel. En el siguiente plano, los niños salen de una estancia de un edificio. Falele va al frente volando un aeroplano. Le siguen Manolín arrastrando un caballito de ruedas; la pequeña Delita, a la que lleva de la mano su madre, Delia Torres Graziani (esposa de Manuel Sorá, con el que se casó en noviembre de 1929), y detrás, bajando por las escaleras, Gabriel (también hijo de Delia y Manuel), que empuja un carro pagès en miniatura.

Falele y Manolín con un aeroplano y un caballito.

Falele y Manolín con un aeroplano y un caballito. / ARCHIVO FAMILIAR

Aquel aeroplano que vuela Falele es el que su padre les prometió cuando aún estaba destinado en Motril y ansiaba regresar a Ibiza: «Diles a Manolín, Falele y la nena preciosa [Pepitina] que, si son buenos, los Reyes de Motril les llevarán los aeroplanos», escribe el 16 de noviembre de 1929. «Tengo pensado comprarles en Granada a los nenes los juguetes de Reyes, no faltando los aeroplanos, pues siempre habrá más variedad y mejor calidad; según vea, obraré», anuncia el 14 de diciembre de ese año, poco antes de partir a Ibiza.

De instrucción

La última, muy quemada (es casi imposible distinguir dónde fue tomada), son 54 segundos de instrucción militar dirigida por un oficial mientras un soldado maneja un fusil, también posiblemente grabada por Rafael.

El colofón son dos películas de dibujos animados (una de 50 y otra de 53 segundos), posible divertimento de la familia en ratos de ocio, con un guion muy sencillo. La primera es de dos presos que acaban a golpes. Termina con una frase a modo de moraleja: «Alguien lo dijo ya: de la discusión nace la luz… y los mogicones (sic)». El mojicón es un golpe que se da en la cara con la mano, lo que todos conocemos como cachete, torta o sopapo. En la otra, también de argumento primitivo, un niño se sube a un árbol para robar fruta, un perro le persigue y el gato Félix (aún con rasgos por pulir) acaba salvándole. Cien años nos contemplan desde los siete minutos y 15 segundos que conservan estas nueve pequeñas cápsulas del tiempo.

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