Coses Nostres | Un coral para Mad Max
A más de quince metros de profundidad, en algunas zonas de Ibiza como ses Bledes, puede encontrarse un octocoral endémico del Mediterráneo llamado clavularia común

Clavularia fotografiada en la reserva marina de ses Bledes. / CAT
El Mediterráneo no es un mar de grandes arrecifes coralinos porque los corales que generan un esqueleto de carbonato cálcico y son capaces de crear grandes estructuras son escasos y los existentes (como la madrépora mediterránea) están en regresión por culpa del calentamiento global. Incluso las especies de profundidad que debían formar esplendorosos arrecifes en el Pleistoceno —y así lo indican los restos fósiles– son rarezas. Sin embargo, sí existen toda una serie de hermosos e importantes corales blandos que pueden verse a menos de 50 metros de profundidad y entre los que suelen incluirse las famosas gorgonias (con un esqueleto interno del material conocido como gorgonina) y toda una serie de especies menos célebres y que suelen pasar algo más desapercibidas como la clavularia común (Clavularia crassa).
Los pólipos de clavularia son muy pequeños, de apenas un centímetro, así que su tamaño es una de las primeras características que explica que esta especie pase inadvertida, aunque puede crear colonias de más de cien individuos. Quizás no te has fijado nunca en ella hasta que, un día, te llama la atención, a 15 metros de profundidad, una esponja roja llena de pólipos como minúsculas flores de tonos crema y blanco, semitranslúcidas, con los pies de color anaranjado. Los tentáculos, transparentes, están armados de una serie de espínulas (pequeñas espinas) que dan un curioso contrapunto a su hermoso aspecto. Recuerdan —haciendo gala de una gran capacidad comparativa— a elementos defensivos como los que pudieran adherirse a las ruedas de un carro de combate. De hecho, el nombre del género, Clavularia, procede del latín clavula, que significa pincho o clavo. En realidad, la estructura de estos tentáculos está pensada para que sean más eficientes a la hora de atrapar las partículas en suspensión y el plancton que, en buena medida, les sirven de alimento; también las algas con las que viven en simbiosis les proporcionan azúcares y nutrientes.
La clasificación de los octocorales es un tema tan espinoso como los pólipos de Clavularia crassa. De la misma manera que es complicada su identificación. Entre la década de los 70 y los años 80, el científico Steven Weinberg llevó a cabo una concienzuda revisión de las especies circalitorales de octocorales mediterráneos y las reunificó, considerando que las variaciones descritas en algunas poblaciones no eran suficientes para dividirlas en especies. Y describió una nueva a partir de un ejemplar hallado en Cabo Negro, Marruecos, a la que denominó Clavularia carpediem. Actualmente, la mayoría de las referencias a estos complicados octocorales usan Clavularia crassa y C. carpediem como sinónimos de una misma especie, y a menudo se usa únicamente la referencia Clavularia sp para no crear confusiones.
En cualquier caso, estos corales blandos (del grupo de los estoliníferos) forman parte de un hermoso grupo de animales con aspecto de flor que sufren enormes presiones en el Mediterráneo; efectos colaterales de la pesca, contaminación y calentamiento global se combinan y podrían provocar la desaparición de colonias enteras antes de que lleguemos a conocer bien su biología y su distribución.
Carpe diem
El curioso nombre de la especie Clavularia carpediem se debe a la circunstancia de que el investigador que la descubrió, Steven Weinberg, lo hizo durante sus vacaciones, así que le hizo gracia bautizarla con la expresión latina que significa vive al día o aprovecha el día.
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