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Dominical

Coses Nostres: Los caprichos marinos de los dioses

El encaje de Neptuno es un animal-musgo que mantiene colonias espectaculares en fondos de aguas limpias de Ibiza y Formentera

Colonias de encaje de Venus fotografiadas en ses Bledes. / CAT

Colonias de encaje de Venus fotografiadas en ses Bledes. / CAT

@territoriocat

Bryozoa es una palabra griega que significa ‘animales musgo’ y que da nombre a toda una serie de organismos coloniales de aspecto sorprendente que prosperan en aguas limpias, filtrándola para alimentarse de los microscópicos organismos que viajan en ella. En los fondos marinos de Ibiza y Formentera pueden encontrarse destacados representantes de este grupo de raros animales y, entre los más conocidos —un gran indicador de aguas en buen estado—, hay que citar el encaje de Venus o de Neptuno. En catalán es conocido como puntes de Neptú, y recibe estas denominaciones, obviamente, por el aspecto de las estructuras que conforma la colonia, entre una patata Ruffles y una delicada labor de bolillo que se expande creando ondulaciones como las chorreras de una camisa corsaria. El hecho de que tenga nombres comunes en castellano y catalán ya indica que es una especie conocida, dentro del desconocimiento general del grupo de los briozoos, y teniendo en cuenta, además, que no se trata de un animal presente a poca profundidad, sino que hay que descender al menos hasta 15 metros para poder verlo.

En las Pitiusas existen algunas zonas privilegiadas donde estas colonias de frágiles y ondulantes encajes de Neptuno, asociadas a los coloridos paisajes del coralígeno, destacan por su cantidad, su aspecto saludable y su belleza. Son zonas rocosas y umbrías y, en el pequeño archipiélago de ses Bledes, incluso existe un túnel, a unos 25 metros de profundidad, que los buceadores conocen como el túnel del encaje de Venus porque sus paredes están cubiertas de espléndidas colonias. No es, sin embargo, una localización habitual en las inmersiones en ses Bledes y eso es fundamental para garantizar su integridad, dado que, debido a su fragilidad, las aletas de los buceadores representan uno de los principales impactos que sufre la especie. Entre sus posibles amenazas también pueden citarse el calentamiento global y los cambios en la salinidad del mar.

Reteporella grimaldii –el nombre científico de la especie— está citada en todo el Mediterráneo y algunas zonas adyacentes del Atlántico. Y su historia taxonómica ha sido similar a la de otros organismos mediterráneos, es decir, con los años se han unificado especies en una sola pero con distintas variedades, una simplificación que es de agradecer. Y de la diversificación inicial ha conservado el nombre de Sertella septentrionalis como sinónimo (vale la pena citarlo porque aún aparece para identificar la especie en algunos manuales relativamente recientes).

En la colonia conviven zooides —de un tamaño de medio milímetro— machos y hembras, y de la fecundación que se produce en la estructura surgirán larvas microscópicas dotadas de cilios que iniciaran su vida formando parte del plancton, flotando libremente en la columna de agua, arrastradas por las corrientes, dispuestas a colonizar nuevos territorios.

Relación con la arena

Si se observan los restos de organismos que conforman las arenas de las playas pitiusas pueden encontrarse pedazos muy pequeños de los esqueletos calcáreos de briozoos como el encaje de Venus; sus estructuras son inconfundibles. Este organismo, además de vivir en fondos rocosos, también prospera asociado a las praderas de posidonia más profundas, así que puede llegar a las orillas de las playas con los arribazones de la planta.

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