Dominical
Gastronomía de guerra: Costillas con tomate estilo verano
Sólo hay que darle una vuelta a esta receta tradicional para convertirla en un plato de verano

Las costillas con tomate, servidas con cuscús y aceitunas / M. T.

Que haga calor no significa que haya que renunciar a platos con los que cuando no cae fuego del cielo nos chupamos los dedos. Como las costillas de cerdo con tomate. Son, de hecho, ideales para el verano y están deliciosas servidas frías. Cogerlas con las manos, mordisquear la carne arrastrando bien la más pegadita al hueso y, tras devolver éste pelado y mondado al plato, chuparse los dedos, pringados de salsa de tomate intensa, muy reducida. Se pueden comer tal cual, aderezadas con unas aceitunas y un poco de cebolla bien finita cortada al momento, pero son también un recurso fantástico para acompañar arroz, cuscús, quinoa o unas legumbres. En modo ensalada. De hecho, cundirán más. Imprescindible, eso sí, tener a mano un buen pan. Para mojar.
Ingredientes (para 2 raciones):
-600 gramos de costillas de cerdo troceadas (5,19€)
-1 cebolleta (0,4€)
-3 ajos (0,2€)
-1 vaso de vino (0,31€)
-1 kilo de tomate maduro (1,85€)
-Aceitunas verdes (0,55€)
-sal y pimienta
-aceite de oliva
Precio: 8,5€ (4,25€ por ración, menos si se añade arroz, pasta o legumbres)
Preparación
—Salpimentar las costillas y dorarlas en aceite de oliva. Retirar y reservar.
—En ese mismo aceite, a fuego lento, pochar el ajo y la cebolla hasta que esta última esté caramelizada.
—Añadir entonces las costillas y mojar con el vino, dejar hasta que notemos en la nariz que se ha evaporado el alcohol.

Costillas con tomate de verano / M. T.
—Añadir entonces el tomate, rallado o triturado, y dejar cocer hasta que se haya reducido, entre 20 y 30 minutos.
—Dejar atemperar y reservar en la nevera hasta el momento de servir, frío, con unas aceitunas verdes y un poco de cebolla cortada muy fina por encima. Y un chorrito de aceite de oliva en crudo.
El toque gourmet
Sofreír, junto a la cebolla, unos pimientos del piquillo cortaditos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Imaginario de Ibiza | El esplendor de Porroig tiene fecha de caducidad
- Coses Nostres | Una pata que rompe las reglas en ses Salines de Ibiza
- La mirada de Joan Costa | La montaña maldita
- Memoria de la isla | Éramos pequeños, pero no tontos
- Història: L’evolució de les Feixes del prat
- Imaginario de Ibiza | Pou de Benimussa, un manantial en un mar de hierba
- Imaginario de Ibiza | La fugacidad de un campo de amapolas camino a Sant Agustí
- Memoria de la isla | Memorias del paladar: ‘ses pegellides’