Dominical
Imaginario de Ibiza: El Aljub des Coll des Jondal, fuente de vida y conocimiento
Encallado en el esquinazo de un cercado de vides, mirando de frente a los conductores que suben hacia Sant Josep, aguarda este aljibe encalado. La casa a la que proporciona servicio acogía al maestro que formó a buena parte de los niños de los alrededores y hasta de Sant Jordi.

Pie de fotopie de foto. / X.P.
La educación es lo que sobrevive cuando lo que se ha enseñado se olvida (B. F. Skinner).
Hubo un tiempo en que en los inviernos ibicencos el agua brotaba por todas partes. Como herencia de ese pasado, nos quedan las azacayas, fuentes, albercas y molinos de es Broll de Buscastell, en es Amunts; los del Torrent des Berris, en Sant Josep, o los situados en el curso de la desembocadura del río de Santa Eulària. También la ingeniería árabe de ses Feixes des Pratet y tantos otros pozos, norias, aljibes y demás patrimonio hídrico disperso por el conjunto de la isla, que ejemplarizan hasta qué punto el agua dulce se aprovechaba con inteligencia y sostenibilidad, al contrario que en el presente.
La sobrepoblación residencial y turística de las últimas décadas ha provocado la explotación masiva del agua subterránea, hasta el extremo de que hoy buena parte de los pozos se encuentran secos o salinizados y, aunque se sigue danzando alrededor de algunos de ellos una vez al año, ya no forman parte de nuestra vida cotidiana. En aquel pasado no existía agua corriente en los hogares y los ibicencos tenían que aprovisionarse en dichos manantiales, llenando barricas y garrafas, que cargaban y trajinaban en carros tirados por mulos y yeguas. Así acontecía cuando se vaciaban las cisternas que almacenaban el agua de lluvia que caía sobre los tejados.
De todo este patrimonio hídrico nos queda la rústica belleza de su arquitectura e ingeniería artesanas, herencia de aquellos musulmanes medievales que fueron capaces de transformar múltiples áreas isleñas en vergeles. Sus técnicas constructivas pasaron de generación en generación y continuaron alumbrando nuevas infraestructuras a lo largo de los siglos, que se fueron renovando hasta el boom turístico de mediados del siglo pasado.
Una de estas fuentes de vida recientes y más presentes en nuestro día a día, por su particular ubicación, es el Aljub des Coll des Jondal. Al estar separado de la carretera que une Eivissa ciudad con Sant Josep no más de dos o tres metros, su visibilidad es absoluta, destacando además por su particular ubicación, en la esquina de un cercado de vides junto a la casa del mismo nombre. El resultado es que el aljibe mira de frente a los conductores que suben hacia sa Talaia, quedando a su derecha, poco después del hito que indica el kilómetro 6. El contraste de la cal que blanquea la capilla que conforma su estructura, con el tono pardo de la piedra muerta que sostiene los dos muros que lo flanquean, constituye un poderoso estímulo que despista fácilmente al conductor no acostumbrado al paisaje.
El maestro Pep
La cisterna, que recoge el agua caída del cielo, fue construida poco antes que la carretera, que se puso en marcha en el año 1900 con grava de Benimussa y se terminó alrededor de 1910. En dicha casa, sin embargo, existían dos manantiales: éste de agua y otro de conocimiento, ya que en ella residía la familia des Coll des Jondal. Uno de ellos, Pep, fue maestro y en el porxo de su hogar impartía letra, aritmética y otras materias a los niños y niñas del entorno, que se sentaban por separado en sendos grupos, uno a cada lado de la estancia, como mandaban los cánones. Así lo recuerda Esperança Torres, de Can Jordi, que afirma que de él aprendió todo lo que sabe y que a sus clases asistían niños hasta de Sant Jordi. Ella comenzó a recibirlas en 1944, cuando tenía sólo cuatro años. Eran tiempos de posguerra y el maestro también acudía al colmado bar que regentaba su familia para ayudar a los vecinos a cumplimentar las cartillas de racionamiento.
En Ibiza no hay pozo, fuente o aljibe que no encierre una gran historia.
Bien de Interés Cultural
El Aljub des Coll des Jondal fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2001, quedando protegido frente a las obras de ampliación de la carretera de Eivissa a Sant Josep. A diferencia de tantos otros monumentos relacionados con el agua que se han ido perdiendo a lo largo de la historia, o que incluso hoy en día se encuentran sumamente deteriorados, esta cisterna y su capilla se hallan en buen estado de conservación.
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